Jorge Mario Bergoglio dijo que «el diablo tiene dos armas muy poderosas para destruir a la Iglesia: las divisiones y el dinero», un concepto que había expresado hace pocos días en la audiencia que concedió a los obispos que participaron en un seminario que se llevó a cabo en Roma organizado por la Congregación para la Evangelización de los Pueblos (Propaganda Fide). Esto, dijo el Papa, según lo que indicó la Radio Vaticana, ha sucedido desde el inicio: «Divisiones ideológicas, teológicas, que laceraban a la Iglesia. El diablo siembra celos, ambiciones, ideas, ¡pero para dividir! O siembra codicia». y, como sucede tras una guerra, «todo está destruido. Y el diablo se va contento. Y nosotros, ingenuos, seguimos su juego. La de las divisiones es una guerra sucia – repitió una vez más el Papa –, es como un terrorismo», como el terrorismo de los chismes en las comunidades, el de la lengua que mata, «arroja la bomba, destruye y yo permanezco».
«Y las divisiones en la Iglesia no dejan que el Reino de Dios crezca, no dejan que el Señor se haga ver bien, como Él es. Las divisiones hacen que se vea esta parte, esta otra parte en contra ésta y contra de… ¡Siempre contra! No hay aceite de la unidad, el bálsamo de la unidad. Pero el diablo va más allá, no sólo en la comunidad cristiana, va precisamente a la raíz de la unidad cristiana. Y esto es lo que sucede aquí, en la ciudad de Corinto, a los corintios. Pablo los reprende —explicó Bergoglio— porque las divisiones llegan justamente, precisamente a la raíz de la unidad, es decir, a la celebración eucarística». (...)".
Pero hay más ejemplos de la argentinidad permanente de Francisco.
Andrea Tornielli, también en Vatican Insider, relató:
"(...) El documento de los obispos de la región de Buenos Aires fue enviado al clero a principios de septiembre y está escrito en forma de carta que ofrece a los sacerdotes algunos criterios en relación con el octavo capítulo de la Exhortación y, en particular, sobre el posible acceso a los sacramentos para divorciados que hayan contraído una nueva unión. Antes que nada, se afirma que no conviene «hablar de «permisos» para acceder a los sacramentos, sino de un proceso de discernimiento acompañado por un pastor». Un camino en el que el pastor «debería acentuar el anuncio fundamental, el kerygma, que estimule o renueve el encuentro personal con Jesucristo vivo». Para este «acompañamiento pastoral» se necesita que el sacerdote demuestre «el rostro materno de la Iglesia», exige «la caridad pastoral del sacerdote que acoge al penitente, lo escucha atentamente y le muestra el rostro materno de la Iglesia, a la vez que acepta su recta intención y su buen propósito de colocar la vida entera a la luz del Evangelio y de practicar la caridad». (...)".
De inmediato Francisco no sólo lo tuvo sobre su mesa sino que lo leyó:
"(...) El 5 de septiembre llegó la respuesta del Papa, que felicitó a los obispos por su trabajo: «un verdadero ejemplo de acompañamiento a los sacerdotes». Y después, la frase clave: el texto de los obispos de la región de Buenos Aires «El escrito es muy bueno y explícita cabalmente el sentido del capítulo VIII de “Amoris laetitia” No hay otras interpretaciones. Y estoy seguro de que hará mucho bien». Con respecto al «camino de acogida, acompañamiento, discernimiento e integración», Francisco escribió: « Sabemos que esto es fatigoso, se trata de una pastoral “cuerpo a cuerpo” no satisfecha con mediaciones programáticas, organizativas o legales, si bien necesarias»."