Asimismo, ha comunicado a Merkel que España necesitará ayuda con las emisiones de deuda y la recapitalización bancaria para cumplir con los requisitos de solvencia más exigentes, y una reforma laboral que rompa de una vez con la dinámica de destrucción de empleo que atenaza al país.
Rajoy también ha transmitido a la canciller germana la idea de que España va a necesitar ayuda económica por parte de Europa, para recapitalizar el sector bancario y afrontar el complicado calendario que deberá cumplir el año quie viene nuestro país con vencimientos que, entre deuda pública y banca, alcanzarán los € 350.000 millones, anticipó
el diario madrileño elEconomista.
En concreto, España solo podría necesitar hasta € 100.000 millones.
De ese dinero, € 50.000 millones utilizarían para sanear, de una vez por todas, los activos inmobiliarios que contaminan en estos momentos los balances de las entidades financieras y que están impidiendo a bancos y cajas mantener un nivel de concesión de créditos acorde a las necesidades de la economía y de las empresas españolas.
Las comunidades autónomas por su parte, podrían necesitar otros € 50.000 millones para equilibrar sus maltrechas cuentas.
Rajoy en cualquier caso, no quiere que este ayuda sea intrumentalizada como un rescate o una intervención, ni que implique una supervisión estricta por parte de organismos como el FMI. Una vez negociadas con Merkel la magnitud y la intensidad del ajuste que llevará a cabo el nuevo gobierno, el dinero, hasta los € 100.000 millones ya mencionados, saldría del Fondo Europeo de Estabilidad Financiera, entre cuyas nuevas atribuciones ya se encuentra la de conceder este tipo de préstamos.
Ayer, Angela Merkel aseguró ante el congreso de su partido, la CDU, que "las preocupaciones españolas son también las de los alemanes" y que su gobierno está dispuesto a apoyar a los socios europeos en apuros, siempre que éstos se comprometan a aplicar disciplina en sus actuaciones. Por su parte, fuentes del PP señalaron a elEconomista que los contactos entre el equipo de Rajoy y el Gobierno alemán -igual que con el francés- son constantes.