Increíble guerra de narcotraficantes en la Ciudad de Buenos Aires
El peruano Angel Rojas Palacios no tomó precauciones al salir del edificio tomado donde vivía. Llevando un maletín caminó hacia avenida Córdoba, ayudado por la muleta plateada que lo acompañaba desde que alguien lo obligó a bajar de un segundo piso por la ventana.
Un joven de raza negra, tal vez su entregador, lo acompañaba. Juntos llegaron hasta Salguero y Cabrera, a 10 cuadras del shopping Alto Palermo, donde se encontraron con un hombre. El desconocido sacó un arma y le disparó 3 veces.
El sicario enseguida tomó el maletín, subió a una moto conducida por un cómplice, y huyó hacia avenida Santa Fe. El negro se dio vuelta y desapareció.
Eran las 10:40 del 9 de noviembre.
Erika, la novia de 29 años que tenía el asesinado, escuchó la noticia y salió corriendo hacia el lugar del crimen. Al llegar, reveló a la Policía la trama oculta de una pelea entre narcos que salió de la villa 1-11-14 del Bajo Flores para extenderse por la Ciudad: 5 meses antes, un hermano del muerto, llamado Segundo Rojas Palacios había entrado al ex Sanatorio Del Valle con un grupo armado y había echado a su gerente, un narco conocido como Andrés.
"Empezaron a vender drogas en el lugar", agregó en la causa 12.382/06, a cargo del fiscal Eduardo Cubría.
La revancha consta en otra causa, la 10735/06: el 13 de setiembre, Segundo Rojas Palacios fue asesinado de 7 balazos en la calle por 4 sicarios, que lo cruzaron de noche en la intersección de las calles Estados Unidos y Urquiza, pleno Boedo.
"Hay graves hechos criminales en los que se enfrentan diversas bandas por el dominio del territorio y que han desatado una violencia sin igual, ante la desidia, omisión y fracaso de las inteligencia y prevención que les corresponde a las autoridades respectivas, o tal vez su participación", señala una denuncia presentada por dos fiscales, publicada en el diario 'Clarín'.
"Las fuerzas de seguridad han dejado el control de varios territorios en manos de estos grupos, que se manejan con total impunidad, como lo hace la mafia", agrega.
"Los hechos se desarrollan en los barrios 1-11-14, Barrio Rivadavia I y II y ahora se han extendido a otras zonas, como Palermo, Once, Boedo y Almagro".
En 1997, 3 peruanos llegaron desde Lima a la villa 1-11-14 con sus familias. Eran Marco Antonio Estrada González ('Marcos'), su amigo Alionzo Rutillo Ramos Mariños ('Ruti') y el hermano de éste, Esidio Teobaldo Ramos Mariños ('Meteoro'). Los 3 habrían sido soldados de la organización guerrillera Sendero Luminoso.
El 12 de febrero de 1999, el también peruano Julio Chamorro Revollar, señalado en la causa 16.011/99 como jefe narco de la 1-11-14, descansaba en 'la canchita de los paraguayos', tras un partido de fútbol cuando apareció un grupo de sicarios. Sin decir palabra, lo fusilaron a él y a dos compañeros.
A 'Marcos' le dictaron orden de captura, pero a último momento un testigo clave se presentó en Tribunales y se desdijo. Lo acompañaba la esposa del acusado.
La jueza Silvia Ramond no pudo probarles nada.
'Ruti', 'Meteoro' y 'Marcos' hacían base en un pool de la villa. "Va un cargamento de 24 kilos", se los grabó en una escucha."¿Podés traer el polvito?", preguntaban en otra. "Por ese camino no hay pasada. Ya salieron de Lima", decían. "La otra vez te dejé US4 14.000, ¿tú que piensas que esto es vender pan?".
El grupo traía droga desde Perú por medio de "mulas" con cápsulas de cocaína ingeridas. En 2001 los detuvieron y terminaron condenados por "asociación ilícita". Alegaran ser humildes puesteros de la feria de La Salada, tal como tiempo después harían los Rojas Palacios, provocando sospechas de que ahí es donde lavan su dinero.
Silvana, mujer de 'Marcos', quedó al frente del negocio junto a su suegra. Un hermano se encargó de una ramificación y un sobrino pasó a manejar la seguridad, con un grupo de 'perros' (soldados) a cargo. Cada uno recibiría $ 30 a $ 60 al día.
2 agencias de remís de la villa empezaron a encargarse de llevar y traer droga y también de trasladar clientes. Los 'soldados' montan guardia 24 horas y se comunican con sistemas de timbres.
El 4 de mayo de 2004, 'Peluchín' —uno de los soldados más duros de 'Marcos'— fue a casa de Liliana Asencio Pérez y le exigió que sumara su remisería al sistema de distribución. La mujer se negó y un grupo de 'perros' disparó 17 balas contra su local.
A mediados de 2004, 'Marcos' y 'Meteoro' salieron en libertad tras cumplir 3 años y 2 meses de condena, mientras que 'Ruti' debió quedarse adentro un tiempo más porque lo habían atrapado con un documento falso.
'Marcos' decidió quedarse con todo el negocio y 'Meteoro' tuvo que recluirse en la villa 31 bis, en Retiro, donde esperó a que saliera libre 'Ruti'.
El 10 de setiembre de 2005, Moisés Abdala iba a comer un asado en la 1-11-14 cuando, en Camilo Torres y Bonorino, recibió un disparo letal al quedar en medio de un tiroteo entre 'Peluchín' —alineado con 'Marcos'— y sus ex socios.
A fines de octubre, en una causa por drogas tramitada por el fiscal Alberto Gentili, se registraron escuchas entre dos mujeres. "Ruti va a venir a matar a Marcos", decían.
El 29 de octubre de 2005, un equipo de 'perros' llegó a la 1-11-14 desde la villa 31 bis. Esperaron a que la procesión del 'Señor de los Milagros' —una tradición peruana— entrara con 500 personas por calle Bonorino y abrieron fuego. Mataron a 5, incluido un bebé de 7 meses. Una mujer recibió 12 tiros, pero sobrevivió para señalar a 'Ruti' como su agresor.
'Marcos' preparó su venganza: el 9 de diciembre, apareció estrangulado Alex Rodríguez Meléndez, un remisero de 'Ruti' que se había infiltrado en la organización rival y ayudó a huir a su jefe tras el ataque.
'Ruti' se entregó el 2 de marzo para ser juzgado por la masacre de la procesión. Su hermano 'Meteoro' tuvo menos suerte: el 6 de abril lo mataron en la 31 bis.
'Marcos' quedó como capo, pero 'Peluchín' había decidido abrir su propia distribución, aliándose con 2 grupos del vecino barrio Rivadavia: 'Los Pibes Chorros'y 'Los Quebrados', compitiendo con una familia paraguaya conocida como 'Los Soliz', quienes contrataron a un grupo de barrabravas como protección.
Todo indica que la Comisaría 38 conoce todo pero estaría percibiendo dinero de los capos. Probablemente no sólo la Comisaría 38 sino también estructuras superiores de la Federal. Al fin de cuentas nadie esconde que hay una profunda corrupción policial, que comienza con la licitación de las comisarías.
A veces el asunto es tan 'denso' que se toman algunas decisiones, hasta que aparezca el próximo grupo que controla la zona.
La fiscal de Instrucción Mónica Cuñarro y el fiscal federal Carlos Rívolo, cruzaron 20 causas judiciales y recibieron la colaboración de 15 fiscales y jueces. Su 1ra. conclusión fue que la Policía presentaría los hechos a la Justicia por separado y sin informar el telón de fondo, para que no se investigue.
"Las autoridades policiales no informan (a la Justicia) el trasfondo de esta intrincada trama, por lo cual las investigaciones se ven absolutamente obstaculizadas. O no lo informan, o participan, se verá. Lo cierto es que en las causas que tramitan poca prueba han producido", dice la denuncia.
"Al fraccionarse los hechos criminales y no vincular los móviles y las pruebas se impide el conocimiento acabado por parte de jueces y fiscales", agrega.
"Y no se trata de hechos aislados, sino que forman parte de una batalla para el control del tráfico de estupefacientes que se lleva a cabo sin mayores trabas con la tácita anuencia o participación de las autoridades que tienen a su cargo la seguridad".
Citado a declarar por el fiscal Adrián Gentili, el jefe de la 38ª, comisario Guillermo Sodini, negó tener noticia de que ese enfrentamiento estuviera ligado a una guerra entre bandas de narcos y dijo no conocer a sus protagonistas.
En Homicidios de la Federal, la misma cantinela de siempre: que no se avanza porque la Justicia "no autoriza allanamientos".
