Aplican toxina botulínica en cuadros neurológicos
La Administración Nacional de Medicamentos, Alimentos y Tecnología Médica (ANMAT) autorizó el uso de la primera toxina botulínica pura.
El nuevo producto, denominado "neurotoxina botulínica tipo A fue desarrollado por el laboratorio alemán Merz y licenciado en nuestro país por Laboratorios Phoenix.
El fármaco se utiliza, entre otras aplicaciones, para el tratamiento de desórdenes neurológicos relacionados con el movimiento y, en estética, para la mejoría de las arrugas dinámicas.
La toxina botulínica, un eficaz relajante muscular, contaba entre sus mayores desventajas con la posible pérdida de efectividad a largo plazo. El Dr. Federico Micheli, jefe del Programa de Parkinson y Movimientos Anormales del Servicio de Neurología del Hospital de Clínicas ‘José de San Martín’, explicó ayer en rueda de prensa que "la toxina es una proteína, un cuerpo extraño que despierta la res-puesta inmune. Es por eso que a medida que transcurren las aplicaciones (infiltraciones) el organismo puede desarrollar resistencia secundaria a la sustancia, y ésta se torna inefectiva".
"Con la toxina botulínica alemana se pueden hacer más correcciones tras la aplicación"", destacó la Dra. Teresita Cravino, médica de la División Cirugía Plástica del Hospital de Clínicas ‘José de San Martín’. "Con la toxina tradicional, si era necesario algún retoque, sólo se podía efectuar dentro de los diez días de aplicada. Esto limitaba los resultados". Asimismo, "esta toxina no necesita cadena de frío, y se mantiene estable 36 meses a temperatura ambiente, lo cual hace más sencillo su transporte", indicó la Dra. Mercedes Fontana, médica del Servicio de Dermatología del Hospital Fernández.
* Cómo funciona
La neurotoxina botulínica produce relajación muscular en la zona de aplicación. "Actúa como si fuera una sección reversible del nervio: corta el impulso a nivel neurotransmisión y el músculo queda sin el estímulo nervioso", detalló el Dr. Micheli, quien además es profesor titular de Neurología de la Facultad de Medicina de la UBA. "Esto afloja enormemente el músculo, y es reversible, ya que el impulso se recupera al cabo de unos meses".
La toxina se aplica mediante una inyección intramuscular en la zona a tratar. Inhibe la liberación de acetilcolina, el neurotransmisor que activa la contracción del músculo, produciendo una relajación transitoria. Tras la infiltración, el bloqueo de la neurotransmisión es irreversible, y no puede ser modificado por estimulación eléctrica o farmacológica.
A los pocos meses esa sinapsis se regenera: se forman nuevas terminales nerviosas y placas terminales motoras, se recupera el impulso de transmisión, y el músculo vuelve a su estado original. Esta es la razón por la cual el tratamiento dura aproximadamente entre tres y cuatro meses, cuando, si es necesario, se reaplica la toxina.
* Una alternativa terapéutica
Existen tres tipos de arrugas: por envejecimiento, por elastosis solar (exceso de sol o de cama solar) y por contracción muscular mímica o ‘de expresión’ (patas de gallo, entrecejo, frente). Sobre estas últimas actúa la toxina botulínica: "ocupa el receptor de la acetilcolina del músculo, y esto se refleja en una disminución de las arrugas por contracción muscular", declaró la Dra. Mercedes Fontana. "Por las características de los músculos faciales, las zonas ideales para este tratamiento son los tercios superior e inferior de la cara. Cabe aclarar que esta sustancia no existe en cremas, ni rellena los surcos profundos, y en esos casos es preciso aplicar, además, relleno".
Específicamente, la toxina botulínica alemana se indica para la mejoría temporaria de las arrugas dinámicas del entrecejo (líneas glabelares), frontales y ‘patas de gallo’ de intensidad moderada a grave. La mejoría es visible durante la semana posterior al tratamiento, y el efecto dura hasta cuatro meses.
"El procedimiento no duele; es rápido (unos 20 minutos), ambulatorio, pudiendo retomar su actividad habitual de inmediato, seguro en manos experimentadas, y no deja secuelas, aun-que como casi toda práctica médica está contraindicada en el embarazo", especificó la Dra. Teresita Cravino. "Es un proceso inocuo que no produce reacciones alérgicas ni efectos adversos. Muchos pacientes nos consultan si puede causar botulismo: la respuesta es ‘no’, ya que debido a los procesos de elaboración, purificación y dosificación que tiene la toxina en su uso como medi-camento, es imposible que se desencadene esa enfermedad", subrayó la Dra. Fontana.
* Aplicaciones en neurología
La neurotoxina botulínica alemana está indicada para desórdenes neurológicos como el blefaroespasmo (párpados que se cierran en forma anormal) y tortícolis espasmódica.
"Todas aquellas situaciones en las cuales existe una contracción patológica de los músculos pueden beneficiarse con la aplicación de toxina botulínica", afirmó el Dr. Federico Micheli. "Empezó a utilizarse para el estrabismo: al debilitar al músculo del ojo que ‘tira’ en exceso, se corregía el problema. A partir de este hallazgo, en la década del ’60, comenzó a pensarse en su utilidad en desórdenes relacionados con contracciones musculares".
Así, primero se empleó en distonías, trastornos del movimiento en los cuales contracciones sostenidas del músculo causan torceduras y movimientos repetitivos o posturas anormales. "Entre ellas se encuentra el blefaroespasmo, un cierre involuntario y sostenido de los párpados que provoca ceguera funcional. No teníamos tratamiento para este problema, y desde que apareció la toxina se usa en el 99% de los pacientes: les cambia la vida".
También se aplicó para la tortícolis (torcedura de cuello) ocasionada por un trastorno del control motor. Al bloquear los músculos afectados, mejora el 70% de los pacientes, y no sólo eso: "se vio que el dolor, uno de los problemas más grandes derivados de esta afección, mejora muchísimo, no por alivio de la contractura, sino por un efecto adicional de la toxina", informó el neurólogo. Luego comenzó a utilizarse para otras distonías: de los miembros, del tronco, de la voz (laríngeas), con resultados variables, de espectaculares a moderados.
El siguiente paso en neurología fue el uso de neurotoxina en espasticidad, una rigidez dada por lesiones de la vía motora voluntaria, ya sea por daño cerebral o nervioso. Se presenta en casos de parálisis cerebral, de pacientes que sufren hemiplejia, en niños con problemas al nacer (por ahogo o fórceps). "En muchos de estos casos, la toxina mejora las posturas anormales, la posibilidad de higienizar las piernas de chiquitos que las tienen muy cerradas por espasticidad en los aductores, y otras aplicaciones". Esta sustancia también se aplica para aliviar cuadros de contractura muscular, cervicocefaleas y dolor, y se emplea para ‘denervar’, es decir, quitar transitoriamente la inervación de glándulas. "En afecciones como la ‘hiperhidrosis’, una sudoración excesiva que puede deteriorar la calidad de vida de quien la padece, con la toxina se bloquean ciertos nervios en palmas de las manos, de los pies y en las axilas, lo cual anula las glándulas sudoríparas durante más de seis meses con un buen control de la hiperhidrosis".
"Algunos pacientes con Parkinson o ELA (Esclerosis Lateral Amiotrófica) no tragan bien: se les acumula la saliva en la boca, con problemas de higiene, sociales, infecciones. Esto mejora mucho infiltrando las glándulas parótidas o submaxilares, es algo muy sencillo de hacer para un problema mayor en estos pacientes, con una solución local, que no requiere medicación sistémica", concluyó el Dr. Micheli.
