Casi en simultáneo, la Red Intercable, que nuclea a 230 pymes con presencia en 580 localidades de 21 provincias argentinas, que prestan servicios de televisión e internet a más de 600.000 hogares, adquirió a largo plazo 144 Megahertz de capacidad en Arsat II, lo que le permitirá "resistir los procesos de concentración y que tengan alta competitividad fundamentalmente por el rol de las pymes cooperativas complementarias a las grandes empresas de telecomunicaciones, porque están dando servicio en las zonas menos pobladas del país".
El monto del contrato se enmarca en los cuadros tarifarios generados por esta gestión en ARSAT, y los 144 Megahertz representan el 15% de la capacidad del satélite en la banda Ku.
Asimismo, América Móvil (Claro) le adquirió 144 MHz y 52 MHz de ancho de banda.
Con estas contrataciones, el Arsat 2, que pisa toda América, de Alaska a Tierra del Fuego, cubrió el 30% de su capacidad mientras gestionaba en Estados Unidos (en Canadá ya lo había conseguido) el landing rights, que es una autorización para ofrecer ancho de banda de la señal, tanto para exportar como para importar programación. Con la obtención de este nuevo derecho de aterrizaje, el satélite Arsat-2 ya puede salir a vender sus servicios legalmente en Argentina, Chile, Canadá y Estados Unidos.
No es fácil porque compite con jugadores de la talla de Verizon, Vodafone, AT&T, Telefónica, Deutsche Telekom e Intelsat, originada en la NASA y fusionada en 2006 con su mayor competidora privada, PanAmSat, para formar una firma que factura US$ 7.000 millones al año. ARSAT le había alquilado G-28, lo mismo que otros satélites, para dar servicio a algunos clientes, intermediación que tenía por objetivo ir fidelizando usuarios a futuro del Arsat 2 y 3, como Telefónica, INTV Televisión Satelital y Claro.
Como se le estaba complicando la situación con los franceses Thales Spectrum y Arianespace por postergar la construcción del Arsat 3, negoció que lo ayuden a la búsqueda de créditos internacionales.
Por Thales Spectrum International trata con el titular, que es el empresario lobbista Jorge Neuss, a la vez accionista mayoritario de la filial argentina dedicada a menesteres aeroespaciales, de defensa, seguridad y transporte, que preside Juan Carlos Cassagne. Todos procesados por el acuerdo firmado con el Gobierno de Carlos Menem en 1997, mediante el cual le concedían por el plazo de 15 años la administración, gestión y control del espacio radioeléctrico.
Thales Spectrum de Argentina S.A. cobraría cánones por el uso de ese espacio que utilizan radios, canales de televisión y compañías de telefonía móvil. La concesión fue anulada por el presidente Néstor Kirchner en 2004. A la compañía francesa, ahora agente financiera además de contratista de Arsat, le imputan sobornos por US$ 25 millones girados desde Suiza, una licitación irregular en Argentina que le permitió una rentabilidad neta superior al 150 % y un perjuicio al erario público de más de US$ 320 millones.
La familia Neuss, conocida por la gaseosa que fabricaba, es dueña de Edersa, eran socios de Mindlin en TGS y merodearon Metrogás antes que YPF cerrara el trato con British Gas.
Génesis K
ARSAT fue concebida cuando Néstor Kirchner era presidente con la decisión estratégica de desarrollar una industria tecnológica de alto valor agregado, con un rol como mayorista de telecomunicaciones, que pueda apalancar a las pymes del sector y que tenga la misión de llevar Internet y televisión a todos lados, incluso a quienes no puedan pagar el servicio.
La empresa de telecomunicaciones del Estado tenía previsto el lanzamiento del Arsat-3 para el último trimestre del 2019, pero el conjunto de ese proyecto continúa plenamente frenado.
Es que las nuevas autoridades de Arsat que asumieron en diciembre 2015 expresaron en todo momento que para concretar la fabricación del 3er. satélite geoestacionario argentino “se busca la mejor manera de financiación”, ya que no pueden hacerlo ni con fondos del Estado Nacional, ni remotamente con presupuesto propio.
Tal situación de búsqueda de fondos no tuvo ningún avance en el 1er. semestre del 2016. "Se está buscando financiamiento externo, pero eso no significa que vamos a privatizar la empresa", expresó el presidente de ARSAT, De Loredo, a un matutino porteño.
Uno de los frenos que hay acerca de una eventual privatización consiste en que es que en noviembre del año pasado el Congreso sancionó la Ley 27.208 de Desarrollo de la Industria Satelital, que la estableció como política de Estado y aprobó el Plan Satelital Geoestacionario Argentino 2015-2035. Este programa estipula que en los próximos 20 años se construyan al menos 8 satélites para uso propio o para terceros.
Además, la normativa declara que se requerirá el voto de dos tercios del Congreso Nacional para la venta de activos estratégicos que el Estado tiene en ARSAT.
El otro inconveniente es que ya hay firmados contratos con empresas privadas.