"Debemos defendernos. Yo sólo he motivado a la población para que no se deje matar", explicó Guillermo Gallegos, diputado y vicepresidente del Parlamento Nacional. Gallegos había hecho unas polémicas declaraciones el pasado mes de julio en las que decía "mi lucha es contra la lacra de este país, los desgraciados mareros. Pido la muerte para esa lacra".
"No me retracto. Actúan como terroristas y el Estado está respondiendo de la única forma que se puede, con represión. En este momento todos estamos con el Gobierno", dice este político del partido opositor GANA. "Hay que mejorar el salario de los policías, de entre 400 y 500 dólares, para que no tengan que huir de sus casas y barrios controlados por las maras. Han asesinado 43 agentes en 2015 y, al menos a 15 militares", dice el que será en 2015 presidente del Parlamento Nacional.
Policías inspeccionan un barrio de San Salvador tras un asesinatoREUTERS
Gallegos acepta que la lucha dejará muchos cadáveres, pero la ve inevitable: "La represión aumentará las muertes, pero es el único camino. Hay grupos que viven del crimen, no van a rehabilitarse".
En el otro lado de la ecuación está Álex Sánchez, fundador en 1998 de la ONG Homies Unidos en la segunda ciudad con más salvadoreños del mundo, Los Angeles, Estados Unidos. "Trabajamos con jóvenes que han huido del Salvador y luchamos por reintegrarlos en la sociedad", explica a EL MUNDO.
El programa más famoso de esta ONG se dedica a borrar el pasado. "Ofrecemos ayuda para borrar tatuajes que en muchos casos es una sentencia de muerte para ellos y ellas. No obtienen trabajos, son perseguidos por la Policía de EEUU que a los que llevan tatuajes tratan como delincuentes y están en el punto de mira de las bandas rivales".
Sánchez explica que "el tratamiento cuesta 150 dólares por sesión de 15 minutos. Dos brazos cuestan unos 300 dólares y nosotros pagamos casi el 75% con las donaciones. También vienen mujeres a las que sus parejas les obligaron a tatuarse sus nombres. Si ellos han muerto están marcadas y no pueden comenzar una nueva vida. Otras veces simplemente han conseguido huir y quieren olvidar al hombre que les daba palizas", explica un Sánchez que concluye: "La política represiva que se está implementando en Salvador ya se hizo en EEUU y fue un fracaso. El 15 de septiembre, fiesta nacional, haremos una vigilia en Washington para pedir que se acabe con esta espiral de muerte".