Según el plan de negocios, la capacidad de producción para el fertilizante microgranulado Microstar será de 30.000 toneladas, de las cuales 20.000 se destinan al mercado interno y el resto para exportación. Están en el rango de lo que De Sangosse vende en Francia. Se prevé que facture US$90 millones en 4 años.
La idea de erigir una planta de estas características surgió hace 5 años, de acuerdo con lo declarado por el CEO de Rizobacter, Ricardo Yapur: “El representante de De Sangosse en Argentina me decía que tenían un fertilizante del que se usa una quinta parte de la dosis habitual y da los mismos resultados en cuanto a rendimientos físicos para soja que los de un fertilizante fosfatado común. Entonces le pedí una muestra para probarlo y llegué a la conclusión que obtengo los mismos resultados o un poco mejores que una fertilización química común. Fue así que evaluamos la posibilidad de que este producto en Argentina podría tener una inserción espectacular en el cultivo de soja”, explicaba.
Sucede que de las 20 millones de hectáreas que se siembran, un 70% se fertiliza (unos 14 millones de hectáreas), esto es entre 50 y 100 kilos de fertilizante por hectárea, un promedio de 80 kilos por hectárea, que serían unos 15 a 18 kilos de este tipo de fertilizante francés.
“Inicialmente trajimos dos contenedores con este producto y vendimos uno; el año pasado trajimos 500 toneladas y este año traeremos 1.000 toneladas”, concluyó.
Según el prospecto, el Microstar PZ es un fertilizante que combina en su formulación la tecnología de microgránulos en mezcla química, aportando NPSZn (Nitrógeno, Fósforo, Azufre y Zinc). Indicado para su uso a la siembra como arrancador, y junto a la semilla fertilizando al cultivo; favoreciendo el acceso y una rápida disponibilidad de los nutrientes aplicados en la zona de absorción de la raíz.
Bioceres entra en escena
En el año y medio que duró la obra en Pergamino, en la que trabajaron más de 150 obreros, empleados y profesionales, junto al desarrollo de proveedores locales, tenía lugar una importante negociación de paquetes accionarios que involucró a la local Rizobacter y a Bioceres, por la una participación del 60% en la composición del capital del líder en inoculantes de semillas y fertilizantes biológicos.
En consecuencia, la fusión que plantea nuevas herramientas a los productores agrícolas comprende a dos de los mejores exponentes de la biotecnología y la microbiología argentina.
La compra encarada por Bioceres obedece a la necesidad que tiene como empresa formada por más de 160 empresarios agropecuarios, dedicada a la investigación en biotecnología y genética de semillas, de contar con la fortaleza comercial desarrollada por Rizobacter. Con este formato se ajustaría mejor a la posibilidad de conseguir el financiamiento en Nueva York.
El monto de la operación superaría los US$ 100 millones. Rizobacter tuvo en el último ejercicio ventas en el mercado local por US$ 80 millones, a los que se deben agregar US$ 20 millones en exportaciones.
Se trata de una empresa totalmente argentina que nació en Pergamino y está presente en al mercado desde 1977. Hoy se posiciona como una compañía líder en investigación y desarrollo de productos microbiológicos aplicados al agro.
Es el mayor empleador privado de esta ciudad bonaerense. A su casa central, en la que se desempeñan más de 400 empleados entre las oficinas y la planta de elaboración de productos en Pergamino, suma otras 6 subsidiarias localizadas en Brasil, Paraguay, Estados Unidos, Bolivia, Uruguay y Sudáfrica; su presencia comercial alcanza a más de 25 países en todo el mundo y proyecta un fuerte crecimiento internacional.
El rendimiento como renta
La fertilización de trigo es el mejor negocio que hoy tiene el productor agropecuario, ya que con respuestas promedio puede obtener una renta del 100% en 6 meses.
A los actuales valores de los fertilizantes, si un productor invierte US$ 150 por hectárea en incorporación de nutrientes puede esperar un incremento de rendimiento de 2 toneladas de trigo por ha. y una mejora significativa en el contenido de proteína.
La relación insumo producto es muy buena respecto de años anteriores, básicamente por la baja en el precio de los fertilizantes. Se requieren unos 2,3 kg de trigo para comprar 1 kg de urea y unos 3,5 kg de trigo para comprar 1 kg de fosfato diamónico y si consideramos el valor de trigo a futuro, logrando un grano con calidad panadera, esta relación de precios mejora aún más.
Pero las expectativas también cuentan y mucho, según puso de manifiesto un relevamiento que realizó la asociación civil Fertilizar entre 250 productores agropecuarios, el que arrojó un aumento del 42% en la intención de uso de fertilizantes en trigo para la campaña en ciernes. Se explica en que hubo un crecimiento de área del cultivo y en que se aplican más kilos de fertilizantes por hectárea. Así lo consigna el editorial del último número de la revista Fertilizar, que firma la gerenta ejecutiva, Fernanda González Sanjuan.
Si bien en la anterior campaña, se lo utilizó en 93% del total del área sembrada, la siembra se caracterizó por la aplicación de dosis muy bajas de fertilizante nitrogenado. El recorte de las toneladas consumidas alcanzó las 600 mil y esa fue una de las principales razones es que explican la mala calidad cosechada, lo que motivó que se haya tenido que importar trigo de Uruguay para fabricar pan.
La nueva etapa dio comienzo. Lo había pronosticado Eddy Fay, de OCP: con medidas en retenciones, permisos para exportar y ajuste en el tipo de cambio volverían a aumentar las superficies con trigo y maíz y habría un "restablecimiento" del mercado de fertilizantes.