Hughes era conocido por su afición a las estrellas de cine que a veces él mismo creaba. Así hizo con la Ekberg.
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Después de un par de intervenciones en largometrajes como "El caballero del Mississippi" y "La espada de Damasco", en donde ni siquiera fue mencionada, llegó a "Abbott y Costello van a Marte", mientras el marketing se esforzaba por hacerla conocida. A mediados de los '50, Ekberg firmó con la Paramount, y filmó "Callejón sangriento", "Cómicos en París", "Loco por Anita" y "Guerra y Paz" (de King Vidor, junto a Henry Fonda, Audrey Hepburn, Mel Ferrer y Vittorio Gassman). En 1956 recibió el Globo de Oro a la estrella emergente.
Entonces le llegó un protagónico: "Regreso de la eternidad". En 1958 rodó "Paris Holiday", con Bob Hope; y en 1959 viajó a España para rodar la coproducción "Los tres etcéteras del coronel", dirigida por Claude Boissol, junto a Vittorio de Sica y Fernando Fernán-Gómez. Luego, cuando su carrera no acababa de afirmarse, le llegó el papel de la explosiva Sylvia en La dolce vita, de Federico Fellini.
En 1960 cuando interpretó su papel más recordado: el de la rubia despampanante que toma un baño en la Fontana de Trevi en la película La dolce vita.
En 1962 protagonizó "Boccaccio 70" junto a Sofía Loren.
En 1967 Anita Ekberg trabajó con Shirley MacLaine en "Siete veces mujer" (Woman Times Seven).
Ekberg se fue retirando paulatinamente del cine para dedicarse más a su trabajo como modelo. Realizó diversos reportajes para la revista Playboy.
Ella estuvo casada con el actor británico Anthony Steel desde 1956 a 1959.
Desde 1963 a 1975 fue la esposa del también actor Rik Van Nutter.
Se le atribuyeron romances con actores como Tyrone Power, Marcello Mastroianni, Errol Flynn o Frank Sinatra.
Pero también con Gianni Agnelli, por entonces presidente del Grupo Fiat y el empresario más importante de Italia.