Según consta en la causa, González había sido advertido por terceros sobre el comportamiento de sus perros, a pesar de lo cual ese día ató al can a un auto abandonado en la vereda y que solía ser usado por los niños como "casita de juguete".
El nene salió de su casa a jugar en la vereda cuando el perro, que estaba sin bozal, comenzó a morderlo en la cara y el cuello, según contaron testigos.
"Estaba lavando la ropa y Santi con su hermanita fueron a jugar a la vereda. De repente, escucho los gritos de este señor que con mi nene en brazos, lleno de sangre, decía que ya no había nada que hacer", relató la madre del nene.
Si bien el menor fue llevado de urgencia al Hospital San Vicente, la pérdida de sangre por las profundas heridas fue mortal.
"Si la persona que educa al animal no evita esa agresividad, se potencia y un niño puede ser considerado una presa", dijo un perito experto consultado por el tribunal.
Otros testimonios, entre ellos el de la abuela del menor, indicaron que los animales del acusado ya habían protagonizado otros hechos violentos en el barrio. Según las versiones, cuando el hombre era advertido sobre la peligrosidad de sus mascotas, contestaba con insultos y evasivas.