Además, ha revolucionado el paisaje político en 2 regiones clave, Norte-Paso de Calais-Picardía y Provenza-Alpes-Costa Azul, que no tendrán representantes socialistas durante 6 años al retirarse de la contienda para frenar el paso a la ultraderecha. Marine Le Pen conserva intactas todas sus posibilidades para superar con éxito la 1ra. vuelta de las presidenciales del 2017 sea quien sea su contrincante, según un reciente sondeo. ¿Llegará al Palacio del Elíseo?
Los N°1
Christian Estrosi -antiguo ministro de Sarkozy y actual diputado y alcalde de Niza- es el nuevo presidente de la región Provenza-Alpes-Costa Azul, superando a la joven Marion Maréchal-Le Pen –sobrina de Marine y nieta de Jean Marie, la nueva “cara bonita” de la extrema derecha francesa-.
Y Marine, por su parte, perdió en la región Norte-Paso de Calais-Picardía ante su rival centrista Xavier Bertrand.
Sin embargo, lo que ante una primera mirada puede parecer una derrota, es solamente una muestra más de la fuerza y popularidad que ha cobrado el Frente Nacional, la fuerza política N°1 de Francia. Es una coyuntura alarmante para el resto del universo político galo, que se unió para bloquear el acceso al poder de los ultra-derechistas, en un país convulsionado por los atentados recientes, la incertidumbre económica y el choque cultural que atraviesa por las masivas inmigraciones que ha tenido en las últimas décadas.
Es una extrema-derecha renovada, que se opone al corporativismo, que tiene un discurso que llega a los jóvenes y la clase trabajadora, y es peligroso hasta aterrar al resto de Europa, pero que ha seducido a muchos franceses de todo el espectro ideológico.
“Lo que une a Le Pen y a los izquierdistas europeos que simpatizan con ella es un rechazo compartido a una Europa unida y fuerte, y (que reclaman) la vuelta a la completa soberanía de los estados-nación”, explicó el filósofo esloveno de izquierda, Slajov Zizek, en un artículo publicado en la revista británica allegada al laborismo New Statesman.
Francia, que un día le dio al mundo la división izquierda-derecha, hoy presenta un escenario distinto: izquierda-derecha-extrema derecha, según publicó el portal del American Jewish Committee.
[ pagebreak ]
Marine capta el voto musulmán
La victoria de los republicanos debe ser tomada con pinzas. Se debe casi exclusivamente al gesto inédito en Francia de que, por 1ra. vez en la historia, un 1er. Ministro –el socialista Manuel Valls- ha llamado a votar, con nombre y apellido, por los candidatos de la fuerza opositora.
De esta manera, el llamado ha funcionado como un “cordón sanitario” frente a la extrema derecha, según explicó El País de Madrid. “Hemos tenido que elegir entre la peste y el cólera”, le explicaron militantes de izquierda franceses a ese medio.
El mismo Valls pidió cautela: “El peligro de la extrema derecha no se ha alejado”, dijo tras conocerse los resultados de la 2da. vuelta: el partido de Marine Le Pen quedó posicionado como el mayor partido de la oposición en la mayoría de las regiones.
En la 1ra. vuelta, el FN había obtenido 6 millones de votos (casi el 28% del electorado), llamando a retornar a los valores de soberanía nacional, destruidos por el euro y las fronteras abiertas que permitieron el ingreso de 10 millones de extranjeros en los últimos 30 años en Francia, según aseguró Marine.
La líder del FN logró, mediante gestos tales como la expulsión del partido de (papá) Jean-Marie por sus comentarios racistas y un discurso que culpa a la inmigración ilimitada y a la Unión Europea por el desempleo y la crisis económica francesa -la acusa de favorecer únicamente a Alemania-, seducir hasta a algunos musulmanes franceses. Es algo increíble dado su discurso claramente islamófóbo, pero se explica por el abandono que sienten los residentes de los barrios más pobres, que en su mayoría proceden del norte de África.
"Entre los que votaron por el FN hay un pequeño pero creciente número de musulmanes que no ven un conflicto entre su religión y la feroz oposición del partido al islamismo. Marine Le Pen - una operadora mucho más inteligente que su padre anti-semita, Jean-Marie (...) estuvo cortejando el voto musulmán desde que se volvió la líder del partido en enero de 2011", explicó la revista británica Spectator.
"Algunos hijos de inmigrantes imaginan que para ser verdaderos franceses, deben ser un poco racistas y meterse con los extranjeros", reflexionó sobre el fenómeno el parlamentario socialista francés Malek Boutih a la revista francesa Le Point.
Otro punto a tener en cuenta es que el propio partido de los socialistas "expulsó" a algunos musulmanes, aunque sin quererlo, cuando legisló en favor del matrimonio homosexual, según explica el Spectator. Le Pen promete dar marcha atrás con esa ley si es Presidente en 2017.
La ausencia de la ley en los suburbios más pobres, por otra parte, deja a los musulmanes sintiéndose atrapados e inseguros. Cuando dos residentes de un barrio con mayoría de población procedente del norte de África fueron consultados por los medios acerca de por qué habían votado por el FN, ellos respondieron que por el aumento del crimen y el desempleo. "Ella (Marine Le Pen) no es como su padre. No es 100% racista. Soy musulmana y no me parece normal que haya tantos inmigrantes ilegales viniendo. La izquierda, la derecha, nunca cambiaron nada. Así que, ¿por qué no ella?", le explicó una mujer en octubre al diario francés Le Parisien.
El rechazo a la Unión Europea
Para algunos, el crecimiento que ha tenido el Frente Nacional es consecuencia del avance del Islam radical y los atentados contra la redacción de la revista Charlie Hebdo en 2014, y en múltiples sitios en noviembre de 2015, que dejaron al país atemorizado y paralizado.
[ pagebreak ]
Sin embargo, hay otro tema que Le Pen supo explotar en su discurso: el fracaso que para muchos es la Unión Europea. “Observa a los líderes de la Unión Europea: en las raras ocasiones en las que los ciudadanos son permitidos votar sobre cuestiones que tocan una mayor centralización de poderes de la UE, suelen decir no”, afirmó la revista Forbes, aludiendo tanto a los resultados en Francia como a otra elección previa, la de Dinamarca, mucho más ignoradas pero que dejaron un mensaje parecido.
Allí, la mayoría de los daneses votó en contra de fortalecer los vínculos institucionales con el organismo. El resultado estuvo “basado en un escepticismo general hacia la UE”, según el 1er. Ministro danés, Lars Loekke Rasmussen. El FN promete salir del acuerdo Schengen -que suprime los controles entre fronteras hacia el interior de Europa- y del euro, los principales logros de la UE.
En octubre de 2015, ante un llamamiento del Presidente francés –el socialista François Hollande- y la canciller alemana Angela Merkel, que imploraron a los países europeos a mantenerse unidos en medio de la crisis producida por el ingreso masivo de refugiados e inmigrantes al continente, Marine Le Pen acusó a Hollande de estar vendiendo el país a Berlín, y de actuar como un “vice-canciller” que meramente administra la “provincia de Francia” para Alemania.
De esta manera, Le Pen se presenta como la única capaz de restituir los valores franceses frente al avance musulmán y la soberanía nacional perdida ante la Unión Europea.
Ella será candidata a Presidente en las elecciones de 2017 y las encuestas le muestran un apoyo del 30%, más de lo que recibieron el actual presidente François Hollande y su predecesor Nicolás Sarkozy en las elecciones de 2012.
El miedo producido por los ataques terroristas, la situación económica y las dificultades de integración social hizo que algunos franceses perdieran la fe en que los políticos que gobiernan o han venido gobernando –tanto de izquierda como de derecha- puedan brindar soluciones a sus problemas, y se vieran seducidos por un discurso más extremo.
Jóvenes desempleados, y la nueva “cara bonita”
Otro punto central para explicar el ascenso de la ultra-derecha es la situación social que vive Francia, donde 1 de cada 4 personas entre 18 y 24 años no tiene trabajo, según informó la revista Foreign Policy.
Curiosamente, esta franja etaria la que más llama la atención de los analistas internacionales en su inusitado apoyo a Le Pen. La encuestadora The Harris Poll, subsidiaria de la investigadora de mercado Nielsen, reveló que la mayoría de los votantes de la primera vuelta entre los 18 y 30 años votó por el Frente Nacional. Parecería ser que los jóvenes franceses se sienten representados por esta opción extrema porque se sienten olvidados por el resto de la clase política.
Algo que diferencia a Francia de, por ejemplo, Polonia, donde el avance derechista tiene que ver con un grupo etario mucho más avanzado, dominado principalmente por la tercera edad.
Dentro de este grupo demográfico francés está Marion Maréchal-Le Pen, una jóven de 26 años, la nueva cara de la ultra-derecha, joven y hermosa. Según Foreign Policy, si bajo el liderazgo de Marine, el Frente Nacional viró de ideología fascista a una extraña mezcla de nacionalismos de izquierda y derecha unidos en contra del Estado amigo de las corporaciones y los negociantes, Marion está dándole un nuevo giro a las cosas. Esta vez, es una orientación más católica la que la nieta de Jean-Marie está dándole al partido, algo raro en los políticos franceses –incluso los del FN-, que suelen rechazar al islam desde el valor del laicismo francés, pero no desde el cristianismo.
Pero Marion, quien dijo por ejemplo que los musulmanes “no pueden tener exactamente el mismo rango” que la congregación de la Iglesia Católica Apostólica Romana, apela a los valores cristianos para pedir que se frene el avance del islam. Cuando Marine se opuso a un video anti-islam que puso a circular en las redes un político del FN, Marion le dio un retweet, lo que muestra la clara divergencia entre las líneas de ambas.
A principios de 2015, ella rechazó los comentarios anti-semitas de su padre y lo echó del partido, Marion estuvo en desacuerdo con que los dichos justificaran la expulsión. Nacida en diciembre de 1989, en 2012 fue elegida para el Parlamento francés por la 3ra. circunscripción de Vaucluse, convirtiéndose en la parlamentaria francesa más joven de la historia.
"Marine, ¿quieres destruir Europa?”
En una entrevista, la revista alemana Der Spiegel le fue sin vueltas a Marine Le Pen: “¿Quieres destruir Europa?”, a lo que la política respondió: “¡Quiero destruir la UE, no Europa! Creo en una Europa de naciones-estados.”
[ pagebreak ]
Y se explayó: “Los franceses quieren recuperar el control sobre su país. Quieren determinar el curso de su propia economía y sus políticas inmigratorias. Quieren que sus propias leyes precedan a las de la Unión Europea.”
Esta vuelta a los valores nacionales es lo que ha prendido en el electorado francés. Para Marine Le Pen, la UE es un “monstruo anti-democrático” que solo ha servido para “incrementar las hostilidades entre los países”, contrario a la lectura que hacen muchos líderes de opinión, para quienes el organismo es el responsable de que el continente esté en paz desde hace 70 años.
Falso postulado, dice Le Pen: “Europa es guerra, guerra económica,” ya que los tratados europeos “promueven los intereses alemanes” en detrimento de los franceses. Para la líder del FN, Francia está pasando por una especie de depresión. “Solíamos ser uno de los países más ricos del mundo, pero ahora estamos camino al sub-desarrollo.”
Ella pide que se recorte la ayuda social a los inmigrantes ilegales. “No tuvo sentido recibir a 10 millones de extranjeros en un período de 30 años.”
Francia, para volver a ser Francia, debe parar este flujo e impedir que las compañías francesas sean adquiridas por grupos extranjeros, especialmente los alemanes, dice el FN. Algo opuesto a lo proclamado por otros sectores, según quienes Francia, sin sus minorías, ya no sería Francia.
“La verdadera amenaza es Le Pen”
Cuando Marine Le Pen criticó un chiste de su padre, calificado por muchos como antisemita –aunque negado por él-, ella estaba tratando de presentarse como la “cara humana” de su padre, explica Zizek en un artículo publicado en la revista británica New Statesman.
“La oscilación entre las dos caras, la brutal y la civilizada, es lo que define al populismo de derecha de hoy”, escribe el filósofo esloveno y advierte que detrás de esta nueva cara, hay un costado brutal. “Sin el espectro de su padre, Marine Le Pen no existe.”
El mensaje de la líder del FN recurre al viejo patriotismo de la clase trabajadora en contra de la élite y los poderos financieros trasnacionales. Pero presenta una opción tentadora a los tecnócratas europeos, presta atención a las preocupaciones de la gente común y trae pasión a la política, por lo que hasta algunos izquierdistas desorientados “sucumbieron a la tentación de defenderla”, explica Zizek.
“Lo que une a Le Pen y a los izquierdistas europeos que simpatizan con ella es un rechazo compartido a una Europa fuerte, y la vuelta a la completa soberanía de los estados-nación”: ideologías divergentes que terminan unidas en un concepto que Le Pen explota porque sabe que trae sus réditos: volver a la “patria” francesa.