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Los candidatos y sus discursos contradictorios

Aguda reflexión sobre los candidatos políticos y las alternativas posibles en la Argentina 2007.

En los ultimos meses irrumpió en el escenario politico la figura del Dr. Lavagna como un gran iman de expectativas y rápidamente encontró una explosiva adhesion, entre quienes se sentían desplazados del centro del poder o iban perdiendo protagonismo, que otrora los habia encumbrado en el 'jet set' político.
Mezclando intereses, heridas, resentimientos y necesidades de asociación al reparto de favores, se produjo lo que hace varios años un político ya desaparecido preanunciaba como la division de aguas, rebautizado últimamente el concepto como 'transversalidad', y que en la práctica se manifiesta como 'borocotizacion' y todo lo que ello implica ées las implicancias del rumbo que podrá seguir nuestro país, elecciones mediante, en 2007.
Los candidatos que se perfilan como más contradictorios son los que ya han lanzado sus candidaturas aunque por cuestiones tácticas algunos lo nieguen o digan que su decisió final se producirá más adelante, mientras que hasta el más inadvertido nota que están desplegando sus acuerdos, algunos más espúrios que otros y con el método de la ambulancia, van levantando heridos o resucitando personalidades que no se conforman con un honorable retiro de la política activa, como lo hacen los ex-presidentes y ex-primeros ministros de los países centrales.
Empezando por la familia  K, continuando con Sobisch y el más reciente Lavagna, hay un denominador comúun que los identifica por las evidentes contradicciones entre sus manifestaciones, sus acciones y las 'realidades conducentes', como dirian hace varias decadas atrás.
Kirchner habla de madurez, responsabilidad, de querer beneficiar al pueblo, mientras sigue ocultando fondos públicos en el exterior, confronta interna y externamente, impulsa la tergiversación de la historia, divide la sociedad, ampara a delicuentes usurpadores, pide proyectos alternativos, mientras se mofa a través del desplante, destruye el futuro productivo, debido a su sesgada y estrábica visión ideológica cargada de anacronismo al juntarse con lo peor del socialismo estalinista, y payasescos personajes, sustentado en la bonanza del superávit fiscal, y persigue al periodismo no comprometido con su autoritarismo.
Sobisch, que sólo reunió en su provincia una cantidad de votos similar a la de Laporta en la Ciudad de Buenos Aires, destruye el Poder Judicial de su provincia, se le conocen abundantes negociados, persigue al igual que Kirchner a la prensa libre y conduce como caudillo. También quiere ser Presidente, posibilitado gracias al alto precio del petróleo que le permiten dilapidar fondos en cuestiones que no mejoran el bienestar de la gente, distando de ser un estadista, apoyándose en algunos sellos de goma y pretende captar al voto independiente.
El caso de Lavagna es un poco distinto porque no ostenta el poder, pero participó tanto de los gobiernos del inolvidable Duhalde con su devaluación que nos hizo retroceder económicamente más de una década, pauperizó a quienes debía beneficiar, pero que realmente lo hizo con los que licuaron sus deudas y saqueó a los inversores tanto locales como externos, participando del actual gobierno.
Esto no es poco, pero tampoco es todo, pues estamos en presencia del máximo exponente de todas las contradicciones y la de sus aparentes sostenedores entre sí, amontonando a duhaldistas (El General), algunos empresarios, cámaras y clubes que funcionan como cortesanos y la frutilla del postre es que eleva su voz contra la reelección declarándola 'traición a la patria', mientras procede de un partido que permanentemente promueve reelecciones.
Por su parte Kirchner cobija al grupo radical disidente, cuya mayoría de exponentes se reeligen eternamente como los casos más emblemáticos  de los intendentes Posse y Garcia, ahora compañeros de ruta K, un verdadero "nivel de prostitución inaudito", como dice Ricardo López Murphy.
¿Cómo pueden tener credibilidad estos tres candidatos ante las contradicciones expuestas?
Esperemos evitar una nueva aventura de pronóstico incierto. Votando al menos malo degradamos la República.

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