¿De qué crisis se habla cuando, nuevamente, la Argentina afronta uno de sus recurrentes problemas cíclicos?
¿De una crisis parecida a la de 2001/2002 o de una diferente?
Nada es comparable, las situaciones son distintas.
Sin embargo, la crisis que ya enfrenta Cristina Fernández viuda de Kirchner, y que ella no remediará sino que la dejará aún más grande como herencia, es de unas características muy complejas que superan y la singularizan de la vivida hace más de 10 años atrás.
La Argentina administrada por los Kirchner es una las peores desgracias que le haya podido ocurrir al país.
Los Kirchner no solo han llevado a la República a la vera del precipicio de su descomposición sino que, además, han desaprovechado años extraordinarios donde un gobierno cualquiera, medianamente prolijo, algo capaz y tan solo un poco corrupto le hubiese dejado al país un futuro promisorio y con un presente muy lejano a este caos que afronta.
Con los antecedentes que Néstor Kirchner, principalmente, y su esposa acumularon, políticamente y gobernando Santa Cruz; alguien medianamente en su juicio podía abrigar la idea que ellos iban a cambiar su forma de concebir el poder, ya afincados en la Casa Rosada y en Olivos. La respuesta es: NO.
Pero de esperanzas vive el hombre, y especialmente, el argentino que venía de soportar un despiadado temporal a partir del mandato y la salida del presidente Fernando de la Rúa.
Una avalancha de ingresos provenientes de las exportaciones del campo y de automóviles a Brasil, más una gigantesca cuota de populismo, corrupción, impunidad y relato fueron confundiendo a muchos ciudadanos de todo el país; algunos de los cuales recién ahora despiertan de una larga siesta.
La tormenta perfecta se ha instalado como realidad nacional.
Nubes densas y un enmarañada confluencia de descargas eléctricas se ciernen en el presente y en el horizonte cercano.
No hay posibilidad alguna que el pronóstico falle.
El país colapsará como barco a la deriva.
Una Presidente ausente deja al descubierto –más que antes- la incapacidad, deshonestidad y torpeza de los funcionarios que acompañan a Cristina Fernández de Kirchner en el ejercicio del poder (“dime con quién andas y te diré quén eres”).
¿Piensa Ud. que la misma gente que llevó al país a esta calamitosa situación, está capacitada, posee la altura ética, moral y la credibilidad para sacar a la Argentina de la posición internacional avergonzante en la que se encuentra; y de la local que angustia?
¿Cree Ud. que los personajes de la política que se han alejado del gobierno nacional y hasta hace poco formaron parte de él, son los médicos adecuados para solucionar los problemas de los cuales ellos formaron parte?
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Las conductas prohibidas y dañinas que se han instalado en la sociedad y que ya ni siquiera sus integrantes son capaces de criticar son testigos suficientes de la decadencia en la que se convive.
No es conviente, no obstante, describir oscuro o negro el devenir del país, especialmente, cuando el calor agobia, la luz y el agua se cortan, el dinero no alcanza, el trabajo empieza a mermar, la devalución de la moneda es constante, y por ende , el umbral de tolerancia a la frustración es casi nulo.
Sin embargo, lo contrario sería seguir sumergido en una ficción repleta de falsedades como las empleadas en el relato cristikirchnerista, las que muchos creían y a las que otros apelaban, las que hoy se están siendo aniquiladas por la verdad.
Elija, Ud. puede.
Lo que no podrá hacer, a menos que sea parte de uno de los pocos privilegiados que se encuentra más allá del bien o del mal; o piense y pueda emigrar; es evitar recorrer un extenso lapso para empezar a emerger del subsuelo -sin número, pero bien profundo- al cual sumergió a millones de argentinos, una familia que privilegió el dinero y el poder: los Kirchner.