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Béliz: "Stiuso era conocido antes que yo hablara de él"

Muy interesante para futuros casos similares, la fundamentación de Gustavo Béliz en la demanda que le ganó a Antonio Horacio Stiuso y la Secretaría de Inteligencia.

CIUDAD DE BUENOS AIRES (Urgente24). Ya se conoce que Gustavo Osvaldo Béliz fue absuelto de culpa y cargo de la demanda que le promovió Antonio Horacio Stiuso por supuesta violación de la identidad de un agente de la Secretaría de Inteligencia.

 
Sin embargo, al difundirse los fundamentos del fallo, resultan interesantes algunos fragmentos de la definición de la Causa n° 958/08 “Béliz, Gustavo Osvaldo s/ inf. art. 222 del C.P.”, que juzgó el Tribunal Oral Federal Nº3.
 
Béliz apuntó a demostrar que la identidad de Stiuso ya era conocida antes de que él difundiera la fotografía del ingeniero electrónico devenido en espía profesional, en el programa Hora Clave, de Mariano Grondona.
 
Béliz realizó una interesante fundamentación:
 
"(...) Por otra parte, arguyó que, aún en la absurda hipótesis de la inexistencia de revelación de identidad si no hay revelación de imagen, ese requisito también estaba cumplido, ya que un amplísimo número de personas, además de conocer el nombre de Stiuso, su lugar de trabajo, jerarquía y actividad, también identificaron su imagen en las audiencias públicas llevadas a cabo en las causas “AMIA” y “Strawberry”, entre otros.

Remarcó que, tal como lo había relatado el comisario Jorge Eduardo Fernández durante la audiencia, el legajo policial de Horacio Antonio Stiuso no estaba reservado de ninguna manera especial en la dependencia a su cargo y que sólo lo estuvo a partir de los hechos que motivaron esta causa, junto con los legajos de los funcionarios más importantes del Estado. Respecto de esto último, hizo notar la circunstancia de haber sido resguardado junto con los legajos de altos funcionarios del Estado Nacional y no como un mero “topo”.

En referencia a dicho legajo, destacó que, según surge de la copia glosada a fs. 154, en ocasión de renovar su pasaporte el 10 de marzo de 1980, Stiuso ya decía trabajar en la S.I.D.E..

También citó la declaración prestada por el doctor Acevedo, ex secretario de inteligencia, en cuanto sostuvo que Stiuso ocupaba un cargo político y que había actuado en comisiones legislativas y ante la justicia.

Más adelante, la defensa recordó que Stiuso también había actuado sin reserva de identidad en las múltiples querellas que había promovido contra fiscales, periodistas y jueces.

Finalmente, el defensor se preguntó qué secreto podía haber si cuando se ingresa en un buscador de la “web” el apellido “Stiuso” o “Stiusso”, hay más de siete mil datos e imágenes vinculados a aquél; información que, destacó, es accesible para millones de ciudadanos en
Argentina y en todo el mundo.

Por otra parte, afirmó que no podía confundirse la condición de secreto con la de no famoso y que esto quedaba demostrado, por ejemplo, en el caso de los jueces de la Argentina, que si bien no pueden ser reconocidos por su rostro, por la mayoría de los argentinos, eso no les
quita el carácter de públicos.

De tal modo, sostuvo el letrado que resulta claro que el Dr. Béliz no reveló ningún secreto, lo que bastaría para rechazar la imputación formulada por la fiscalía. Agregó que con sus declaraciones no se vio afectada la seguridad de la Nación, sino que intentó protegerla y no
ha existido ningún daño invocado o conocido a la seguridad, la defensa o las relaciones exteriores de la nación.

(...)

Béliz explicó que tenía la impresión de estar discutiendo la existencia del “hombre invisible”, ya que, pese a conocer de una persona su número de teléfono celular, dónde vive, de qué trabaja, qué función cumple, cómo es físicamente, cúal es el nombre de su madre y el de su padre y qué empresas tiene, aun “seguimos discutiendo si es una persona secreta, una persona sobre la cual no tenemos derecho, en una República que se precie de tal, a conocer su identidad”.

Destacó, en ese sentido, que el decreto enviado por la Secretaría de Inteligencia constituía una afrenta a la idea democrática de la Argentina ya que después de haber sido publicada la foto de Stiuso y conocidas sus características y empresas en una cantidad enorme de revistas, con más de siete mil menciones en el sitio Google de Internet, pudiéndose acceder a fotos, cargos y actividades, se sigue sosteniendo que si lo viéramos se generaría un riesgo para la seguridad.

A continuación aludió a los que calificó como “mecanismos extorsivos” generados por la Secretaría de Inteligencia, con la activa participación de Stiuso, destacando que lo expresado en ocasión de la entrevista televisiva le generó una persecución a su persona que no terminó en las amenazas que recibió, ni en el acoso que sufrió su familia, con la que, incluso, se tuvo que ir a vivir al exterior; según comprobó luego, ella “tuvo ramificaciones a nivel del Poder Judicial...en casos concretos que pasaron en la tramitación de esta causa y que, lamentablemente, siguen pasando”.

Recordó, en relación a Stiuso, que “ni su nombre, ni su función, ni su rostro eran desconocidos para un número indeterminado de personas al momento en que yo hice la alusión en el programa de televisión. No era ninguna novedad el conocimiento de Stiuso; para mí, para un amplio sector de la población y del mundo político, era extendido y hacía por lo menos más de cinco años en el país, estamos hablando del año 2004”.

Trajo a colación, en ese orden, una nota del diario “Página/12”, según dijo del año 2000, titulada “La S.I.D.E. en medio del espionaje sexual”, que contiene una fotografía del juez federal Norberto Oyarbide, referida al “escándalo Spartacus”, en la que se alude a una serie de negociaciones para grabar videos que luego se utilizarían para extorsionar a “participantes de un burdel o prostíbulo”.

Tras repasar algunos párrafos de la nota en cuestión, refirió que en ella se revela como Stiuso quien, según dijo, aparece mencionado no menos de veinte veces, se presentó ante Luciano Garbellano, dueño del local “Spartacus”, junto a otro agente de la S.I.D.E. –Mario Naldio freciéndole adquirir toda su colección de videos; artículo que lo motivó a preguntarse: “¿Quién viola secretos en la Argentina? ¿Un funcionario público que le va a decir al dueño de un prostíbulo: te compro videos, soy de la S.I.D.E.?

Más adelante, afirmó que este episodio también fue publicado el domingo 10 de mayo de 1998 en el diario “Clarín”, destacando que los días domingo ese matutino debe tener una tirada de seiscientos mil ejemplares, lo que revela nuevamente el carácter público de Stiuso.

Al respecto, Béliz reflexionó: “Esta nota salió cinco años antes de que yo mencionara a Stiuso en televisión. Esta mera nota debió generar consecuencias muy fuertes en la Argentina. Yo estoy convencido de que esta nota hoy las sigue generando... de un modo perverso, a través de condicionamientos, que este tipo de extorsión, de la cual queda registro aquí periodístico, que la S.I.D.E. lleva adelante, provoca en otros ámbitos; también en el ámbito del periodismo, en el ámbito del propio Poder Judicial”.

Indicó, en cuanto a las funciones que desempeña Stiuso, que “se esta acá mencionando como si Stiuso fuera un “topo”, un héroe que se infiltra en bandas enemigas; lo dijo recién muy bien el ex secretario de la Secretaria de Inteligencia del Estado, Stiuso era un funcionario político, nombrado en un cargo de confianza política, un funcionario público nombrado por la administración que, mas allá de haber pertenecido durante los años... de plomo, los más perversos de la Argentina, de la dictadura, a la Secretaria de Inteligencia del Estado, desempeñaba una clara función política”.

Acto seguido, el imputado aludió a las numerosas publicaciones existentes en Internet, relativas a la organización interna de la Secretaría de Inteligencia del Estado y, en ese sentido, manifestó: “Si entramos hoy a “Wikipedia”, si entramos hoy a “Wikileaks”, vamos a comprobar cómo está hecho el organigrama de la S.I.D.E., qué función cumple Stiuso, cómo está organizada la tarea; sin embargo, venimos aquí con esa carta que mandó el secretario Icazuriaga, para tomarnos prácticamente como esclavos de un poder superior en la República, diciendo que este señor es secreto y que se va a generar un perjuicio a la vida pública del país”.

Explicó que Stiuso, lejos de ser secreto, daba notas periodísticas, como aquella publicada en el mes de julio de 2004, poco tiempo después de que el deponente fuera separado de su cargo, titulada “Monólogo de un espía” y firmada por el periodista Andrés Kliphan, cuyo contenido leyó parcialmente.

Luego, Béliz se refirió al libro del periodista Gerardo Young, “S.I.D.E., la Argentina Secreta”,  incorporado a la causa, y destacó que, según declaraciones del autor, las entrevistas con Stiuso se realizaban ya desde 1998, a pedido de éste, sin que en ninguno de los encuentros  llegara ni con una cirugía estética, ni con un gorro, ni con una identidad reservada.

Señaló, también, que de las copias del legajo personal de Stiuso en la Policía Federal, incorporadas a la causa, confeccionado en ocasión de tramitar la renovación de su documentación, éste indicó que trabajaba en la S.I.D.E..

De inmediato, el encartado se refirió a temas que, a su entender, tienen que ver con la seguridad del país, como el caso denominado “Strawberry”, en cuyo debate oral y
público Stiuso declaró sin ningún tipo de reserva, ni de su nombre, ni de su función, ni de su cara, ante un número indeterminado de personas; de allí se desprende, a su entender, que Stiuso desempeñaba un cargo directivo y político en la S.I.D.E. y que no era un “mero agente infiltrado” o un “topo”.

(...)

Seguidamente, el encausado refirió que en la “causa AMIA” el Poder Ejecutivo Nacional decidió privilegiar la necesidad de que la sociedad supiera lo que había ocurrido
en el atentado, “dejando atrás cualquier intento de eludir la búsqueda de la verdad a través de pseudosecretos o a través de cuestiones que nada tenían que ver con la seguridad del
país.”. En esa oportunidad, explicó, se había levantado la obligación de guardar secreto respecto a lo que iban a declarar los empleados de la Secretaría de Inteligencia del
Estado que habían sido citados como testigos, entre los que estaba el señor Stiuso; incluso la del propio secretario de inteligencia de la Nación de ese momento, el Dr. Anzorregui.
Al respecto, relató los detalles que culminaron con el dictado del decreto 785, en relación con el levantamiento de secreto aludido en la causa AMIA.

Precisó que la declaración de Stiuso, en el debate de la causa “AMIA”, insumió 245 páginas en el sitio web del Ministerio de Justicia de la Nación; declaración que, de ningún modo, puso en riesgo las cuestiones de seguridad nacional tan ostensiblemente invocados por aquellos que propugnaban mantener la reserva.

Al respecto, memoró que habían existido decretos anteriores al mencionado, como el n° 291 del 30 de junio de 2003 que, aún siendo más restrictivo que aquél, ya señalaba bien claramente que no había ningún tipo de reserva a la identidad de los funcionarios que iban a declarar en esa causa.

(...)

Siempre en referencia a los hechos que rodearon la “causa AMIA”, Béliz se refirió a los apremios ilegales sufridos por el testigo César Fernández en los que Stiuso habría participado y por los que resultaría imputado en la causa causa N° 15984/04, acumulada materialmente a la causa 9989/00, en trámite ante el Juzgado Nacional en lo Criminal y Correccional Federal N° 8, Secretaría N° 4 de esta ciudad.

Agregó que después de este hecho, ocurrido en Entre Ríos, Stiuso se encargó de “blanquear” la situación en la provincia de Buenos Aires, a través de un agente al que le pagaba de nombre Manzanares, quien al momento de prestar declaración manifestó que tenía dos versiones de los hechos, en una, “se liberaría a la S.I.D.E.” mientras que en la otra relataría que “hacía estas tareas en función de la S.I.D.E.”.

Señaló que lo expuesto se corroboró con los dichos del secretario del juzgado Claudio Adrián Lifschitz, ante el Dr. Cearras, cuando afirmó haber advertido que Manzanares había sido preparado por el sector 85 de la S.I.D.E., más precisamente por el jefe y subdirector de la S.I.D.E., Jaime Stiuso, y que, ante ello, imprimió dos declaraciones, una en la que decía que le habían dicho que tenía que declarar sin involucrar a 85 y otra en la que mencionaba a 85, específicamente a Jaime Stiuso.

Destacó que Manzanares recibió de la S.I.D.E. entre ciento cincuenta y doscientos pesos por mes durante un año y medio, y que el dinero le era entregado por Stiuso.

Recordó que en una reunión celebrada en la Casa Rosada con integrantes de la comunidad judía, semanas antes del acto de julio de 2004 por el atentado a la A.M.I.A., uno de los asistentes se dirigió al entonces Presidente de la Nación, doctor Néstor Carlos Kirchner, y  luego de valorar el esfuerzo del Poder Ejecutivo en el levantamiento de secretos referido, destacó que les repugnaba la presencia del señor Stiuso cada vez que concurrían a tener  contacto con este tipo de información porque fue uno de los responsables de embarrar dichas actuaciones.

Señaló que, a partir de ese momento, no se lo apartó a Stiuso de la S.I.D.E., sino que simplemente se lo mantuvo oculto cuando los familiares concurrían a ese
organismo.

Agregó además que el carácter público del señor Stiuso surgía de la titularidad de distintas empresas que están publicadas en el boletín oficial, de las que da cuenta un artículo de la revista “Veintitrés” que exhibió.

Acto seguido se refirió al patrimonio del Horacio Antonio Stiuso, haciendo alusión nuevamente a lo que surge al respecto del libro “S.I.D.E. la Argentina Secreta” de Gerardo Young, aclarando siempre que estas citas son previas al momento en que él mencionara al agente en el programa televisivo “Hora Clave”.

Destacó que Stiuso posee una empresa dedicada a la venta de tecnología y de sistemas informáticos en las que vende sistemas de espionaje, aparatos de escuchas telefónicas, virus inteligentes, la maquinaria de inteligencia ideal para empresarios de porte, seducidos ante la tentación de comprarle tecnología de punta a alguien tan bien posicionado en la S.I.D.E.

Luego de preguntarse por qué motivo el patrimonio de Horacio Antonio Stiuso tenía que ser secreto y nadie podía saber si era cierto que poseía una inmensa fortuna, el encartado se refirió a sus otras empresas, y concluyó que todo ello constituía otro elemento que corroboraba su carácter público y, agregó, que no podía dejarse de lado que esas actividades estaban cercanas a “lo que es el conflicto de interés con la ley de ética pública”. (...)".

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