Pero los reclamos surgieron, asimismo, en diversas organizaciones y países europeos, porque la virtual discrecionalidad para obstaculizar la importación de proteínas transgénicas provocaría aumentos de precios, quiebras masivas de empresas de la cadena alimentaria y forrajes, y de ganadería, ya que la UE depende en un 75% de esas importaciones para generar alimentos para su población, puntualizaron en su momento las tres poderosas entidades (COCERAL, FEDIOL y FEFAC) que reúnen compañías europeas de los sectores afectados.
Incluso, quince entidades representativas de la cadena agroalimentaria europea realizaron duras críticas a la iniciativa. Pekka Pesonen, principal directivo de la entidad que agrupa a productores y cooperativas (Copa-Cogeca) y en nombre de todas las instituciones, instó al Parlamento Europeo y al Consejo de la UE a rechazar la iniciativa porque “va a amenazar seriamente el mercado interno de alimentos y forrajes, provocando pérdidas de empleo considerables y una menor inversión en la cadena agroalimentaria en los países con ’opción de salida’ (los que podrían adherir a la prohibición de la importación de transgénicos)”[1].
Y consideró que la Comisión Europea fracasó como “guardiana de los tratados de la UE”, ya que la propuesta mencionada pone en tela de juicio las prioridades políticas de la UE como el empleo y el crecimiento.
De acuerdo con un estudio conocido días pasados (publicado el 29 de junio en el diario español ABC) elaborado por Francisco Areal, de la Universidad de Reading, en el Reino Unido, la aplicación de esa iniciativa ocasionaría la “falta de abastecimiento de esa materia prima para la industria de fabricación de alimento balanceado para consumo animal (piensos), lo que provocaría un aumento en los precios a corto plazo del grano de soja y de la harina de soja de un 291% y 301%, respectivamente”.
La dependencia de la UE de la soja importada se explica en que la producción propia apenas constituyó el 0,4% de la producción mundial del año pasado (320 millones de toneladas), mientras que la de la Argentina equivale al 17%.
El informe de Areal, de Reading, concluyó que, al incrementarse los precios de los insumos para forrajes (49% para alimento balanceado para vacunos) por la sustitución de soja transgénica, el costo de producción vacuna se incrementaría en un 4,6%, impactando en la suba de precios al consumidor.
El mismo estudio subrayó que, durante el período 2000-2014, la importación por Europa de soja modificada genéticamente representó, en relación con la soja convencional, un ahorro de 55 mil millones de euros.