Y es que aunque el gobierno de Nicolás Maduro y el PSUV usaron todas las cartas posibles para ganar adeptos en estas elecciones, parece que no fueron muy efectivas. Uno de los dardos más estratégicos del mandatario fue culpar a Colombia de todos los males en su propio patio e intentar detener el supuesto daño que le estaban haciendo a su ‘República Bolivariana’.
De parte del gobierno hubo hermetismo hasta el último minuto. La presidenta del CNE (Consejo Nacional Electoral), Tibisay Lucena, divulgó personalmente un único boletín al filo de la medianoche en el que confirmó que la Asamblea Nacional venezolana cambiaría de manos. Se confirmaba el voto de castigo al gobierno del presidente Maduro.
La alegría la expresó el excandidato presidencial y gobernador del estado de Miranda, Henrique Capriles, quien llegó a anunciar por las redes sociales que, de los 167 escaños posibles, se habían logrado 113 y, lo que indicaba que se había logrado el largamente ansiado objetivo de hacerse con el Legislativo. "Los resultados son los esperados", dijo en su perfil de Twitter y llamó a asumirlos con "mucha humildad".
Apenas terminó el primer boletín del Consejo Nacional Electoral (CNE), pasadas las doce y media de la noche del lunes, cuando el presidente Nicolás Maduro se dirigió a la nación desde el Palacio de Miraflores. En su intervención, el mandatario venezolano aceptó oficialmente los resultados, que significan una derrota aplastante y sin precedentes para el oficialismo.
En compañía del alto mando del Partido Socialista Unido de Venezuela (PSUV), ministros de su gabinete y representantes de las Fuerzas Armadas, Maduro atribuyó la derrota a la “guerra económica” que, dice, se libra contra su Gobierno. “No me queda duda de que la guerra económica inhibió a parte del electorado… Por ahora”, dijo, remedando la muletilla del comandante Chávez, que convirtió en un presagio durante su fallida intentona golpista de febrero de 1992. Confió, sin embargo, que muchos de quienes no votaron hoy a las fuerzas del chavismo “pronto sabrán que nosotros somos quienes representamos la paz de Venezuela”.
El triunfo supone un varapalo monumental a la figura y a la gestión del presidente, Nicolás Maduro, toda vez que las elecciones se habían convertido en una suerte de plebiscito. La crisis económica, la inseguridad o la persecución a los dirigentes opositores han sido motivos suficientes para que la sociedad haya dicho basta y optado por un cambio en el mapa político del país. El mandatario reconoció los "adversos resultados" y culpó de la derrota a la "guerra económica". Además, aseguró, en tono desafiante, que había ganado "una contrarrevolución". La derrota del oficialismo conlleva un golpe político para la revolución bolivariana y el socialismo del siglo XXI, que hace 2 semanas sufrió un primer revés, después de la victoria de Mauricio Macri ante Daniel Scioli en las presidenciales de Argentina.
Expectativa
Pese a que en los últimos días los sondeos auguraban una diferencia ajustada, con una participación del 74,25%, los resultados evidencian la brecha existente entre la oposición y el oficialismo, que conserva el Ejecutivo y mantiene el control sobre todo los poderes del Estado.
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Sin embargo, pierde la Asamblea Nacional -que el Congreso pero con una sola cámara-, que tiene la capacidad de decretar amnistías, una función que favorecería a la oposición y a los presos políticos (como Leopoldo López y Antonio Ledezma).
Allí también se discute el presupuesto nacional y todo lo concerniente al régimen tributario y crédito público.
Eso no es todo. La Asamblea aprueba los aspectos más importantes del plan de desarrollo económico y social de la nación, autoriza el nombramiento del procurador general y de los jefes de misiones diplomáticas, autoriza al presidente para salir del territorio nacional, entre otros.
También, esta nueva Asamblea tendrá que escoger su presidente, su vicepresidente y sus secretarios. Al ganar la oposición la mayoría de los escaños es probable que Maduro pierda una ficha clave, como lo era su aliado Diosdado Cabello, que presidía este órgano legislativo.
De ahí que el interés de Nicolás Maduro fuera obtener, como sea, la mayoría de los puestos para los diputados del oficialismo.
Sin contar que desde que se aprobó la Constitución Política de Venezuela en 1999, esta es la primera vez que la oposición gana unas elecciones y el régimen chavista se ve en riesgo.
La derecha ahora tiene un gran reto: cumplir las expectativas de los venezolanos que quieren un cambio en el país.
El descontento
La mayoría de los venezolanos está cansado de la falta de garantías para el ejercicio de la política, la poca libertad de expresión, la inseguridad, la crisis económica y, sin duda, quieren probar un cambio. A Nicolás Maduro y al chavismo les pasaron la cuenta de cobro.
Aunque el gobierno de Nicolás Maduro y el PSUV usaron todas las cartas posibles para ganar adeptos en estas elecciones, parece que no fueron muy efectivas. Uno de los dardos más estratégicos del mandatario fue culpar a Colombia de todos los males en su propio patio e intentar detener el supuesto daño que le estaban haciendo a su ‘República Bolivariana’.
Fue así como el pasado 19 de agosto cerró la frontera del Estado de Táchira con Cúcuta y Villa del Rosario (Norte de Santander), decretó el estado de excepción y empezó a expulsar a los connacionales indocumentados.
Su excusa para tomar esas decisiones fue una: necesitaba acabar con el ‘paramilitarismo colombiano’ que azotaba a su país y que, según él, tiene a Venezuela en la situación que está: en una debacle económica, una inflación exagerada, escasez de alimentos básicos de la canasta familiar y el aumento de la inseguridad, entre otras problemáticas. Y con esa estrategia –que dividió a los venezolanos aún más- llegó hasta este domingo de elecciones.
Otras decisiones del oficialismo, también fueron vientos a favor de la oposición: como la falta de garantías para el ejercicio de la política.
Muchos estuvieron en desacuerdo con la condena de casi 14 años al líder opositor Leopoldo López. Antonio Ledezma, alcalde de Caracas, está detenido desde el pasado febrero –y en arresto domiciliario desde abril- por una supuesta conspiración contra el mandatario venezolano.
Sumado a eso, el gobernador del estado de Miranda, Henrique Capriles, denunció el pasado 10 de noviembre un supuesto ataque armado en su contra. “Nicolás Maduro mandó a echarme plomo”, dijo.
El pasado 25 de noviembre Luis Manuel Díaz, secretario de Acción Democrática en el estado de Guárico, fue baleado en una tarima durante un acto al que asistía Lilian Tintori –esposa de Leopoldo López-, entre otros opositores de Maduro.
El lenguaje fuera de tono de Maduro también podría haber ayudado a la oposición. En las últimas alocuciones el presidente venezolano no solo retaba a sus opositores, sino que además manifestaba que, como fuera, no dejaría acabar el legado del ‘comandante Chávez’.