Documento de la UCR: "No convalidaremos el Unicato"
"La naturaleza y los contenidos del sistema democrático en la República Argentina han sido motivo desde siempre de sustanciosos debates, en cada época con sus particularidades, pero siempre con el compromiso de una sociedad civil que, aún en los peores momentos de crisis, jamás pensó en otras opciones que no fueran las elegidas como forma de vida desde 1983.
Entre otras cuestiones importantes, quizás la más trascendente hoy sea la configuración del nuevo esquema de protagonistas que ofrece la realidad política actual.
La crisis de los años 2001 y 2002 repercutió sobre el sistema político y reconfiguró el concepto de oficialismo y oposición e, inclusive, afecto las propias prácticas del sistema político.
Consecuencia directa de este proceso es la crisis de los partidos políticos, del sistema de representación y de la mayoría de nuestras instituciones políticas.
Es imperioso hoy, saliendo ya de la emergencia económica-social, discutir las bases del sistema que sostendrá a la democracia en los próximos años en la Argentina.
Y ese debate no puede estar teñido de especulaciones electorales, ni de mezquindades o intereses subalternos .
La UCR, protagonista esencial de la vida democrática del país, pretende seguir siendo eso. Un partido político con organicidad , autonomía, presencia nacional federal y, fundamentalmente, alternativa política en cada momento en que el ciudadano deba elegir.
Seguimos pensando que la base de toda democracia sólida y plural es el sistema de partidos.
Pareciera de perogrullo tener que describir, en este contexto, cuál debe ser el lugar a ocupar por la UCR.
La propia naturaleza del sistema nos exige ser la alternativa al gobierno. No otra cosa significa ejercer Gobernaciones e Intendencias; constituir los Bloques más importantes después del oficialismo en el Congreso, y ocupará las posiciones que constitucionalmente nos corresponden en la AGN y en el Consejo de la Magistratura.
Ser opositor no implica constituirse en una opción antagónica y virulenta que aspire al fracaso del Gobierno para acceder al poder.
¿Cómo podríamos serlo si hemos sido víctimas de esa concepción en otros momentos del país?
La conducta de nuestros Bloques en el Congreso avalan la definición.
Si se revisan las leyes de los últimos años, se vera con claridad que hemos acompañado todas aquellas iniciativas que han contribuido al bienestar de nuestro pueblo, ofrecido alternativas superadoras en muchos casos y, por supuesto, levantado nuestra voz y votado en contra de aquellas propuestas que entendíamos y entendemos lesionan los principios en que se sustenta la República.
De eso se trata. Nada más ni nada menos que de seguir conservando la inmensa independencia de concertar y disentir. De acordar sin perder identidad. De tener la estatura moral suficiente para decir que sí, pero esencialmente para poder decir que no. Sobre todo frente a quién, en muchas ocasiones, no distingue los límites en lo legal y lo ilegal, lo justo de lo injusto, lo bueno de lo malo.
En épocas de crisis extrema, el sistema admite e inclusive reclama políticas comunes, porque la exacerbación de las diferencias pueden significar la profundización de la tragedia.
Hoy se nos reclama la distinción, no desde el antagonismo destructor, sino desde la construcción de una alternativa progresista y republicana, que pueda mejorar y superar a la propuesta oficial .
Para ello, nuestro compromiso de profundizar el diálogo con otros actores políticos y sociales que compartan nuestra vocación transformadora, democrática y federal.
¿Se dice de concertar? Estamos dispuestos a discutir orgánica e institucionalmente con el gobierno. De partido a partido sobre la base del debido respeto a la discrepancia, ejerciendo auténticamente la invocada pluralidad.
Nuestra agenda no tiene matices internos. Ley de Coparticipación Federal, Reforma Tributaria, Reforma Previsional, Nueva Ley de Educación, Universalización de Programas Sociales, fortalecimiento del Mercosur,
subsidios del Estado al sector privado, Plan Energético Nacional, etc.
Colocamos a la Coparticipación en primer lugar no por casualidad. Es, sin duda, el debate más urgente y el que más implicancia tendrá, sobre la vida de cada ciudadano y del propio sistema político.
Un país que distribuye el total de sus ingresos en 72% para la Nación, y 28 % para el conjunto de sus provincias no puede ni comenzar el debate sobre desarrollo humano equitativo, y mucho menos sobre autonomía federal. Donde no hay independencia económica no puede haber independencia política.
La discrecionalidad y opacidad en el manejo de los fondos públicos, sumado a la falta absoluta de reglas de juego en el Federalismo Argentino, son armas que sirven a quienes pretenden consolidar posiciones hegemonicas.
El sometimiento a este esquema perverso de ejercicio del poder sería una claudicación que no solo debilitaría la factibilidad de las alternativas, sino que lesionaría gravemente los pilares mismos del sistema democrático, convirtiendo a la Argentina en un Unicato.
No estamos dispuestos a consentirlo. Y en esa tarea, no puede haber ningún dirigente radical que se excluya o se confunda.
Ya vendrá el tiempo de las discusiones electorales. La de hoy, es una discusión de principios.
Buenos Aires, Junio 22 de 2006".
Plenario del Comité Federal de la Unión Cívica Radical.