El Gobierno tratará de mostrar que mantiene el control del Congreso, pero hoy es un dato que poco importa. Por un lado, la oposición del 2013 es muy diferente de la que existía en 2009. Dialoga y busca acuerdos, no hacer demostraciones de fuerza. Sin duda, a partir del 10 de Diciembre no habrá un nuevo Grupo A y el kirchnerismo deberá cuidarse de las fugas, que convierten cualquier mayoría actual en un espejismo.
(...) Pensar en un Sergio Uribarri como Jefe de Gabinete para posicionarlo como posible heredero no tiene en cuenta que el gobernador de Entre Ríos sólo lo conoce 7% del electorado. Lo mismo se puede decir del Presidente de la Cámara de Diputados, Julián Domínguez, o de cualquier ministro. Son figuras menores que no podrán ocupar el espacio que pueda dejar libre Cristina Fernández. La duda es si hay tiempo para poder construir uno.
Antes de que se abran las urnas, La Cámpora ya está desprestigiada, perdidosa y con su cúpula dividida; Unidos y Organizados no es más que un sello de goma y el Partido Justicialista puede buscar recuperar su independencia. Con esta debilidad estructural, sin Cristina Fernández y con menos de 30% del electorado a su favor, Daniel Scioli no se convierte en una opción, se transforma en una necesidad para la supervivencia, pese al desprecio que siempre le han dispensado.
La discusión interna que puede motivar en el kirchnerismo la herencia de Néstor y Cristina Kirchner puede generar todo tipo de internas, como las que hay en el Gabinete Nacional y que paralizan la gestión. En el fondo, el cristinismo talibán y el kirchnerismo de paladar negro pueden terminar separándose y atomizando su poder de fuego, como históricamente lo han hecho las agrupaciones de izquierda en la Argentina.
Daniel Scioli ha decidido no esperar el regreso de Cristina Fernández a la Casa Rosada. Usó el apoyo a la candidatura de Martín Insaurralde para ganarse la confianza kirchnerista mientras tejía una alianza con los gobernadores peronistas para relanzar al Partido Justicialista y posicionarse como heredero natural de Cristina Fernández. Haber viajado ayer a San Juan para visitar a José Luis Gioja confirma su intención de construir su candidatura presidencial desde adentro del oficialismo.
En una operación “cach all”, el Gobernador de Buenos Aires quiere quedarse con los restos humeantes del cristinismo, del kirchnerismo y recuperar al peronismo. Así, el sciolismo, como nuevo oficialismo, se construirá de los restos de colectivos que formaron parte del oficialismo peronista previo, como Juan Domingo Perón hizo el peronismo con radicales, conservadores, militares y una masa de trabajadores que reclamaba un “pedazo” del poder político y no tenía fidelidad partidaria fuerte.
(...) Cristina Fernández, si regresa a su cargo, sabe que el actual Gabinete Nacional no le asegura dos años de gobernabilidad. Pero no tiene mucho de dónde recurrir. Hoy, el entorno de la Presidente de la Nación es su principal enemigo. Puede que la renuncia no sea una opción, pero tampoco es una opción seguir gobernando con un grupo que con cada solución que le acerca termina por causarle más problemas.
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Los próximos meses serán muy duros, políticamente y economicamente hablando. Todos planificarán pensando en 2015. Pero dos años, en la Argentina, con un ciclo político en declive, problemas económicos crecientes, reacomodamiento del poder y un liderazgo político en duda, hacen que cualquier proyecto dure menos que el sueño de un niño. (...)."
"(...) "El apoyo a la democracia no es un fenómeno sólo de la Argentina, sino de toda América latina. Pero una constante desde hace más de diez años en el país es la insatisfacción con su funcionamiento. La gente espera que la democracia dé de comer, cure y eduque, y no siempre es el caso. Hay un déficit de resultados", describe el politólogo Ignacio Labaqui, profesor en la Universidad Católica Argentina (UCA). "Esto impacta cuando hay una crisis de representación y descontento con la oferta electoral, entonces la gente no va a votar o impugna el voto. No creo que eso pase aquí. Se ven altos niveles de participación, y el voto blanco o nulo no tiene niveles significativos. Hay opciones que están siendo vistas como canales para expresar descontento."
(...) ¿Con qué ánimo se define un voto cuando casi todos estamos convencidos de la corrupción de los políticos? "La corrupción influye menos de lo que debería. ¿La sociedad argentina valora la honestidad? Los hechos demuestran que no. El voto se asocia a la situación económica, algo que se suele asociar a la clase baja, pero las clase media y alta también votan con el bolsillo", señala Torcuato Sozio, abogado y director ejecutivo de la Asociación por los Derechos Civiles (ADC). "Y cuando se defiende por qué la Argentina tiene que tener gobiernos honestos se argumenta que así no habría accidentes de trenes. Los gobiernos honestos tienen que existir porque sí." Atado a la coyuntura, el voto argentino también elige por el corto plazo.
Como apunta Alejandro Moreno, profesor de Ciencia Política en el Instituto Tecnológico Autónomo de México (ITAM) y presidente de la Asociación Mundial de Investigadores de Opinión Pública (Wapor), "la construcción de la democracia es un proceso continuo, inacabado, incluso cotidiano, que tiene sus momentos de gran intensidad en las elecciones y la discusión pública que las rodea. Pero el votante debiera preguntarse si con depositar el voto basta".
En 2015, cuando se elija el próximo Presidente, más del 40% del padrón tendrá menos de 40 años, y muchos de los políticos que hoy están ganando protagonismo rondan esa edad. ¿El discurso de ideología suavizada y énfasis en solucionar "los problemas de la gente" que se afianza puede anticipar otros cambios? Más allá de una nueva generación de políticos, como a veces algo pomposamente se anuncia, ¿habrá una nueva generación de votantes?
En el prólogo del libro "Mundo extenso. Ensayo sobre la mutación política global", de Fernando Peirone (FCE), el sociólogo Marcelo Urresti escribió: "La generación emergente no adopta la forma del compromiso político preexistente. Los nuevos bárbaros tienden a ser nativos digitales, a tomar la vida activa como una oportunidad para construir sus proyectos vitales (...), a conformar incluso sin proponérselo una nueva escena para la expresión de ideas, debates y la conformación de redes y colectivos que se agrupan detrás de una iniciativa, eso que en otros momentos se hubiera llamado participación". A veces las sociedades van por delante de sus dirigentes, pero ¿defenderán además estos nuevos votantes la idea de que la democracia es cosa de todos los días? Eso, con redes o sin ellas, sería un paso adelante."
"(...) Con muy poco margen para el error, Sergio Massa, Daniel Scioli, Mauricio Macri, Hermes Binner y Julio Cobos quedarán consolidados como presidenciables para el 2015 después de las legislativas de hoy. A ese lote, tal vez, hasta podrían sumarse José de la Sota y el entrerriano Sergio Urribarri. Todos deberán recorrer, sin embargo, una transición que se avizora bien compleja. En ese camino podrían ir perdiendo aspiraciones. La historia de la vapuleada democracia lo demuestra: Antonio Cafiero fue el gran ganador en las elecciones de 1987 en Buenos Aires, pero sucumbió ante Carlos Menem en la pelea por la candidatura presidencial peronista; Graciela Fernández Meijide resultó, en ese mismo distrito, la gran revelación de 1997 venciendo al PJ aunque el trampolín de la Alianza a la Casa Rosada correspondió a Fernando de la Rúa.
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Parece curioso, pero por segunda vez en la Argentina una elección de medio término asoma sujeta a una gran previsibilidad. No es que no sucedan cosas ni dejen de irrumpir imponderables. Todo lo contrario. Pero el nuevo sistema de las primarias, malformado, se ha convertido en anticipo fiel sobre lo que vendría después. Ya pasó cuando Cristina Fernández ganó la reelección en el 2011: todas las conjeturas, entonces, rondaron acerca del volumen final que obtendría la Presidenta y de cuál sería el retador que quedaría a tiro. El debate ahora es similar tomando en cuenta un punto de partida inmutable: el Gobierno perderá en las cinco principales provincias (Buenos Aires, Capital, Santa Fe, Córdoba y Mendoza) que representan el 70% del padrón nacional.
Quizás el mayor interrogante a desentrañar, a esta altura, lo constituya Cristina.
La Presidenta se ausentó por enfermedad de la campaña desde la primera semana de este mes. Los médicos informaron el miércoles que se recupera bien pero que debe continuar con su reposo estricto. Confirmaron que su problema es la arritmia más que aquel hematona cerebral. No existe absoluta certeza sobre su fecha de retorno y algunas fuentes cristinistas mencionan la posibilidad de alguna filmación que se haría pública en los próximos días para mostrarla en franca recuperación. Lo hizo Menem, en los 90, cuando sufrió la operación en la carótida. A su vuelta, se encontrará con la nueva escena: una derrota electoral consumada y una transición, enfocada en su adiós, con sus pasos iniciales.
La primera duda tendría que ver con sus posibles reacciones anímicas y políticas. Sobre el primer tópico hay pistas permeadas de su encierro en Olivos: la Presidenta se siente retemplada después de superar la operación en su cabeza. Alrededor de su nuevo tiempo político se tiende un hermetismo inviolable.
¿Seguirá igual que antes? ¿Podrá hacerlo? ¿Buscará reconfigurar su sistema de decisiones y de poder? ¿Explorará otras alternativas?
Su tropiezo de salud, entre tantas cosas, pareció dejar en evidencia algo: el costo –también el fracaso– de su estilo de conducción.
Ese estilo lo aprendió y lo heredó de Néstor Kirchner. Aunque le dio, por razones de personalidad, varias vueltas de tuerca. Se refugió en un personalismo extremo y encogió hasta lo ínfimo a su entorno. En esta emergencia quedó demostrado: los únicos que tallan, de verdad, son Máximo, su hijo, y Carlos Zannini, el secretario Legal y Técnico. (...)".
"(...) Encuestas en manos de sus propios opositores señalan que la Presidenta tiene una imagen positiva en la provincia de Buenos Aires del 55 por ciento. Esos números han crecido desde que se conoció su enfermedad, pero antes ya eran altos. El promedio nacional de imagen positiva presidencial está por encima del 40 por ciento. Influye en ese promedio la opinión de distritos fuertemente antikirchneristas, como la Capital, Santa Fe y Córdoba. Con todo, no son números malos, ni mucho menos, para una gobernante que está en el poder desde hace seis años, aunque para la mayoría de la sociedad son diez años y no seis.
Las encuestas dicen cosas contradictorias. Esas mismas mediciones indican que una amplia mayoría, cercana al 70 por ciento de los consultados, está en desacuerdo con una re-reelección. Su imagen, además, no es correlativa con la intención de voto de sus candidatos, que perderán en todos los grandes distritos del país. Políticos bonaerenses que militan en el kirchnerismo reconocen también que la ausencia presidencial en el último tramo de la campaña ayudó a encoger la abismal diferencia que las encuestas pronosticaban, poco después de las primarias, entre Sergio Massa y Martín Insaurralde.
(...) La economía tiene problemas. La Presidenta lo sabe. ¿Cómo podría ignorarlos si autorizó un sacrilegio a la ortodoxia de su discurso? ¿No fue eso, acaso, la orden de pagarles a las empresas que ganaron juicios en tribunales internacionales? ¿No había dicho ella que no les pagaría, a pesar de que Barack Obama le pidió personalmente dos veces que saldara esas deudas?
(...) El problema de Cristina consiste en encontrar una fórmula para mejorar esa relación y que, al mismo tiempo, no se decepcione la militancia que creyó, y cree, que está en una batalla final contra "el imperio". Aquellas herejías se cometieron, por eso, sigilosamente. Pero ¿cómo destejer ahora el relato de una supuesta épica antiimperialista? ¿Cómo pedirle favores a Obama mientras sus militantes hablan mal de Obama?
Muy cerca del cristinismo están seguros de que la Presidenta volverá con un cambio de gabinete, sobre todo, económico. Es lo que creen o es lo que les conviene. Sea como fuere, gobernadores e intendentes que siguen leales a Cristina ya se están cansando de hacer gestiones para que se permita la importación de insumos esenciales para industrias instaladas en sus comarcas. Ninguno de nosotros ganará elecciones con trabajadores suspendidos o cesanteados, dijo uno de ellos. Y es lo que está pasando."