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Confidencial: Acerca del divorcio de María Eugenia y Ramiro

María Eugenia Vidal nació en Flore, Ciudad de Buenos Aires, el 08/09/1973, estudió Ciencias Políticas en la Universidad Católica Argentina, especializándose en Relaciones Internacionales. Él participó en la Fundación Crecer y Crecer, y en el Grupo Sophia, un think tank fundado por Horacio Rodríguez Larreta, su puerta de acceso a lo que luego se llamó PRO. Hoy día es gobernadora de la Provincia de Buenos Aires, luego de haber sido vicejefa de Gobierno porteña, y es una de las dos personas políticas más populares del país, superando a Mauricio Macri. Hay dos libros en circulación con la biografía de Vidal. Uno es “La Gobernadora - La biografía de María Eugenia Vidal - PJ bonaerense, narcos y policía: la mujer que puede cambiar la Argentina” (Editorial Sudamericana), y el otro es “La Otra Hechicera - Historia oculta y política de María Eugenia Vidal, la mujer que derrotó a los barones del conurbano” (Margen Izquierdo), de Ezequiel Spillman. De esta obra se reproduce el capítulo “El fin: Vidal y su separación”, que aborda su divorcio del alcalde de Morón y quien fue compañero de facultad, Ramiro Tagliaferro.

por EZEQUIEL SPILLMAN

-Ramiro, ¿estás ahí? ¿Dónde estás?

-Estoy acá en Morón con los muchachos, ¿Pasó algo?

-No, no, ya está.

La voz de María Eugenia Vidal se había elevado. Lo llamó, intempestivamente, a su marido. Le habían llegado rumores sobre el paradero de Ramiro Tagliaferro: Un supuesto caso de inseguridad. Pero también le llegaba otro tipo de versiones alocadas, a las que nunca prestó atención, aunque formaban parte de un desgaste cotidiano. La escena no fue aislada.

El último tramo de la campaña bonaerense, en especial tras las primarias y cuando comenzaba a visualizarse nítidamente que era factible que Vidal le arrebataba la provincia de Bs. As. al PJ, los mensajes, rumores y amenazas se hicieron moneda corriente. Llegó un punto en el que hasta intentaron tomarse con gracia los nombres de los supuestos amantes de ambos.

Sin embargo, la angustia fue el factor predominante para la familia Vidal-Tagliaferro por esos días. El Gobierno y, según creen en el PRO, la ex SIDE, trabajaban noche y día para gastar a la candidata a gobernadora. “La pasé realmente mal, pero jamás se me ocurrió renunciar a la candidatura”, confiaría ella, meses después.

Vidal comenzó a cuidarse mucho más. Se bajó Telegram, el sistema de chat que permite borrar por completo conversaciones, y abandono durante largo tiempo el WhatsApp y el Black-Berry Messenger. “Me dijeron que tenía el teléfono pinchado y que me estaban siguiendo”, repetía entre sus asesores.

Los rumores sobre supuestos “carpetazos” estaban a la orden del día. Que había contratos irregulares con consultoras de opinión pública, que había amantes, que había episodios de corrupción. Una estrategia coordinada.

Él y Ella

No fue la historia de hadas de los cuentos. Pero eso hubiera querido Vidal. Ramiro fue, sin dudas, el hombre más importante de su vida. Fue el tercer novio que presentó formalmente a sus padres pero, sobre todo, a quien eligió para tener hijos. Entre sus sueños, antes de alejarse de él, estaba dejar la política a cierta edad y dedicarse a criar a sus nietos, cuidar de sus hijos y pasar la vejez con él. Era un anhelo.

Se divertían. Pero también peleaban fuerte. En general, no gritaban pero se dejaban de hablar por largo tiempo. Una de las primeras peleas que tuvieron, a los pocos meses de comenzar a estar de novios, lo puso a Ramiro contra la pared y le permitió, en parte al menos, empezar a entender como era su futura mujer.

Discutieron por un tema menor pero él se fue de boca y, en el momento, el no dio marcha atrás. Ella, enojada, dejó de hablarle. Él, orgulloso, pasó cuatro días sin verla ni hablarle. Salió con sus amigos y pensó que sería un enojo pasajero.

Una amiga de ella, que prefirió el anonimato, lo avivó. Vio que la situación era compleja y lo agarró de la mano a Ramiro.

-Escúchame, ¿vos todavía no la conocés a Mariu?

-No sé, hace unos meses que estamos saliendo…

-No, me doy cuenta que no la conocés del todo bien.

-¿Por qué lo decís?

-Porque una vez que baja persiana, no la levanta más. Y vos estás haciendo todos los méritos, te diría que ya está bajando la persiana. Después, si la baja, no volvés nunca más, boludo. Me parece que tenés que fijarte porque está demasiado baja.

Se arreglaron a las pocas horas. Pero la marca quedó presente y es una forma de ser de Vidal a lo largo de su vida. Le cuesta mucho remontar con una persona que le cayó mal de entrada o que, por algún motivo, no le cae bien o tuvo algún cruce.

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No eran una pareja discutidora. No eran de agredirse con escaladas de gritos. Evitaban los cruces delante de los chicos. Cuando él estaba enojado o quería hacerle chiste le decía “Vidal”, era su marca registrada: Usar el apellido. También ella era “coshi”; y él también era “coshi”. Así se tuvieron agendados en sus teléfonos celulares.

No eran muy románticos. Festejaban, como todos: Una buena cena, una película en el cine pero nada de grandes ceremonias ni cumple-mes. Cada tanto, él le compraba flores, un clásico que no pereció nunca. También las flores a modo de disculpas, otro clásico masculino.

Durante años el desayuno en la cama fue el clásico del Día de la Madre y del Padre, respectivamente.

En 2013, aun siendo vicejefa de gobierno, se le ocurrió un regalo especial para el cumpleaños de él. Lo llamo a Maximiliana Sahonero, el dirigente social y de la juventud que trabajaba con ella.

-¿No me haces un pasacalle para Ramiro?

Sahonero reunió a tres amigos y fueron, sigilosamente, en el auto cerca de las once de la noche del 16 de julio desde Lugano hasta Castelar. Cruzaron toda la Capital hacia el oeste del conurbano en plena noche. Lo colgaron, no sin dificultad, para que al otro día el pasacalle reluciera: “Feliz cumpleaños, Rama, te queremos Mariu y los chicos”.

El comienzo del fin

Durante muchos años la pareja había convenido en dejar la política fuera de las cuestiones cotidianas, las simples. De política se hablaba, claro, pero afuera. Estaban organizados: había momentos para los hijos, con agendas sincronizadas entre los trabajos de ambos. La agenda temática incluía tratar determinados temas en ciertos ámbitos, los dos solos.

Para el 2013, esto comenzó lentamente a complicarse. Ya el cambio de ella como vicejefa, y las nuevas responsabilidades que supuesto, no lo hizo nada sencillo. Habían quedado atrás esos momentos; salvo los días de vacaciones (que eran pocos), quizás en Puerto Madryn, les dejaban lugar para relajarse.

Las charlas se fueron acotando progresivamente. Empezaron a darse en lugares insólitos: en la camioneta oficial que trasladaba a ella, en la cola del colegio, en cualquier lado. Personal, político. El tema que fuera.

“Les fue difícil encontrarse, el tiempo físico siempre fue un insumo para ellos, como el oxígenos. No era una pareja que funcionara a distancia”, revela una fuente familiar. “Por el contrario, les costaba la distancia y en el 2015 fue mucha y se les hizo muy difícil”, agrega.

Ya en 2013 había sido complicado. Entre la campaña de él en Morón; que lo llevo a una interna complicada en la que perdió la primaria por apenas tres puntos pero que le dejó una banca como concejal; el trabajo de ella como vicejefa sumado al lanzamiento como candidata a gobernadora a fin de año, hizo que comenzaran a visualizarse los roces.

En el verano de 2014 decidieron alquilar una casa en la cosa con el único objetivo de descansar y relajarse. Eligieron Pinamar, donde viajaron con los chicos y con los padres de María Eugenia. 

Aunque habían estado en Europa, tras visitar al papa Francisco en noviembre y recorrer parte de España, el ritmo intenso del viaje no había generado el anhelado relax.

No resultó como lo pensaron: Lo que se suponía era un refugio para la familia terminó siendo el búnker donde nació la campaña a gobernadora bonaerense. “Pasaba todo el mundo por la casa y nunca encontraron la intimidad que originalmente querían”, acota una fuente familiar.

El propio Macri llamaba por celular a Vidal. Todo para que se asentara en su decisión de pasar a provincia. El año 2014 comenzó sin el descanso buscado.

Tuvieron un momento de esparcimiento en Puerto Madryn, donde disfrutaron de series y de la cocina de sus amigos. Pero fueron días. Pocos. Recién en el verano 2015 tuvieron una escapada veraniega al exterior. Fueron diez días sin señal de teléfono y casi sin WiFi. Una auténtica excepción para Vidal.

Sin embargo, ya en febrero la campaña arrancó. Y arranco fuerte. “Fueron víctimas de bullying mediático”, le alcanzó a decir, tras la victoria, el periodista Fabián Doman a Tagliaferro.

“Los desgastó personalmente a cada uno y  les complicó los encuentros. Tenían todo el día un misil que parecía que iba a entrar por la cocina de la casa”, recuerda una de las fuentes.

Los llamados a la casa de la familia eran constantes. Los sábados el teléfono sonaba mucho. Los rumores, de baja estofa en muchos casos, hasta llegaban al colegio de los chicos.

Ramiro sentía que lo querían “operar” políticamente, desde la cúpula del PRO, con su propia esposa. “Estábamos intratables”, reconoció, tiempo después, ante sus asesores.

En septiembre todo se complicó aún más. El viernes 25 de septiembre a la noche cenaron en familia. Luego de que los chicos se fueran a dormir, estaban por acostarse ya, y Ramiro estaba más inquieto que de costumbre. Aprovechó y le planteó a María Eugenia su visión de la cruda realidad que estaban viviendo:

-Mira, Mariu, yo no vuelvo a esto nunca más en mi vida. Vamos a ver qué pasa después, pero no vuelvo más.

-Pero no vamos a volver porque si perdemos ya está y vemos, no sé. Pero si ganamos, la gestión la voy a manejar yo.

En ese momento, que Aníbal ganara era una chance cierta también: las encuestas mostraban que el Frente para la Victoria estaba cinco puntos arriba, aunque con un margen de error aún amplio. La estructura peronista y el arrastre de Scioli lo ayudaban. Ella ahondó pero la conversación se elevó.

-Si gano, voy a ser gobernadora y vos intendente, y la locura va a pasar…

-No, te estas equivocando, el poder no funciona así. ¿Qué tiene que ver que seas gobernadora? ¿Pensás que no existe el juego, la Bonaerense, el sistema penitenciario o la falopa?

-No, no es eso…

Ninguno de los dos tenía ánimo de discutir. Se fueron a dormir.

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Cumbre con Macri

La escalada de agresiones y presiones siguió en aumento. La indisimulable cara de angustia de Vidal ya se podía visualizar en el último tramo. Se negaba a concurrir a algunos actos. Varios ministros llamaban desesperados para tenerla. A veces ni los atendía. Raro en ella. Una de esas semanas estuvo casi inactiva en la campaña.

Su malestar llegó a los oídos de Macri. Cuando notó que podía terminar mal, les pidió a ella y a Ramiro que vayan a verlo a su casa, en el lugar más íntimo en el que podían charlar. Sin asesores ni funcionarios esperando para verlo. Sin la burocracia oficial de su despacho en el tercer piso del moderno edificio de Parque Patricios.

¿Macri temía que Vidal se bajara de su candidatura? Ella siempre lo negó tajantemente. Si había una chance de que eso ocurriera, se dinamitaba, automáticamente, el proyecto presidencial. Ella aseguró, una y otra vez, que nunca se le pasó por la cabeza, pero que, dada la presión, podría habérsele ocurrido.

El líder del PRO decidió invitar un mediodía a Vidal y Tagliaferro a su departamento de Libertador al 2700. Faltaban tres semanas para las elecciones de octubre y los sondeos de opinión ya no eran favorables para el kirchnerismo: La vicejefa tenía serias chances de ganar. Macri eligió su piso en el que vivía con Juliana y Antonia como escenario. Allí donde le había ofrecido la vicepresidencia a Gabriela Michetti. Donde preparó sus discursos. Allí desde donde habló con Cristina Kirchner en calzoncillos en 2011.

Los atendió con simpleza. Ella seguía, más que nunca, con la sensación de que la habían dejado sola. No lo expresaba a viva voz casi nunca. Y menos con los periodistas u otros dirigentes que no fueran de su estricta confianza. Para peor: Muchos de los rumores provenían de la propia interna del partido, y no solo de las cientos de usinas que tenía el kirchnerismo para complicar a sus “enemigos” políticos.

Macri intentó ser contenedor. ¿Los llamó porque los veía muy atacados o para que no  se destrozara una candidatura? Quizás por ambos motivos.

Con un tono suave, pero firme, buscó relativizar la situación:

-Ustedes saben cómo es esto, todo este quilombo va a aflojar, después va a cambiar.

El kirchnerismo ya tenía tres encuestas con Aníbal perdiendo. El clima se enrarecía aún más. Todos los días Vidal y Tagliaferro tenían que explicar a sus hijos un rumor falso nuevo. Macri insistió con su “operativo de contención” con María Eugenia:

-Yo te voy a apoyar, tenés que seguir adelante.

Intercambiaron opiniones de manera enfática. Fue tenso. Ramiro fue más enfático que ella:

-Hubo gente que nos abandonó en la campaña, Mauricio. Hay gente con la que no hay vuelta atrás.

El líder del PRO no lo negó, pero lo matizó. Dijo que el equipo estaba muy concentrado en los temas nacionales, acaso el principal objetivo por el cual ella era candidata bonaerense. Les prometió que los cuidarían más. Hablo en términos espirituales también: sus lecturas budistas lo habían acompañado gran parte de la campaña presidencial y hasta se tradujeron en ciertas palabras que elegía en sus discursos en escenarios circulares.

Estuvieron casi una hora. Ella se fue con una buena sensación. Al menos el jefe había reaccionado. Ellos no estaban bien, pero ese día salieron de la mano. Él sintió que se habían fortalecido como pareja.

Algo más de historia

Desde que se conocieron, primero como amigos, se divertían juntos. Él no olvida que podían pasar horas en el departamento de Almagro charlando en el parqué- “El amor siempre tiene un componente intelectual, ella tenía la magia de todo”, la describía.

Les paso hasta los últimos veranos, cuando se quedaban horas charlando sin recordar, por caso en Pinamar, que había que preparar la comida para los chicos. Cuando se sentaban a hablar perdían la noción del tiempo. El otro lugar en el mundo era Puerto Madryn. Allí también se olvidaban de todo. Claro, Diego y Silvana los “malcriaban” con pescados y tiramisú.

Él siempre fue el gritón; ella, la de carácter fuerte con simples caras o miradas, pero guardaba más las formas. El enojo se le nota en su cara, no lo puede disimular. “Tengo un 70% dominado, pero un 30% es indescifrable”, bromeaba él con sus amigos para describirla.

No todas fueron buenas esos años: Vidal se enojó mucho cuando surgió el rumor, a mediados de 2013, de que Tagliaferro amenazaba con pasarse al Frente Renovador de Massa. En ese entonces, Jorge Macri lo había dejado al margen y él decidió alejarse de la conducción de la primera sección electoral. Para peor, el cierre de listas con el massismo olvido el sello PRO. La entonces vicejefa se enojó mucho por ese trascendido. Ramiro nunca abandonó el macrismo, pero las tensiones políticas internas no cesaban, en especial con el “primo”.

Ella y la decisión

Ya en 2016, a Tagliaferro se le notaba el desgaste. “No sé si vamos a poder superar todo lo que nos pasó el año pasado”, le alcanzó a decir. Las elecciones habían pasado ya. Ella había ganado. Él había ganado. Pero Tagliaferro no podía dejar de pensar en la campaña 2015 y se lo hizo saber a su mujer.

Con la decisión tomada, apenas un puñado de amigos estaban al tanto. Muy pocos. Soledad, por supuesto, fue la primera en saber lo que ocurría al interior de la pareja pero ellos se cuidaban de no mostrar las fisuras. Ni sus padres ni su hermano estaban al tanto.

“Tenemos un vínculo que va más allá de la pareja, siempre lo voy a querer”, se confesó Vidal ante uno de sus funcionarios de mayor confianza. “A nosotros siempre se nos notó mucho el amor, no podíamos disimular. No servimos para hacer “como si”, no me sale, no servimos para ser una pareja para la foto, y no voy a mostrarles a mis hijos un matrimonio de mentira”, le contó a ese funcionario, un día en el que necesitaba despejarse.

La alusión también podría aplicarse a Daniel Scioli y Karina Rabolini. ¿Hacia cuánto que estaban separados? ¿Hubieran seguido juntos si ganaba el Frente para la Victoria? Vicisitudes de la vida política.

Vidal se casó bajo la premisa de que sería “para toda la vida”. A su vez también siempre creyó que ninguna crisis política podría hacer sucumbir una relación si no había otras cuestiones de fondo.

“No sé cómo Mauricio se pudo casar tantas veces”, bromeaba los primeros días tras hacer visible su separación. El líder del PRO se casó tres veces, la última, claro está, fue con Juliana Awada. Y le prometió a sus amigos que sería la última vez.

Entre sus íntimos, ella descree que solo haya sido el efecto nocivo de la campaña. Es un reduccionismo, arriesga. “No le hace justicia ni al amor ni a la política”, desliza. Pero no niega lo visible: Fue importante para contribuir a un desgaste natural.

Él se quiebra hablando de los últimos meses de 2015. Ella lo demuestra menos. Quizá sus años de terapia, momento que no perdió como gobernadora, concurre cada viernes al mediodía, hayan colaborado. Ella es exigente hasta en el amor: Creyó que podía superar cualquier cosa. Los límites de la autoexigencia se impusieron ante la realidad.

“Lo que más me preocupa son los chicos, estoy muy enfocada en ellos porque nunca nos tiramos con platos ni nos veían discutiendo, y los sorprendió por eso”, le confió a una de sus amigas.
Para Vidal fue un enorme impacto. “Va a ser triste por un tiempo largo, no estábamos enojados, estábamos dolidos”, le dijo a la misma amiga.

Nunca le gustaron las separaciones conflictivas. Ni en política, y menos aún en su vida personal. Acaso con esa máxima de vida, y haberse conocido como amigos logró que, tras la separación, el vínculo entre ellos siga siendo fluido. Tardaron poco tiempo en repartir el patrimonio y decidieron compartir el tiempo con los chicos. Ramiro fue claro: “Tienen que tener su casa y esa va a ser la tuya”. Un final tranquilo para una enajenada vida política.

La decisión, en los medios

Ya venían charlando el momento justo para anunciarlo pero no en los medios masivos de comunicación sino a sus tres hijos. La segunda semana de marzo tomaron impulso: Vidal y Tagliaferro, papá y mamá, reunieron a los chicos y les comunicaron que ya no estarían juntos como pareja.

Fue uno de los momentos más difíciles para la vida de Vidal. ¿Cómo explicarles a dos adolescentes y un niño que no vivirían los cinco juntos? No hay nada peor, aún asegura.

Tras hablar con ellos, también le abrió el juego al resto de la familia. La inmensa mayoría de las personas que acompañaron a la pareja desconocían el alejamiento. Algunas mostraron sorpresa, otras lo imaginaban pero callaban: ella no daba lugar a debates sobre el tema, cuidaba, sobre todo entre sus funcionarios, su intimidad.

Ese lunes 14 llegó a La Plata temprano y le pidió a Soledad que llamara a sus tres funcionarios encargados de la comunicación. No les dijo por qué los convocaba, con celeridad, a una reunión. Al encuentro fueron los tres hombres de su mesa chica que trabajaban los temas de comunicación. Su secretario de Medios, Mariano “el turco” Mohadeb; el de Comunicación, Federico Suárez, y su ministro de Gobierno, Federico Salvai. Los sentó, y les disparó, sin rodeos: Me separe de Ramiro.

La cara de los tres se trastocó con la noticia de boca de ella. Alguno lo intuía pero no le preguntaba; otro lo había charlado, livianamente; a otro no le había contado la verdad, pero Vidal nunca siquiera esbozó la crisis.

-Ahora que saben que me separe quiero decirles que lo voy a comunicar hoy. Donde sea, e la mejor manera, pero hoy lo cuento. No quiero que nadie lo cuente por mí.

La alarma se encendió en su equipo. ¿Era el momento? ¿Cuál sería la forma ideal de que se enterara la sociedad? El sábado anterior se había desperdiciado una posible oportunidad: Vidal había estado en la mesa de Mirtha Legrand pero no dijo nada ese día. Se la vio cansada. Disimuló la tristeza. O ya lo había procesado de la mejor manera posible. Tuvo miedo, durante toda la cena, de que Mirtha le preguntara por Ramiro.

Sus funcionarios, azorados, insistieron en debatir si era el momento. Pero ella sentía que lo tenía que contar. Y argumentó, sería.

-Nunca vendí lo que no era, y ustedes saben que las cosas que hice no me importó si afectaba mi imagen o no, cada vez que me metí en un quilombo no especulé políticamente a ver si me sube la imagen positiva o crece la negativa. Esto es una decisión muy personal y tiene que ver con quién soy. Díganme cuál es el primer acto del día y lo cuento.

Salvai, el más político de los tres, apenas le esbozó: “Mariu, al menos hay que contárselo a los ministros antes”. Además, se comunicaron con Jaime Durán Barba para intentar coordinar la mejor forma de comunicarlo.

Así, juntó al gabinete. Los ministros, muchos de ellos muy cercanos en lo afectivo, le dieron su (obvio) apoyo. Se enteraron por ella. Tampoco se lo esperaban.

Tras la tertulia de debate con su equipo de comunicación; no todos estaban de acuerdo en lanzar la noticia ese día; se decidió que lo hiciera, en un acto en el cual debía inaugurar la bajada de Villa Elisa de la autopista de Buenos Aires-La Plata. Una buena excusa.

Ella ya había hablado con Ramiro y le había manifestado que iba a comunicarlo, que él manejara el tema de la mejor manera que considerara pero que al mediodía todos lo sabrían.
Solita, ella se acercó a los micrófonos de los principales canales de noticias, en una suerte de cadena nacional encubierta, y dijo:

-Hemos decidido con Ramiro separarnos. Pasamos muchos años en conjunto, y la prioridad es cuidar a nuestros hijos. No voy a dar más detalles, quiero proteger mi intimidad, la de Ramiro y la de mis tres hijos.

Se despidió rápidamente de los movileros. No puso cara de contenta pero tampoco de mártir. La comunicación había resultado efectiva. Rápida y concreto. A lo Vidal.

El tema apenas duró una semana en los diarios y en las revistas. No hubo prácticamente guardias periodísticas y ellos se limitaron a comunicarlo de forma directa. “Si yo no lo decía, no era yo”, le expresó, aliviada, a uno de sus ministros, tras comunicar la decisión.

“Fue una separación tan normal que no genero más interés”, describiría una de las fuentes encargadas del tema. Realizaron rápidamente una división informal de bienes.

Comenzaba una nueva etapa en su vida: Con la gobernación en su poder, su ideal de familia se había trastocado a los 42 años.

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