El estudio se realizó durante 6 meses en el que se evaluó semanalmente el peso corporal, la ingesta calórica y la presión sanguínea de las ratas. Durante los 3 primeros meses, los animales recibieron una dieta rica en sacarosa (DRS) y la fuente grasa fue el aceite de maíz. En los 3 meses siguientes, la mitad de las ratas siguieron con la DRS y, en la otra mitad, el aceite de maíz fue reemplazado por semilla de chía.
Las investigaciones fueron financiadas por la UNL y por la Agencia Nacional de Promoción Científica y Tecnológica (ANPCYT). Lombardo dijo: “En los estudios participaron investigadores de CONICET y numerosos becarios doctorales y post-doctorales de esta Institución, así como docentes-investigadores del Departamento de Ciencias Biológicas”.
“Es importante destacar que si bien el consumo histórico de la chía sugiere que su uso no sería perjudicial para personas no alérgicas, los resultados obtenidos a nivel experimental requieren precaución y no pueden trasladarse de forma inmediata a la clínica, especialmente teniendo en cuenta los pocos estudios publicados hasta el presente a nivel humano y las cantidades de semilla de chía utilizadas”, advirtió Lombardo.
Y agregó: “En la actualidad investigaciones realizadas en el Departamento de Ciencias de la Nutrición de la Facultad de Medicina de la Universidad de Toronto, Canadá, y de la Facultad de Medicina de la Universidad de Zagreb, Croacia demostraron en estudios a doble ciego en pacientes obesos diabéticos tipo2 que la suplementación dietaria de semilla de chía durante seis meses a la terapia convencional, promovió la disminución del peso corporal, redujo la circunferencia de cintura y los niveles de proteína C reactiva, manteniendo un buen control glucémico, mejorando los factores de riesgo relacionados con la obesidad. Estas investigaciones refieren a las potencialidades de la chía”.
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Las semillas de chía contienen proteínas, fibra dietética, antioxidantes y son buenas fuentes de hierro, calcio y potasio. También son ricas en magnesio, fósforo, manganeso y zinc.
Al consumir estas semillas, las personas se sienten más llenas, ya que absorben 10 veces su peso en agua y forman un gel voluminoso que es el que produce la sensación de saciedad.
La chía es originaria del centro y sur de México, Guatemala y Nicaragua. Sus propiedades son numerosas y se destaca frente a otros alimentos. Tiene 2 veces más proteína que cualquier semilla, 5 veces más calcio que la leche entera, 2 veces la cantidad de potasio en los plátanos, 3 veces más antioxidantes que los arándanos, 3 veces más hierro que las espinacas y 7 veces más omega 3 que el salmón.
Las semillas de chía disminuyen la presión arterial y los niveles de colesterol. La fibra, muy presente en estas semillas, ayuda a regular el sistema inmune y la inflamación y, en consecuencia, disminuir el riesgo de enfermedad cardiovascular, diabetes, cáncer y obesidad.
Las dietas altas en fibra se relacionan con un menor riesgo de desarrollar diabetes. Por lo tanto, consumir alimentos altos en fibra mantiene los niveles de azúcar en la sangre estables. También evitan el estreñimiento y promueven la regularidad intestinal de un sistema digestivo saludable.