Además, El País hizo hincapié en que la situación es dramática para la compañía energética, que amparada en la incapacidad del suministrador francés ha decidido pasar al ataque. Quien alzó la voz fue el de siempre, Helmut Marko, el máximo responsable del área de F-1 del búfalo rojo y principal asesor de Dietrich Mateschitz, el propietario del imperio Red Bull. “Este verano volveremos a evaluar la situación como cada año y veremos qué balance hacemos entre los costes y lo que obtenemos. Si no nos convence podemos contemplar dejar la F-1. Efectivamente, existe el riesgo de que el señor Mateschitz pierda la pasión que tiene por esto”, soltó Marko en el paddock del Albert Park. “Estas unidades de potencia son una solución errónea, y diría lo mismo si Renault estuviera al frente. Un diseñador como Adrian Newey está castrado por esta competición de motores. Estas normas matarán este deporte”, se despachó el expiloto austríaco.
Evidentemente, el jefe de equipo de la tropa de Milton Keynes se sumó a la fiesta. “Cuando nosotros ganábamos, y nunca lo hicimos con tanta ventaja como la que ahora tiene Mercedes, se prohibieron los difusores soplados y se obligó a cambiar la posición de los escapes, además de tener que cambiar los mapas electrónicos con el campeonato en marcha”, añadió Christian Horner. “No tengo nada en contra de Mercedes. Han hecho un trabajo estupendo y tienen a dos grandes trabajos. Pero el problema es que la diferencia con ellos es demasiado grande y eso no es saludable para la F-1”, zanjó el británico, que inmediatamente encontró la réplica de Toto Wolff, su homólogo en Mercedes: “Yo de ser él pensaría: hay que bajar la jodida cabeza, trabaja duro y trata de salir de esta”.
La coyuntura actual y el poder que concentra Red Bull, que en este asunto irá además de la mano de Ferrari, vaticinan otra buena sacudida al reglamento que inicialmente estaba prevista para 2017. La cuestión pasa por saber si dada la supremacía de Mercedes, esta enésima revolución se precipitará.