El grupo de investigadores analizó 30 informes publicados con anterioridad y comprobaron lo que creían. El ejercicio físico tiene efectos positivos sobre la salud cerebral de las personas mayores de 50 años.
Aseguraron que 150 minutos de actividad física moderada a la semana (caminar o andar en bicicleta) o 75 minutos de actividad intensa (correr o jugar al fútbol) son efectivos para detener el paso del tiempo en la memoria.
Asimismo, investigadores de la Universidad British Columbia (Canadá) afirmaron que practicar deportes aeróbicos como caminar, correr o nadar aumenta el tamaño del hipocampo, el área del cerebro que se encarga de la memoria verbal y del aprendizaje.
Por eso recomendaron 150 minutos de actividad física moderada a la semana. El ejercicio tiene resultados positivos sobre la salud en general: mejora el estado de ánimo, disminuye el estrés y la ansiedad, factores que impiden el funcionamiento de la memoria.
El cerebro funciona de una manera similar a un músculo y, por lo tanto, hay que ejercitarlo. La Clínica Mayo recomienda salir de lo común, para que el cerebro no se acomode. Hay que hacer pequeños cambios en la rutina como hacer un camino diferente para llegar al trabajo, aprender un nuevo idioma o llevar a cabo un trabajo voluntario. Esto favorecerá la memoria y la incrementará.
Estar bien descansado también es un factor fundamental para la buena salud de la memoria. Un estudio realizado por el departamento de Biopsicología de la Universidad de Zurich (Suiza) afirmó que el tiempo que pasamos en la cama permite asentar los eventos importantes que ocurren a lo largo del día y pasarlos a la memoria a largo plazo.
La alimentación también es clave para cuidar el cerebro. Los alimentos ricos en ácidos grasos Omega 3 como el salmón y el atún, las nueces, el aceite de lino y la soja ayudan a mantener el cerebro en forma.
Las verdura verdes, como el brócoli o las espinacas son ricas en vitamina A, vitaminas del grupo B y antioxidantes, que ayudan al buen funcionamiento de la memoria.
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Los frutos secos son fuente de omega 3 y son ricos en fósforo, magnesio, vitamina E y vitaminas del grupo B. Éstos ayudan a la salud cerebrovascular, por lo que mantienen un correcto aporte sanguíneo al cerebro. Además, los frutos secos son ricos en antioxidantes como los polifenoles, que retrasan el envejecimiento de las neuronas al actuar contra los radicales libres que generan estrés oxidativo.
Los frutos rojos son ricos en vitamina C, ácido fólico, minerales y antioxidantes que ayudan a mantener una buena memoria. Los flavonoides y los polifenoles son antioxidantes que mejoran las funciones cognitivas y combaten contra la oxidación celular. Tienen un efecto antiinflamatorio y retrasan las enfermedades degenerativas.
Por otro lado, los alimentos integrales contienen ácido fólico y vitamina B6 que son buenos para la salud del cerebro. Además, mejoran la concentración y el rendimiento, y combaten el estrés.