Pero su estrategia tiene un problema político: los límites que le impone Fábrega a las elucubraciones de Kicillof.
Para Fábrega la propuesta del ministro le hace correr un serio riesgo a la Presidenta: “Si Cristina sigue sus consejos se puede poner la economía de cabeza.” En el Central hay informes que indican que hoy una baja abrupta de las tasas reactivaría la corrida cambiaria y la fuga de capitales.
Pero el ministro decidió avanzar con la embestida ya que el banquero está débil en el reducido entorno de Cristina, donde hoy Kicillof manda.
Según informa Marcelo Bonelli en el diario 'Clarín', el propio ministro blanqueó su plan ante sus íntimos y fue Fábrega quien se lo comunicó secretamente a un puñado de banqueros. Entre ellos a Claudio Cesario, Jorge Brito y Gabriel Martino. Lo hizo el último viernes, después de que presentara su dimisión, la cual fue rechazada por Cristina, y horas antes de tomarse un avión a Mendoza, donde fue a enfriar la “calentura” que le había provocado la abrupta desautorización de la Presidenta por la negociación de los fondos buitre.
Fábrega puso un plazo y confió una estrategia: “Voy a esperar 20 días, y si las cosas no cambian me haré unos chequeos y renunciaré por enfermedad.” La cuestión generó alerta en los banqueros. El miércoles recibió el apoyo de Gabriel Ribisich, del Citibank y de Enrique Cristofani, del Santander. Tanto los bancos extranjeros de ABA como los nacionales de Adeba le pidieron que se quede en el cargo y que resista. Jorge Brito lo afirmó en privado durante la última reunión de Adeba: “Fábrega representa la cuota de racionalidad económica que queda en el entorno de la Presidenta.” Los banqueros tienen en su poder un informe reservado, que refleja serios desajuste en la economía, al margen del efecto del default selectivo.