Meirelles sería nuevo presidente de Petrobras en marzo
La presidenta de Brasil, Dilma Rousseff; y su amiga, Graca Foster, al frente de la petrolera estatal Petrobras, se reunieron en el Palacio de Planalto y acordaron un cronograma de salida del actual directorio, a más tardar en marzo. El encuentro, que duró 3 horas, impulsó la cotización de las acciones de Petrobras, que el martes 03/02 repuntaron más de 15% a pesar de que el Ejecutivo no confirmó oficialmente las versiones (la cotización había caído 58% en 4 meses). Un nombre para Petrobras sigue siendo el del ex presidente del Banco Central y del ex BankBoston, Henrique Meirelles. La petrolera brasileña atraviesa una crisis sin precedentes, investigada por el presunto cobro de sobornos a contratistas por parte de ex directores, dinero que luego se desviaba para financiar campañas electorales.
04 de febrero de 2015 - 00:00
N. de la R.: Julio Camargo, uno de los acusados de sobornar a altos cargos de Petrobras que, bajo arresto, se han animado a denunciar el sistema de corruptelas, aseguraba que pagó 12 millones de reales (US$4.5 millones) para obtener concesiones de obras y añadió que el pago de sobornos en esta empresa por parte de las empresas concesionarias era “una realidad institucionalizada”. El de Petrobras no es el único problema que acosa a la presidenta, que tomó posesión el pasado uno de enero. De hecho, el año se cerró con la economía en plena fase de parálisis, con el PBI coqueteando muy poco por encima del 0. El FMI calcula que Brasil, uno de los países emergentes que hacía años asombraba al mundo con crecimientos por encima del 6%, sólo superará un anémico 0,3%. La exportación de materias primas se ha atascado y la industria se encoge: de hecho, la producción industrial reculó el año pasado un 3,2%, el peor registro desde 2009. Y todo será peor si no llueve. Y mucho. La mayor sequía desde hace 80 años amenaza con racionar el agua cinco días a la semana a los habitantes de la mayor ciudad del país, São Paulo, si las presas no se llenan antes del mes de abril. Muchos pobladores ya de barrios periféricos ven cómo el grifo languidece seco muchas horas al día, hay bares y restaurantes que ya contratan regularmente camiones cisterna y la demanda de bidones gigantes de plástico se ha disparado ante la amenaza, cada vez más cierta, de que toda esta mega urbe se quede seca. Las consecuencias no sólo serán sociales. También económicas. La sequía encarece los precios de los alimentos, perjudica a la ya herida industria y, de rebote, afectará al suministro (y al precio) de la energía eléctrica.
