El reconocimiento en la nueva Constitución venezolana de distintas formas de propiedad, es un avance hacia el llamado Socialismo del siglo XXI, que permitirá a Chávez actuar con más arbitrariedad frente a los agentes y actores del mundo de los negocios y aumentar la influencia del Estado sobre la actividad económica. Es un paso hacia la estatización, pero con un avance flexible, que irá graduando de acuerdo a los intereses y circunstancias.
En cuanto al fin de la autonomía del Banco Central incluida en al reforma, es una avance más hacia la estatización de la economía y la concentración del poder institucional en el Presidente. Se elimina así un límite a la arbitrariedad del titular del Ejecutivo en el campo de la economía. Sobre la inclusión de la jornada laboral de seis horas, no conviene en la Constitución entrar en detalles operativos, como es esta disposición. La economía es dinámica, y este tipo de disposiciones no es conveniente que sean difíciles de modificar en el futuro.
En cuanto al debate sobre la reforma de la Constitución está totalmente politizado. Los partidarios de Chávez están a favor de la reforma y sus opositores en contra. Una alta abstención puede afectar la legitimidad de la reforma pero no su legalidad, y el Presidente venezolano no le dará demasiada importancia a la baja concurrencia si igualmente gana. Los conflictos violentos con muertos heridos y detenidos que tienen lugar en las calles y los sondeos que dan cuenta de una posible derrota de Chávez, han aumentado las tensiones y planteado la posibilidad de una crisis política. La escasez de alimentos, ha acentuado el malestar. Pero con petróleo cerca de los 100 dólares, el Presidente venezolano cuenta con recursos para enfrentarla.
Paralelamente, Bolivia enfrenta una grave crisis política por la reforma constitucional que impulsa Evo Morales. Han tenido lugar incidentes más graves que en Venezuela, con muertos, heridos y detenidos y el Presidente instó a sus partidarios a atacar los canales de TV. A los problemas políticos, ideológicos y sociales que ha generado el gobierno boliviano, agrega el planteo indigenista y el reclamo de autonomía de más de la mitad de los nueve departamentos del país, que puede derivar en algún tipo de secesión. El apoyo de Chávez es vital para Morales y la crisis venezolana puede limitarlo justo en el momento que el gobierno boliviano pasa por su momento más difícil. Pero el Presidente venezolano intentará apoyar a Morales, porque su derrota, puede alentar a la oposición venezolana, que se ha revitalizado en las últimas semanas, sumándose a ella el general Raúl Baduel, el anterior Ministro de Defensa de Chávez, lo que puede tener algún efecto dentro de las Fuerzas Armadas.
En conclusión: el objetivo central de la reforma constitucional que impulsa Chávez es imponer la reelección indefinida del Presidente, como la tiene Castro en Cuba; un triunfo de Chávez en el referéndum, impulsará a otros presidentes de la región hacia la reelección y en cambio su derrota hará más difícil este tipo de proyecto; la reelección indefinida combinada con el presidencialismo fuerte que rige en América Latina, deriva hacia regimenes de tipo autoritario; los conflictos violentos en las calles y la posibilidad de fraude que no puede descartarse pueden llevar a Venezuela a una crisis política grave, aunque el precio del petróleo juega a favor de Chávez y la crisis que tiene lugar en Bolivia por la reforma constitucional, tiene puntos de contacto con la venezolana, pero ingredientes propios, como el indigenismo y una posible secesión.