Hapgood explica que la sociedad actual es extremadamente dependiente de los sistemas eléctricos, lo que la convierte en extremadamente vulnerable. En mayo de 1921, una gran tormenta geomagnético quemó una central telefónica en Suecia. Antes, en septiembre 1859, un evento similar interrumpió las redes del emergente telégrafo, provocando incendios en las oficinas. Si una tormenta como esa ocurriera hoy dejaría amplias regiones sin electricidad durante varios meses, según un informe del UK National Grid (la red eléctrica británica). En USA, algunos análisis apuntan a alteraciones a gran escala, efectos que pueden durar años y un impacto económico de varios billones de dólares.
El origen de la amenaza se encuentra en las eyecciones de masa coronal (CME, por sus siglas en inglés), enormes erupciones de plasma cargadas magnéticamente que se producen durante las tormentas solares, y que aumentan el flujo de partículas en el viento solar cientos de veces. Cuando llegan a la Tierra, pueden afectar a las redes eléctricas y, además, modificar las órbitas de los satélites y poner en peligro las naves espaciales. La cuestión es, ¿estaremos preparados cuando una súper tormenta solar se nos venga encima?
Hay cierta capacidad para predecir el clima espacial a corto plazo. El Centro de Predicción de Clima Espacial en Boulder (Colorado, USA) puede proporcionar una alerta de una tormenta geomagnética fuerte con una antelación de 10 a 60 minutos y un 50% de fiabilidad, lo que permitiría tomar medidas para proteger las grandes redes eléctricas. Hapgood cree que la mejor advertencia de que debemos mejorar nuestras predicciones ocurrió el pasado marzo, cuando nos golpeó un gran CME. Las predicciones del día anterior variaron unas 18 horas. Muchas fueron inexactas. Por fortuna, no pasó a mayores.