El pasado mes de noviembre un grupo de ingenieros nucleares de Japón empezó a retirar las barras de combustible de uranio y plutonio de la central nuclear, un paso difícil pero esencial en el plan de desmantelamiento de la planta, que durará varias décadas.
En 2011 un terremoto de magnitud 9,0 y un posterior tsunami dañaron seriamente a la central nuclear. La catástrofe dejó más de 18.000 muertos y desaparecidos y causó graves daños materiales, ya que alrededor de 380.000 edificios quedaron destruidos.
Mecanismos que reducen la radiactividad en el aire
La central nuclear de Fukushima Daiichi ha realizado emisiones a la atmósfera, durante mucho tiempo, formadas por un cóctel de productos radiactivos. En términos generales, tres son los mecanismos que contribuyen a reducir los niveles de contaminación y por lo tanto los niveles de riesgo:
1.- Las emisiones radiactivas se van diluyendo poco a poco en volúmenes de aire cada vez mayores. Obviamente, esto conduce a una disminución en la concentración de material radiactivo en el aire ( o, para ser más precisos, una bajada de la actividad en el aire expresada en Bq/m3). El aire que respiran las personas tiende a ser cada vez menos radiactivo.
2.- Los materiales radiactivos presentes en el aire se van depositando poco a poco en el suelo, lo que lleva de forma progresiva a reducir la nube radiactiva y, por tanto, también su peligrosidad. Se produce un depósito seco, de forma continua, sin que influyan las condiciones meteorológicas, y un depósito húmedo, más intenso, propiciado por la lluvia o la nieve. Al caer, limpian las masas de aire contaminado, que precipitan al suelo (o al mar) las partículas radiactivas en suspensión (aerosoles) y los gases solubles ( el caso del yodo radiactivo). Se espera que las nubes radiactivas permanezcan durante mucho tiempo en el Océano Pacífico y el Atlántico, donde las lluvias tendrán un menor impacto desde el punto de vista de la salud.
3,- La actividad de los materiales radiactivos disminuye con el tiempo: algunos de ellos, como el cesio 137 o el kriptón 85, lo hacen muy lentamente, pero otros con mucha rapidez. El ritmo de deterioro está determinado por el período de cada nucleido radiactivo.
Para el yodo 131 es de 8 días. Esto significa que en un período, en este caso 8 días, su actividad inicial se reduce a la mitad, y así sucesivamente a los 16 días…
Nota: La vida media no es suficiente para determinar el tiempo durante el cual una sustancia radiactiva es peligrosa. También debemos considerar su actividad inicial. Si la actividad inicial del yodo fuese de 80 Bq, un mes después, tras cuatro periodos, su actividad estaría dividida por 16, siendo por tanto de sólo 5 Bq, pero si la actividad inicial fuese de 8000 Bq, al cabo de ese tiempo sería todavía de 500 Bq.