De todos modos, China no puede ver impasible cómo se hunde la eurozona y con ella la Unión Europea, dado que Europa constituye su principal mercado de exportación. Según el director del fondo de rescate, Klaus Regling, de visita en China la pasada semana, el 40% de los bonos emitidos por el FEEF han sido adquiridos por países del este asiático. Eso sí, con el 100% de garantía. La idea surgida en el gabinete europeo de crisis del pasado miércoles, de que la ampliación del fondo sólo sea garantizada parcialmente, es poco probable que estimule a los chinos (o a cualquier otro) a comprometer grandes sumas de dinero.
China debe también ponderar la influencia que le daría ante los países europeos un fuerte compromiso con la viabilidad del fondo, vis a vis los Estados Unidos, con los que mantiene continuas escaramuzas en la Organización Mundial del Comercio, aparte de una tensa relación de seguridad en el Pacífico occidental. China se siente hostigada por el Congreso estadounidense, y quiere ser reconocida como economía de mercado, a pesar del control del Estado sobre los sectores industrial y bancario. China tiene un gran interés en romper el embargo de armamento avanzado que le tienen impuesto los Estados Unidos y Europa.
Dos son los éxitos históricos reconocidos a China por todo el mundo, en los 30 años transcurridos desde que
Deng Xiao Ping rompió los dogmas revolucionarios que tenían paralizado al Partido Comunista:
> el desarrollo industrial, hasta llegar a ser la 2da. potencia industrial del mundo, y
> su impacto en la economía mundial a través del comercio, que le ha permitido una acumulación de US$3,2 billones de reservas, codiciadas ahora por Europa. Esta cantidad, sin embargo, debe ser contrabalanceada con los US$1,7 billón de deuda de las entidades municipales en 2009, resultantes del espectacular crecimiento de las ciudades.
La revolución campesina continúa
Hay, sin embargo, otro éxito menos notorio, pero de alcance interno más profundo.
Se trata de la revolución agrícola, que comenzó precisamente cuando se puso fin a las desastrosas consecuencias de la colectivización de la tierra, llevada a cabo por Mao Tse Tung después del triunfo de su revolución. Mao dejó a China con una masa campesina sin derechos y sin medios de vida, sujetas a hambrunas periódicas. Se estima que, entonces, el 65% de la población campesina eran pobres. Un proceso creciente de intitulación de los campesinos sobre los pedazos de tierra sobre los que trabajaban, ha reducido la pobreza al 4% en 2007.
Primero se reconoció a los campesinos el derecho a mercadear la producción colectiva, después se asignaron lotes individuales de tierras a 200 millones de familias colectivizadas; luego se les dio un título de arrendamiento por quince años. Actualmente rige un arrendamiento por 30 años.
En 2003 el Congreso del Pueblo estableció el principio de que la expropiación de tierras para fines urbanos comportaría indemnizaciones para los expropiados. En 2008 se autorizó la transmisión libre de propiedades aunque no su hipoteca. Se llevó a cabo un plan de desarrollo rural de US$590.000 millones, que llevó infraestructuras a las comunidades rurales.
En todo este tiempo, la productividad agrícola aumentó hasta el punto de sobrepasar por unidad de tierra a la de los Estados Unidos. La mejora de productividad produjo un gigantesco excedente de mano de obra (220 millones de campesinos), que emigró a las ciudades. La mano de obra abundante y barata da cuenta de la fenomenal expansión industrial de China.
Los campesinos
Esta evolución, sin embargo, se volvió en cierto modo contra los campesinos. La necesidad de acomodar una población urbana mayor presionaba a los municipios a apoderarse de las tierras circunvecinas, expulsando a los campesinos en base a dudosas leyes de fuerza mayor. Se calcula que las ventas de tierras municipales para la construcción (en gran parte procedentes de expropiaciones forzosas) rindieron a las arcas municipales de toda China US$464.000 millones en 2010. La corrupción era compañera inevitable de este proceso. Un sistema rudimentario de justicia se veía incapaz de asumir las demandas de protección de los campesinos. De ahí el crecimiento exponencial de los estallidos de protesta popular: 90.000 de media anual desde 2006.
Otro factor que puede reducir la disponibilidad de los excedentes financieros chinos es la nueva ley de seguros sociales, los cuales incluyen pensiones, asistencia médica, maternidad, etc. Este régimen se extenderá también a las empresas extranjeras operando en China, que hasta ahora estaban exentas de este tipo de cargas para que gozaran de una ventaja competitiva sobre las manufacturas procedentes del exterior. Una consecuencia colateral de la ley de seguridad social puede ser la desaparición de la mano de obra extranjera (Laos, Camboya, Vietnam, etc.), que era llevada a trabajar en China por bajísimos salarios y pobres condiciones de vida.
Otra consideración que limita la capacidad china de comprometer sus recursos financieros en la protección de economías ajenas (que de todas formas son su propio mercado) es la referente a la seguridad exterior. La cuestión del Mar del Sur de China se ha convertido en "un interés nacional central". Curiosamente, las generaciones jóvenes que se sirven de internet son notoriamente nacionalistas: una encuesta entre una muestra amplia de ellos reveló que el 92% cree que habría que recurrir a la fuerza armada para defender los intereses chinos en esa parte del mundo.
En resumen, la posibilidad de que un país como China, con una población inmensa llena de necesidades básicas, ponga a disposición de sociedades más ricas como son las europeas, unos recursos necesarios para su propia estabilidad y mejora, no es muy grande. Todo depende de cómo valoren los chinos la pérdida más o menos duradera de su gran mercado europeo.