El peor ejemplo de la estrategia que fracasó en 2016 fue el interesante proyecto de Ley de Empleo Joven: la opinión pública se enteró de su existencia el día en que el peronismo lo rechazó en el Congreso tildándolo de "flexibilización encubierta". Como si alguien pudiera imaginar que las Pymes puedan tomar jóvenes sin experiencia sin algún tipo de flexibilización y rebaja de costos laborales. Un proyecto tan loable no contaba con el apoyo de la opinión pública simplemente porque nadie salió a decir que existía y mucho menos a comunicar sus beneficios para la economía, para combatir la criminalidad juvenil y la droga y las ventajas que traería a la sociedad en su conjunto.
Peronismo es populismo: ningún legislador se le anima a un proyecto que cuenta con el entusiasmo de sus bases.
Otro mal ejemplo lo dio el ministro de Hacienda, Nicolás Dujovne, cuando en conferencia de prensa, en febrero, admitió que están estudiando una reforma tributaria importante, "pero la vamos a mostrar después de las elecciones, porque sería difícil sacarla por el Congreso en un año electoral". Una pena, porque miles de argentinos que blanquearon fortunas están esperando noticias de ese rubro para entusiasmarse.
Por eso detrás de lo que muchos analistas ven sólo como un cambio de estilo que busca polarizar políticamente con el kirchnerismo para recuperar votos, hay otro cambio mucho más relevante.
Los mejores ejemplos que prueban que el gobierno aprendió y puede comunicar efectivamente fueron el desembarco de las líneas aéreas 'low cost' y el Plan Maestro para mejorar la educación.
Explicando que las 'low cost' permitirán que accedan a volar a argentinos de clase media baja, tal como lo hacen los brasileños y chilenos, milagrosamente evitó que los gremios desempolvaran el discurso nacionalista que hizo de Aerolíneas una vaca sagrada.
La presentación del Plan Maestro de reforma educativa por Macri y el ministro Esteban Bullrich, en medio del conflicto con los sindicatos docentes bonaerenses, fue una excelente estrategia no sólo para señalar a los gremialistas como partícipes necesarios de la tragedia educativa argentina. También sirvió para recordarle a la opinión pública que el gobierno tiene planes muy valiosos para cambiar la Argentina en temas clave. Nunca es tarde.