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Violencia en África: Kenia es hoy el caso paradigmático del continente

La cifra de muertes en Kenia desde las elecciones presidenciales del 27 de diciembre se aproxima ahora a 800. La violencia se desató en diferentes ciudades y enfrentó a oficialistas y opositores al nuevo gobierno. El caso de Kenia es sólo un ejemplo de África, donde los gobiernos y los pobladores se ven enfrentados día tras día a nuevas desgracias, producto de las luchas tribales y la explotación de los recursos naturales.

CIUDAD DE BUENOS AIRES (Urgente24) - La violencia poselectoral en Kenia, que el fin de semana dejó por lo menos 90 muertos, se reanudó hoy en numerosas localidades de la parte occidental del país africano, publicó el periódico Daily Nation en su edición digital.
De acuerdo con el diario, este lunes se reportaron disturbios en diferentes ciudades, donde los residentes reaccionaron violentamente a los informes sobre las muertes de la víspera en la ciudad de Naivasha. En esa ciudad, 14 cadáveres fueron hallados este lunes, lo que eleva la cifra de muertos en esa localidad a 28.
El secretario permanente del Ministerio de Transporte, Gerishon Ikiara, reportó también que 13 camiones de carga fueron incendiados por turbas que bloquearon varias carreteras en el occidente del país.
El foco del conflicto poselectoral se trasladó el domingo a Naivasha, a 70 kilómetros al noroeste de la capital Nairobi. En uno de los episodios de violencia en esa ciudad, por lo menos 16 personas -la mayoría mujeres y niños- murieron quemados cuando atacantes prendieron fuego a una casa, reportó hoy el diario The Standard.
En tanto, el equipo encabezado por el ex secretario general de las Naciones Unidas Kofi Annan intensificó sus esfuerzos por hallar una solución a la crisis que está acercando al país a una guerra civil.
Annan se reunió anoche con el presidente Mwai Kibaki y le informó sobre su visita a las áreas afectadas por la violencia, y el mandatario reiteró su disposición al diálogo con la oposición.
La cifra de muertes en Kenia desde las elecciones presidenciales del 27 de diciembre se aproxima ahora a 800.
Miembros de la etnia kikuyu, a la que pertenece Kibaki, se enfrentan a integrantes de las etnias luo and kalenjin que apoyaron a Raila Odinga en los comicios. Odinga acusa a Kibaki de haber triunfado a través del fraude, y se niega a reconocer el resultado de las elecciones.
La violencia es una moneda corriente en África, el continente más pobre y marginado del mundo, y Nigeria no es más que un caso de muchos. Ningún continente como África ha sido saqueado con tanta intensidad, ni ha vivido en condiciones de tanta violencia. En él se han dado migraciones forzadas, golpes de estado, guerras civiles, el azote del SIDA, hambrunas, genocidios, sequías e inundaciones.
Día a día, los medios del continente informan acerca de grandes desastres o masacres que rara vez llegan a interesar al resto del mundo: pareciera ser que la catástrofe en África debe superarse constantemente para conseguir ser noticia, cuando antes la noticia eran 10 muertos, ahora deben ser 100.
Y a pesar de esta situación de ignorancia mundial, algo llega a vislumbrarse con mayor o menor claridad: los conflictos en África, expandidos a lo largo y ancho del continente, tienen que ver con dos factores principales, la explotación de los recursos naturales y las guerras tribales.
Las guerras entre tribus son producto directo de la colonización europea. La formación de nuevos estados modernos para dividir territorialmente al continente no respetó la segmentación que había entre las tribus de las diferentes regiones, dando como consecuencia un enfrentamiento constante entre las diferentes facciones, con miles y miles de muertos en masacres vengativas y sanguinarias.
La historia de la actividad petrolera ha estado ligada a la violencia, a las dictaduras, a las masacres de los pueblos. Muchos de estos actos de violencia han tenido olor a petróleo. Nigeria ha vivido una dictadura desde 1967, año en que se inició la guerra civil en la zona petrolera de Biafra. Una sucesión de gobiernos dictatoriales han permitido que las empresas, como Shell, Agip, Chevron, Mobil, Elf, entre otras explotaran petróleo del Delta del Níger, atentando contra los derechos de las poblaciones locales y causando irreparables daños al medio ambiente. Numerosos defensores de los derechos humanos en Nigeria han sido ejecutados por oponerse al gobierno y denunciar los atropellos de las empresas petroleras.
En Chad, de donde parte el oleoducto Chad-Camerún, actualmente, los pueblos están divididos, debido a la herencia que recibieron de los colonizadores, quienes crearon fronteras artificiales, dando lugar a conflictos que aun no terminan. Se calcula que durante los años 80, al rededor de 40.000 personas fueron ejecutadas o desaparecieron.
En Libia se han dado fuertes campañas militares para acceder a sus enormes campos de petróleo. Otras acciones militares se han sucedido en Somalia, Sudán. Las muertes en estas acciones llegan a los cientos de miles. En este caso, la guerra por el control de los recursos petroleros, que se encuentran al sur del país, ha durando más de 16 años, causando la muerte de más de un millón de personas y más de tres millones de desplazados. Muchos pueblos, principalmente nubios, en la región petrolera de Sudán, se han visto obligados a abandonar sus tierras debido al acoso de bandas paramilitares. Igualmente, en Angola, una guerra civil de 16 años, causó la muerte de miles de personas.
Las fracciones políticas del país, impulsadas por el control de los recursos mineros y petroleros, contra los pueblos del sur de África (especialmente Angola) que empezó en los 70 y persiste hasta el día de hoy, y ya ha provocado más de 1000.000 de muertes y mutilaciones. En Argelia, cuyas reservas de petróleo comenzaron a ser explotadas en la década del 60, la guerra civil ha permanecido intermitentemente hasta el día de hoy. Casos similares tenemos en, Egipto y Gabón, Guinea Ecuatorial y muchos otros estados de África, en donde el petróleo y el gas han sido las causas de conflictos militares.
Así, el conflicto que vive Nigeria no representa una novedad. La mayoría de los países africanos viven sumidos en la miseria absoluta mientras sus gobiernos combaten contra disidentes o vecinos y negocian la explotación de los recursos naturales al mejor postor.

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