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Cristóbal Colón, un marino brillante pero casi desconocido

¿Por qué América se llama así, en honor a un cartógrafo, Americo Vespucio, y no rinde homenaje a su descubridor, el notable marino Cristóbal Colón? Pero es la realidad, a 500 años de la muerte del descubridor del Nuevo Mundo.

Hoy se cumplen hoy 500 años de la muerte de Cristóbal Colon. España le debe mucho a un marino que hasta el día de hoy se ignora con precisión si era catalán, genovés, mallorquín o portugués.
También se ignora "cuánto sabía" el almirante antes de emprender el primero de sus cuatro viajes.
Durante muchos siglos, filósofos, teólogos y hombres de ciencia habían asegurado que la Tierra era plana como un disco y estaba limitada por un mar infernal que se extendía, al oeste, más allá del cabo Finisterre y del estrecho de Gibraltar, situados en los extremos occidentales del mundo conocido.
Ese océano, afirmaban, no era navegable, y todo aquel que se aventuraba por sus aguas no regresaba nunca, engullido por sus terribles abismos o devorado por los numerosos monstruos que lo poblaban.
Cristóbal Colón no fue el primero en creer que la Tierra era redonda, pues en su tiempo eran ya muchos quienes sostenían esta tesis. En todos los puertos europeos se contaban historias semilegendarias de hombres que habían atravesado aquel enorme mar y encontrado tierra al otro lado, por lo que no debía de ser imposible seguir su ejemplo y alcanzar por vía marítima el extremo oriental de Asia, tal como Marco Polo había hecho por tierra.
Ese fue el propósito de Colón, quien no podía sospechar que entre Europa y las míticas Catay y Cipango (nombre que sus contemporáneos daban a China y Japón) había nada menos que un continente ignorado por todos. Este desconocimiento hizo que protagonizase la hazaña individual más importante de la historia de la humanidad, el descubrimiento de América, aunque muriera sin tener conciencia de ello.
La decisión de Colón de buscar dicho camino se basaba en una estimación realmente infravalorada de la distancia de océano que se debía atravesar.
La principal fuente de información acerca de la pequeñez del mar fue la Imago Mundi, de Pierre d'Ailly, quien afirmó repetidamente que España estaba próxima a la India, separada solamente por un estrecho mar.
D'Ailly hizo notar que un pasaje del Libro de Esdras afirmaba que seis partes del globo eran habitables y sólo la séptima estaba cubierta con agua, testimonio que Colón consideró obviamente como significativo.
Colón estuvo también influido por el florentino Paolo Toscanelli quien, en una famosa carta a un corresponsal portugués, afirmaba que la provincia de Mangi estaba a unas 5.000 millas náuticas al oeste de Lisboa y que Cipango estaba incluso más próximo.
Colón había visto una copia de esta carta no mucho después de 1481, cuando residía en Portugal. Una esfera terrestre construida en 1492 por el cartógrafo alemán Martín Behaim siguió con exactitud la estimación de Toscanelli, pero Colón redujo todavía más aquellas cifras al disminuir en una cuarta parte la magnitud aceptada para un grado de longitud.
Colón creyó haber confirmado algunos cálculos medievales del diámetro de la Tierra con sus observaciones.
En una nota marginal (núm. 490) a su copia del Imago Mundi, escribió lo siguiente: "Nota que a menudo navegando de Lisboa hacia el sur de Guinea yo he observado con cuidado el trayecto que hacen los capitanes y los marinos; y en seguida he tomado la altura del Sol con el cuadrante y otros instrumentos en varios sentidos, y he encontrado que ella concordaba con los datos de Alfragán, a saber, que a cada grado corresponden 56 2/3 millas; por ello hay que prestar fe a esos cálculos; se puede, pues, decir que el circuito de la Tierra bajo el círculo equinoccial es de 20.400 millas. ES tal como lo habían establecido el maestro, médico y astrólogo José Vicinho y varios otros que fueron enviados expresamente para esto por el Serenísimo Rey de Portugal".
Otras notas al margen repiten la cifra de 56,66 millas para el grado.
Colón fue conocido por sus contemporáneos como un gran navegante. No determinaba las latitudes en alta mar, sino que navegaba por estima, esto es, apreciando según su parecer la distancia recorrida en veinticuatro horas y registrando el rumbo según el compás náutico.
Utilizó el cuadrante marino y la plomada para observar la altura de la estrella polar, pero tan sólo como una comprobación de la estima. Para registrar la latitud, no hizo uso de fórmulas, sino de una tabla de latitudes correspondientes a los días de solsticio.
Se hallaban las horas que duraba el día, tal como se determinaban por la ampolleta y luego se leía la latitud.
Colón fue el primero en consignar por escrito la variación de la aguja magnética, aunque los modernos especialistas tienden a concluir que los pilotos portugueses debieron conocer este fenómeno con anterioridad.
Por otra parte, logró determinar la longitud mediante la observación de un eclipse de Luna. Sus numerosas observaciones astronómicas le llevaron a la extraña conclusión de que la Tierra no era redonda, sino de forma de pera, con una protuberancia del tipo de un pezón.
Colón fue un agudo observador de las corrientes y vientos oceánicos y, como consecuencia de ello, inauguró las grandes rutas de navegación del Atlántico norte.
En su viaje de vuelta, basándose en observaciones previas de marinos portugueses y en las suyas propias extraídas de un viaje a Islandia, navegó con rumbo noreste hasta la latitud de las Azores, antes de encaminarse al Este, porque sabía que allí prevalecían los vientos del Oeste.
Colón tenía un conocimiento de primera mano de la cartografía, el comercio practicado por su hermano Bartolomé en Lisboa; en el diario de su primer viaje afirmaba: "tengo propósito de hazer carta nueva de navegar, en la qual situaré toda la mar y tierras del mar Océano en sus proprios lugares, debaxo su viento".
De hecho, en los Pleitos de 1514, un testigo daba cuenta de que todos los exploradores de Tierra Firme después de Colón "y van por las cartas quel dicho Almirante de aquella navegación avia hecho e hizo, porque de todo lo que descubría solía hazer cartas".
Debe observarse que, mientras que las cartas de Colón tenían siempre escalas de distancias, carecían de cuadrículas de latitud y longitud, porque continuaba pensando en términos de "climas" ptolemaicos.
Colón, como muchos otros autores de la época de los descubrimientos, hizo frecuentes referencias a Ptolomeo y persistió en el intento de hacer nuevos descubrimientos acordes con el sistema ptolemaico.
Sin embargo, Colón tuvo sus terribles problemas con el presente y la posteridad.
El segundo viaje de Colón, iniciado en 1493, significó en cierto modo el comienzo de su declive, pues reveló el terrible error que había cometido dejando aquellos cuarenta hombres y puso de manifiesto sus pocas dotes de mando.
Una vez más la travesía se hizo sin contratiempos y en poco más de un mes la expedición, compuesta por una flota de diecisiete naves con mil doscientos hombres a bordo, llegó a La Española. Su misión era establecerse sólidamente en las Indias y ampliar el descubrimiento para alcanzar los territorios de Catay, todo ello bajo las órdenes de Cristóbal Colón.
El almirante reconoció fácilmente el lugar en el que había mandado construir el rudimentario fuerte Navidad: todo había sido incendiado y los cadáveres descompuestos de los españoles asomaban entre los escombros.
Al efectuar un reconocimiento del interior de la isla fue encontrado el cacique Guacanagari, pero resultó totalmente imposible obtener de él una explicación del convincente y escrupuloso desastre acaecido.
A partir de ese momento Colón empezó a tener problemas con los indígenas, a quienes amenazó con convertir en esclavos si no le entregaban grandes cantidades de oro y es-pecias, y con sus propios compañeros, descontentos con la realidad de un viaje que debía de ser prometedor para aparecer en extremo dificultoso e incómodo.
Colón, alternativamente demasiado duro o demasiado blando ante la conducta de unos y otros, fue incapaz de imponerse: empezó a ser palmario que el gran navegante era un pésimo administrador, iracundo, vengativo e indeciso. tanto que hasta sus colaboradores empezaron a detestarlo Y no perdieron ocasión de criticarlo ásperamente en sus informes a la corte.
Cinco años después, en su tercer viaje, todos estos problemas se acentuaron, hasta el punto de ser designado por los reyes un comisario real, Francisco de Bobadilla, que se trasladó a las Indias con plenos poderes para tratar de poner orden en la gobernación de Colón.
Bobadilla, poco cauteloso mandó apresar al genovés y a sus hermanos y los envió a España encontrándolos culpables de varios crímenes, incluyendo los de severidad excesiva e injusticia manifiesta.
El almirante regresó a la Península encadenado, y aunque Isabel de Castilla ordenó al saberlo que fuese puesto en libertad inmediatamente, cuando Colón pidió la parte de los beneficios generados por la expedición que según lo acordado le correspondía, los soberanos se mostraron reacios a satisfacer sus demandas.
Además, decidieron destituirle de su cargo de gobernador y suprimir sus privilegios, dejándole no obstante los títulos de virrey y almirante.
Lo nuevo
Un grupo de investigadores españoles anunció que los restos de Cristóbal Colón permanecen enterrados en Sevilla, revelando uno de los grandes misterios que rodean al descubridor de América. Los investigadores, que han estudiado muestras de ADN de restos de huesos de 500 años, dijeron que han resuelto así uno de los misterios sobre la vida de Cristóbal Colón: el lugar donde fue enterrado.
Tanto España como la República Dominicana sostienen que poseen los restos de Colón. Marcial Castro, historiador y profesor que ha dirigido el proyecto que comenzó en el 2002, dijo que los presuntos huesos de Colón enterrados en una catedral de Sevilla son efectivamente del explorador.
Un equipo de forenses dirigido por el genetista español José Antonio Lorente ha comparado el ADN de los huesos que España sostiene son de Colón _sepultados en una catedral de Sevilla_ con el ADN de los restos de su hermano Diego, que también fue sepultado en esa ciudad del sur español. Los exámenes de ambas pruebas de ADN han dejado en claro que tanto Cristóbal Colón como su hermano fueron enterrados allí.
"Hay una coincidencia absoluta entre el ADN mitocondrial estudiado del hermano de Colón y Cristóbal Colón", manifestó Castro. El motocondrial es un componente de las células rico en ADN. Castro y sus colegas investigadores han tratado en vano durante años de convencer a las autoridades de República Dominicana para que abran un monumento en el que sostienen están los restos del explorador.
El objetivo era comparar los restos que permanecen allí con los de España, para determinar en cuál de los dos países había sido enterrado Colón.
Colón llegó a América en 1492, primero a la isla de la Española, que comparten actualmente la República Dominicana y Haití. Castro sostiene que en vista de las evidencias de ADN de España, el objetivo de abrir la tumba de Santo Domingo sería determinar quién está enterrado allí.
"Ahora mismo el estudio de la República Dominicana es más necesario, más apasionante que nunca", declaró. Los historiadores han debatido durante más de 100 años si España o la República Dominicana tienen los derechos legítimos en sus aseveraciones de que poseen los restos de Colón.

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