"Ibarra y el melodrama"
Sr. Director:
Sr. Director:
Mas que del drama el tono empleado por Ibarra correspondía al melodrama. Horas y días de esforzados ensayos para ensayar la palabra justa, el tono lacrimógeno, le llevaron al consumado actor Aníbal Ibarra a desarrollar el personaje de un buen hombre, honesto y sensible que se conduele del dolor ajeno, especialmente (esto le salió un poco cursi) si se trata del dolor de padres.
Parecía salido del Actors Studio declamando su fingida inocencia (Ibarra es tan inocente como inocente es su hermana Vilma, la del estado civil siempre incierto, cambiante y confuso) este cultor del método Stanislavsky y falso benefactor del pueblo de Buenos Aires.
Evidentemente con su vaudevil se burla de la inteligencia y la buena fe de todos los porteños, los doscientos muertos le resbalan y quiere mantenerse en el poder. Para tal fin se aleccionaron testigos (los funcionarios), se fraguaron otros (la que acusó al hijo del Dr. Iglesias de encender la bengala), a familiares de víctimas se les dio un puesto en la administración pública, se hizo cambiar de opinión a los diputados de Zamora (Romagnoli y Olivetto) lubricándolos convenientemente y con fondos cuantiosos se hicieron sucesivos empapelamientos de la ciudad cubriendo con afiches injuriosos a los críticos a la corrupción de su gobierno.
Todo ayudado por su socio Kirchner y su prensa adicta (Clarín, Página 12, Infobae, Radio 10).
Un espacio preferencial en esta obra teatral para el patético personaje encarnado por su defensor Julio Strassera, de mirada perdida, dicción confusa y gesto desapacible. Para colmo su cara, principalmente los rasgos de su rostro con un toque de Natán Pinzón, no le ayudan en el personaje de bueno en que quiso meterse. Se le recomienda en próximas actuaciones elegir otro tipo mas creíble de acuerdo a su faz.
En definitiva, por todo esto y mucho mas que por razones de síntesis prescindimos, esperemos que baje un telón perpetuo para Ibarra y quede inhabilitado para la función pública por que es un verdaero peligro para la ciudadanía.
Atte.
Federico Arce