Este giro en el discurso de Hillary, ha alienado a parte de la base natural de Clinton, de manera que el 20% de los posibles votantes demócratas se muestran hoy dispuestos a votar a Trump, mientras que sólo el 14% de los republicanos se inclinarían por ella (de ganar la interna, lo que “per se” haría su figura algo mucho más políticamente correcta, no nos sorprendamos que Trump abandone el “personaje” mutando hacia el “centro y la cordura” –ya dijo que no será el mismo si gana el Ejecutivo- , lo que, durante la carrera presidencial, hará mucho más difícil descalificarlo a causa de su “personalidad y metidas de pata”).
Pero este es posiblemente el menor de los problemas que enfrenta la esposa del aficionado a los puros humedecidos.
Mientras ella era secretaria de Estado de Barack Obama entre 2009 y 2013, Hillary utilizo una línea de e-mail abierta y un servidor hogareño y no seguro para guardar y enviar, lo que serían unos 1.300 documentos clasificados (de 30.940 revisados, los había borrado de su máquina sin saber que estaban archivados en la “nube”), lo que constituiría un “desmanejo” criminal según la ley estadounidense, lejos de cualquier “error circunstancial” (en septiembre de 2015, ella admitió utilizar su correo personal para cuestiones oficiales “como todo el mundo en Washington DC”). Hasta ahora, el Departamento de Estado ha hecho lo posible para frenar la causa, negándose a entregar cualquier información a la Justicia hasta que varias órdenes judiciales obligaron a hacerlo, revelando pequeñas cantidades de documentos con grandes secciones ennegrecidas lo que delata su “confidencialidad”. Los mails han revelado, además, una serie de conflictos de interés entre sus deberes oficiales y las operaciones de los donantes de la Fundación Clinton, que están ahora bajo una 2da. investigación del FBI (se sospecha que las donaciones se vincularon al pago de “favores” en la obtención de contratos).
Hasta ahora, el tema no le ha hecho daño a Clinton, sus rivales no lo esgrimen y los mass-media, por alguna razón, casi ni lo tratan (hay una investigación en el Senado presidida por el Director del Interior y una más reciente en Diputados, por el director de Ciencia, Espacio y Tecnología –hablamos de medios electrónicos-) . Pero esto no significa que el escándalo no avance.
El FBI, encabezado por James Comey, de reconocida integralidad (viene monitoreando la investigación en forma personal y coordinando el caso con las otras agencias de inteligencia: CIA, DIA), ha asignado a esta cuestión unas 100 personas a tiempo completo y otras 50 en tiempo parcial lo que refleja su gravedad. Cuando termine la investigación -y se habla de 60 a 90 días, posiblemente antes, Hillary sea “invitada” a hablar ante el FBI y será Comey quien deba trasladar el caso al Departamento de Justicia para que la Fiscal General, Loretta Lynch, decida si abre o no la acusación.
Aquí las cosas no son claras. En abril de 2015, esta ex funcionaria de Bill Clinton y partidaria de Hillary en la elección 2008, declaró ante el Senado que no tenía suficiente información como para iniciar una investigación. En julio, cuando el Inspector General de Inteligencia le envió un “non-criminal referral” para ver si se abría un sumario, al encontrar 4 mails con información clasificada entre los primeros 40 revisados de un servidor con información clasificada que pertenecía a Clinton, decidió no tomar ninguna acción. El argumento, entonces, era que no había ninguna investigación “contra” Clinton, sino para ver si ella había sido hackeada (lo que la convertiría en victima). Lo más probable ahora es que cuando le llegue el caso, consulte directamente con Barack Obama qué hacer (siempre podría designar un consejo especial para dilatar el caso).
Si la acusación avanza, Hillary podría enfrentar un Gran Jurado bajo cargos de espionaje y/o corrupción, por esto es más probable que se desvíe la lupa hacia sus ayudantes de entonces, y que ella –convencida que su ex rival, Barack Obama le clavó un cuchillo en la espalda- se declare inocente. La repercusión de esto sobre su candidatura es difícil de medir, pero hay quienes especulan que ella podría renunciar y ser reemplazada por Bidem Kerry o algún otro del “núcleo” demócrata.
Pero si Lynch rechaza el caso es muy probable que Comey renuncie, que el Congreso inicie una investigación de la fiscal llegando al “impeachment” y que se conozcan una serie de nuevas filtraciones por parte de la Inteligencia norteamericana sobre los desmanejos de la Clinton, lo que dañaría sus posibilidades electorales.
Siempre existe la posibilidad que finalmente el FBI ceda a las presiones políticas y no eleve el caso al Departamento de Justicia. Pero esto generaría un problema aún mucho más grave para la Inteligencia de ese país. Si bien los tiempos pueden sugerir otra cosa, esto no es una cuestión partidaria/política tal y como podría pensarse, sino de auto preservación de las agencias, presionadas por sus “bases”, ya que la negligencia de la ex secretaria de Estado podría haber puesto en riesgo la vida de los agentes, lo que desencadenaría y explica la agresiva persecución del caso.
De aquí a noviembre todo está por suceder, así que más allá de presentar escenarios no podemos hacer mucho más. Un dato para los que somos “gente de mercado”: desde 1928 los candidatos “incunbentes” se hicieron con la Presidencia de USA en 12 ocasiones y la perdieron 2 cuando el índice bursátil Dow Jones cerró el año ganador, mientras la perdieron 7 y la ganaron 1 cuando cerró del lado perdedor. No nos sorprenda, entonces, que Trump se encuentre feliz del 8.2% que pierde el Dow en lo que va del año y rece por un crash del mercado.