Discomfort index o índice de miseria: Aumenta la incomodidad en la Argentina
CIUDAD DE BUENOS AIRES (
Pero no siempre estos índices se mantienen estables. Arthur Okun, quien fuera asesor de los presidentes Kennedy y Johnson, nos legó varios índices simples y sencillos, que permiten tener una idea rápida de «qué es lo que está pasando» a nuestro alrededor. Durante la presidencia de Nixon, y como reflejo de la situación de stagflación que caracterizaba ese período, propuso con particular sentido del humor -tal como recuerda Alan Greenspan en su reciente libro- un índice de incomodidad o malestar (discomfort index, luego rebautizado como índice de miseria) definido como la suma simple de las tasas de desempleo y de inflación. Obsérvese que el malestar se asocia positivamente con un aumento de cualquiera de sus dos componentes, de modo que un aumento del índice revela que prevalece un deterioro de las condiciones futuras (de inflación, de empleo, o de ambas). Qué reflejaba este índice, sino que más allá del trade off o relación inversa en general esperada entre desempleo e inflación, hay períodos en los que un aumento del índice señalaría un deterioro de las condiciones macroeconómicas, y una pérdida de bienestar o «aumento de la incomodidad». En lo hechos, es un indicador más de deterioro (o mejora) de las condiciones macroeconómicas (o una proxy de malestar), así que lo designamos IDM.
¿Qué nos diría el mismo índice calculado para la Argentina en un período más o menos prolongado? Por un lado reflejaría en forma parcial las sensaciones de incomodidad con base en la situación económica, pues existen otras dimensiones que también son relevantes a la hora de anticipar o reflejar una sensación de pérdida de bienestar (en un país volátil como la Argentina, alguien probablemente agregaría otros componentes al índice, desde tasas de interés, a nivel de la presión tributaria).
