El Congreso fue convocado por el episcopado argentino “para dar gracias a Dios por la presencia constante de Jesucristo, Señor de la Historia, en la historia de nuestra Nación”, y “para pedir que los argentinos podamos hacer de esta bendita tierra una gran Nación justa y solidaria, abierta al continente e integrada al mundo”, recordó el prelado.
“Por nuestra Patria Argentina”, es “la súplica que hacemos a Aquél que es ‘Camino, Verdad y Vida’”, aseguró. “La Patria es mucho más que el país o la nación y es necesario que los argentinos volvamos a hablar de Patria, que volvamos a valorar sus signos distintivos: el himno, la bandera, la escarapela”, aseveró.
“Hace ya mucho tiempo que hemos perdido el verdadero sentido del festejo público y popular de las fiestas patrias, en particular, del 9 de julio de la Independencia. Es indispensable recuperarlo y hacerlo vida”, manifestó.
Luego, mostró su preocupación ante “las divisiones habidas, particularmente las de las décadas de los 60’ y 70’, que parecen habernos paralizado”. “No nos engañemos a nosotros mismos, los argentinos no estamos reconciliados”, expresó. “Reclamamos justicia y está muy bien que lo hagamos. Sin justicia no hay reconciliación posible. Pero justicia no es venganza. Y, además, la justicia debe ser superada por la misericordia”, aseguró.
En el marco del Año de la Misericordia, aseveró que “no podemos pedir a Dios misericordia si no somos misericordiosos. Ser misericordioso es hacerse cargo, con el corazón, de las miserias del otro, como el otro de las nuestras. Y este ser misericordioso debe traducirse en obras concretas, no puede ser simplemente declamado, exige ser actuado”.
También, señaló que “el inicio de un nuevo gobierno abre un horizonte de esperanza. Pero no hay que olvidar que la esperanza es virtud de lo arduo y que, por lo mismo, exige fortaleza. Enfrentamos un momento político, económico y social difícil, con ajustes económicos indispensables pero cuya carga cae de modo desigual en los distintos estratos sociales”.
Afirmó que la política “debe ser recreada para poder llegar a ser lo que por naturaleza debe ser: una forma de caridad”, condenó a “la corrupción, el narcotráfico, la trata de personas, y la degradación moral”, y exhortó “ urgentes medidas” a los jueces que estén a la altura de las circunstancias. “Tenemos que hacernos cargo de los más pobres que no llegan a fin de mes por carecer de trabajo o por tener un trabajo precario que no les da acceso a la salud, a la educación, a un aporte jubilatorio que les asegure una vejez digna”, manifestó.
Si bien el prelado destacó el deber del Estado en estos ámbitos, afirmó que “es tarea de todos. Debemos dejar la avaricia y la mezquindad de lado y ser generosos. Sin justicia y equidad no habrá nunca paz”.
“Basta de mirar hacia el otro lado, basta de indiferencia, de divisiones, de continuas y sesgadas revisiones del pasado. Miremos el futuro con alegría. No es momento para el desánimo sino para el esfuerzo y la renuncia que sostiene la esperanza de un futuro mejor para todos”, aseveró.