En Capital el número de víctimas trepó a 16, mientras que en el interior de la Provincia hubo por lo menos 26 casos con final trágico.
Ayer se conocieron tres nuevos hechos. El primero ocurrió en el barrio porteño de Vélez Sarsfield: el domingo a la tarde encontraron allí el cadáver de Morla. Para los investigadores, murió de un infarto por el susto que le provocó el robo.
En Rafael Castillo (La Matanza), mataron de un tiro en el pecho a un comerciante que iba a vender ropa a una feria. Reynaga, boliviano, fue atacado por cinco ladrones cuando iba en su auto con sus primos.
Por último, en La Plata, el estudiante de Odontología Fernández, también boliviano, fue acuchillado frente a su novia al resistirse a un robo.
Esta seguidilla había empezado el sábado, cuando mataron en Villa Urquiza a un sargento de la Federal en una entradera a su casa. Con él, solo en los últimos cuatro días hubo un crimen cada 24 horas.
A fines del mes pasado, la Corte Suprema de Justicia presentó un informe sobre homicidios registrados en 2011 sólo en Capital Federal. Según el relevamiento, entonces hubo 190 asesinatos dolosos (cometidos con intención), cuando en 2010 habían sido 168.
En el mismo período, según este informe, bajaron las muertes ocurridas en ocasión de robo: de 47 registradas en 2010 se pasó a 28 en 2011. Sin embargo, algunos datos se derivaron a categorías que disimulaban los casos de inseguridad, como la que engloba las muertes en casos de “legítima defensa”.
En éste se basó la presidenta Cristina Fernández para hablar de la inseguridad, el 3 de diciembre, en un acto de la Policía Federal. “En la región, la Argentina tiene los registros menores junto a Uruguay y Chile en materia de víctimas. Lo óptimo sería cero, pero si uno compara con ciudades como Nueva York, Los Angeles...”, apuntó.
La inseguridad, uno de los principales reclamos en el masivo cacerolazo del 8 de noviembre, sigue siendo una cuenta pendiente. La frialdad de las estadísticas contrasta con el dolor de cientos de familias de víctimas, para quienes sus vidas cambiaron para siempre en apenas un instante.