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Kirchnerismo come kirchnerista: Curiosidades del Poder Judicial

Autofagía se deriva de las raíces griegas auto - uno mismo, phagos - comer. Literalmente, autofagia significa “comerse a sí mismo” y podríamos darle varios significados prácticos. El más extendido es el que se usa en biología: un proceso metabólico que destruye las estructuras internas de la célula que ya no son útiles, las que se producen en demasía o que resultan un cuerpo extraño. Horacio Minotti, abogado constitucionalista, aplica el concepto para intentar explicar el ininteligible comportamiento del kirchnerismo respecto del Poder Judicial que diseño, promovió y consolidó.
por HORACIO MINOTTI
 
CIUDAD DE BUENOS AIRES (Especial para Urgente24). El kirchnerismo y sus obsesiones pueden resultar a veces sorprendentes. En materia de política judicial, sus 11 años en el poder le han otorgado la posibilidad de ser, por lejos, el gobierno que mayor número de jueces designó de quienes tienen hoy magistratura vigente. Quienes ocupan la mayoría de los juzgados, no son un “herencia” de otro gobierno, son en altísimo porcentaje, designados por los K. Más allá de que la presidente y sus ministros, periódicamente fustigan al poder judicial que han sabido conformar.
 
Si hacemos un análisis del fuero más relevante políticamente -el Criminal y Correccional Federal con sede en Comodoro Py-, podemos decir que sobre 12 magistrados, 8 ingresaron a sus cargos con el kirchnerismo. 
 
Esta cifra no incluye a Norberto Oyarbide
 
La Cámara del mismo fuero tiene solamente 5 magistrados divididos en 2 salas:
 
> la de 3 miembros designados todos por el kirchnerismo, y
 
> la otra que cuenta solamente con 2, por lo que uno de los miembros de la Sala I, subroga en la Sala II. 
 
Por cierto dicho camarista bifuncional, Eduardo Farah, ingreso a la Justicia Federal con los K.
 
Pero lo que resulta más sorprendente es cómo el kirchnerismo se devora a sí mismo en materia judicial, en pos de la salvación de causas insalvables, como la que implica al vicepresidente Amado Boudou en el affaire de la Calcográfica Ciccone
 
El primer magistrado en caer en desgracia por dicho tema fue Daniel Rafecas, quien, de acuerdo a lo exhibido por el letrado del vicepresidente en su teléfono celular, no hacía otra cosa que aconsejar al imputado. Aun así, lo incendiaron totalmente para separarlo de la causa. 
 
Rafecas no es un funcionario residual del duhaldismo, ni un juez que quedo del menemismo, ni de la servilleta de Carlos Corach. Es un académico del Departamento de Derecho Penal de la UBA y del riñón del mismísimo Eugenio Zaffaroni. Su más fiel y reconocido seguidor. Sin embargo ahí quedó, devorado por la exigencia de un imposible, salvar lo insalvable.
 
La causa de Boudou se deglutió también a Esteban Righi, primer Procurador General de la Nación de este gobierno. Righi es un reconocido jurista, pero además es históricamente un hombre totalmente proclive a la ideología jurídica que los K han abrazado al llegar al gobierno.
 
Así, una administración sostenida por la militancia de La Cámpora, sacrificó a un Procurador que fue ministro del Tío (Héctor J. Cámpora), para sostener a un vicepresidente “importado” de la UCeDé. Insólito.
 
Parece ser ahora, que también habían decidido “masticarse” al actual juez de la causa, Ariel Lijo.
 
Por cierto, designado por esta administración, y poseedor de una historia por la que resulta complejo llamarlo anti K. Lijo procesó a Carlos Menem y Carlos Corach por la causa Siemens; también a Alberto Kohan por presunto enriquecimiento ilícito; y sobreseyó a Guillermo Moreno por la causa en lo que se lo acusaba de amenazas y agresiones al directorio de Papel Prensa. Muy poco de anti K.
 
No obstante todo ello, ahora Lijo parece haber caído en desgracia y haber estado al borde de ser la siguiente víctima de la autofagia judicial K, simplemente por no tener recursos para evitar que el expediente de Boudou corra mejor suerte. Por cercano que sea un juez, hay cosas que no tienen arreglo, existen cuestiones que no puede resolver sin la certeza de entregar el propio pellejo.
 
No podemos olvidar en esta enumeración que la Corte Suprema de Justicia de la Nación en funciones también fue designada por el kirchnerismo. De 7 miembros, 4 fueron nombrados por este gobierno: Ricardo Lorenzetti, Eugenio Zaffaroni, Elena Highton y Carmen Argibay, fallecida hace solamente unos días. 
 
Sin embargo, en 2013 el gobierno rompió lanzas con la Corte porque esta decidió no declarar constitucional la reforma intentada al Consejo de la Magistratura.
 
Discrepo con quienes dicen que hacía falta una Corte independiente para resolver la inconstitucionalidad. 
 
En realidad, el enunciado es inverso: hubiese hecho falta una Corte brutalmente adicta, técnicamente lamentable y éticamente deleznable, para avalar la reforma que se intentó. Ningún magistrado en su sano juicio y que valore mínimamente su prestigio y su libertad ambulatoria, podía avalar semejante horror jurídico.
 
Otra vez, el gobierno pidió lo imposible, y como no lo obtuvo, destrozó su relación con la cabeza del Poder Judicial que el mismo kirchnerismo había construido, se autodeglutiónuevamente.
 
Podrían observarse también otros aspectos de su devenir político para que resulte más evidente la autofagia K, pero su relación con el Poder Judicial es más que suficiente para observar como el kirchnerismo de fin de ciclo, se alimenta de sí mismo.

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