Aunque, según la agencia de la ONU para los refugiados, alrededor de 2.000 civiles sirios se han refugiado o planean hacerlo en El Líbano, el Comité Internacional de la Cruz Roja (ICRC) asegura que no ha recibido por ahora permiso del Gobierno de Siria para entrar en la ciudad. Algo que se interpreta como un movimiento para evitar que los delegados de la organización vean las "masacres" provocadas en Homs.
Después de un mes de bombardeos por parte de las fuerzas del presidente Bashar el Asad, el hambre y los heridos aumentan en Homs. Activistas de oposición dijeron que los trabajadores de ayuda no podía entrar en la ciudad para que no vieran las "masacres" del ejército sirio.
El secretario general de la ONU, Ban Ki-moon, dijo el viernes que había recibido "informes espeluznantes" respecto a que las tropas estaban ejecutando y torturando a la gente en Homs después de que insurgentes abandonaron sus posiciones.
La ciudad fronteriza de Qusair, al sur de Homs, fue objeto de bombardeos por parte de las fuerzas gubernamentales, por lo que los residentes se han visto obligados a huir a pie a la vecina Líbano, dijo un testigo.
"La gente dijo que se quedaba en casa y de repente comenzó el bombardeo, y huyeron. Ellos me dijeron que esto es un depósito de bombardeos y disparos", dijo a Reuters el reportero Afif Diab hablando desde la frontera.
Las explosiones se oían desde la frontera libanesa, que está a 12 kilómetros de Qusair.
Los activistas también informaron de intensos bombardeos en la ciudad de Rastan, al norte de Homs, donde los rebeldes han estado ocultos.
"Los residentes me dijeron que los bombardeos comenzaron temprano esta mañana, poco después de que helicópteros y avionetas fueran vistas sobre la ciudad", dijo Rami Abdelrahman, director del Observatorio Sirio para los Derechos Humanos, con sede en Gran Bretaña
Enfrentamientos entre el opositor Ejército de Siria Libre y las tropas del Gobierno se registraron también en Jebel al-Zawiya, en el norte del país.
En Beirut
La comunidad internacional se ha mostrado impotente para detener la matanza en Siria, donde la represión de las protestas inicialmente pacíficas contra el Gobierno de Asad provocó una insurrección de los desertores del Ejército y otros grupos.
El Gobierno dice que está luchando contra "terroristas" apoyados por el extranjero, a los que acusa de matar a cientos de soldados y policías en todo el país.
Naciones Unidas dice que las fuerzas de seguridad sirias han matado a más de 7.500 civiles desde que se inició en marzo pasado la revuelta contra la familia Asad, en el poder hace cuatro décadas.
En el vecino Líbano, cientos de soldados y decenas de camiones militares y jeeps bloquearon el centro de Beirut la mañana del domingo antes de las protestas planeadas a favor y en contra de Asad, perteneciente a la secta alauí, una rama del islam chií.
El Líbano está formado principalmente por chiíes, suníes y cristianos, y es el hogar del poderoso grupo militante chií Hezbolá, que está respaldado por Irán.
Los estados árabes suníes Qatar y Arabia Saudí buscan la caída de Asad, e incluso han sugerido armar a opositores del mandatario.
"Habrá dos protestas", dijo un soldado libanés en Beirut, que pidió no ser identificado.
"El Ejército ha creado una línea de vehículos militares para impedir que las dos se reúnan. No vamos a permitir ningún tipo de violencia", agregó.
Turquía, ex aliado de Siria, dijo que Asad era culpable de "crímenes de guerra", mientras que China, que hasta ahora ha apoyado a Asad, dijo que era "muy preocupante que la situación en Siria siga siendo grave".
China, que junto con Rusia ha vetado en dos ocasiones resoluciones del Consejo de Seguridad de la ONU condenando a Damasco, instó al Gobierno y los rebeldes a poner fin a la violencia y comenzar las negociaciones, pero una vez más dijo que se oponía la intervención militar extranjera.
"Nos oponemos a cualquier interferencia en los asuntos internos de Siria bajo el pretexto de asuntos humanitarios", dijo un comunicado de la cancillería ifundido por la agencia de noticias Xinhua.