La Operación Lava Jato desmanteló una red de corrupción que sobrefacturaba obras para la petrolera estatal, con la complicidad de ex ejecutivos.
En diciembre de 2014, según el ejecutivo de la constructora Toyo Setal, Augusto Ribeiro de Mendonça Neto, el pago de sobornos a directivos de Petrobras era rutinario para quienes querían firmar contratos con la estatal brasileña, y las empresas que pagaban formaban una suerte de "club".
El testigo arrepentido aseguró que quien lideraba las operaciones desde Petrobras era el ex director de Servicios, Renato Duque, cuyo rol era invitar a postularse por los contratos a las empresas que integraban ese "club" de favoritas, que funcionaba al menos desde 1990.
Ese "club" unificaba en una lista las obras que les interesaban, la cual era entregada a Duque, quien a su vez digitaba cuáles serían las convocadas a participar.
Las contratistas beneficiarias por el delator Mendonça Neto serían unas 20 compañías, entre ellas la ítalo-argentina Techint, lo que ahora investiga la policía.