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Los grandes temas de la Ciudad (2): ¿Qué hacemos con las tragamonedas de Palermo?

Por algún motivo, lo que fue negativo para Aníbal Ibarra en días de Fernando De la Rúa, fue positivo en días de Eduardo Duhalde y Néstor Kirchner. Tan positivo fue para el jefe de Gobierno de la Ciudad y su instituto de juegos de azar sobre el que influye Vilma, la hermana-senadora, que decidió olvidarse que el Hipódromo de Palermo es un patrimonio histórico por el que el propio gobierno de Ibarra hacían solicitado a la Unesco la declaración de patrimonio de la Humanidad. La esquizofrenia es enorme pero también el silencio cómplice de la mayoría de los candidatos porteños.

En setiembre de 2002 , el entonces presidente de Lotería Nacional, el ‘duhaldista’ Carlos Gallo, firmó la Resolución 99 que permitió instalar máquinas tragamonedas en el Hipódromo de Palermo. Antes, lo había intentado Fernando De la Rúa, pero Aníbal Ibarra, jefe de Gobierno porteño, interpuso varios recursos de amparo y logró frenar el intento de Samuel Liberman. Con Duhalde, el intento fue de Casino Club, cuyo socio controlante es Cristóbal López, amigo de Néstor Kirchner, a quien José Pampuro intentaba imponer como ‘delfín’ en la Casa Rosada.

La resolución ‘duhaldista fue objetada desde la Sindicatura General de la Nación y denunciada ante la Justicia por el entonces fiscal de la Oficina Anticorrupción y hoy fiscal nacional administrativo Manuel Garrido. La principal objeción fue que en el contrato de licitación para la concesión del hipódromo no figura el permiso para explotar tragamonedas.

Luego se firmó el convenio entre la Ciudad y la Nación que convalidó los tragamonedas en el hipódromo y el 13 de noviembre del 2003 la Legislatura porteña lo respaldó, tras un acalorado debate, por 33 votos a favor, 6 en contra y 6 abstenciones.

Por entonces el hoy ex juez federal Juan Galeano investigaba el tema, provocando aceleradas resoluciones de Aníbal Ibarra para legitimar el negocio al que se había opuesto en días de De la Rúa.

Luego de la votación en la Legislatura, circuló un anónimo que transcribía una supuesta escucha telefónica entre un lobbista del hipódromo y la entonces diputada del ARI, Delia Bisutti, en el cual ésta se comprometía a dar quórum pero no votar a favor. Bisutti dijo que el anónimo era una "completa mentira" y que no conoce a Ricardo de Benedicto, socio de Cristóbal López en Casino Club.

También luego de la votación en la Legislatura, el presidente Néstor Kirchner firmó el Decreto 1.155 —en diciembre del 2003— que derogó el 494 de De la Rúa que había autorizado instalar tragamonedas en los 5 bingos.

El 1.155 aclara, obviamente, que se mantiene la Resolución 99/02 de Lotería que permite el funcionamiento de las maquinitas en Palermo.
Así, los únicos lugares para los tragamonedas son el Hipódromo de Palermo y el buque-casino Estrella de la Fortuna, de la empresa Cirsa.

El 21 de julio de 2004, el entonces presidente de Lotería Nacional, Waldo Farías, hoy superintendente de Entidades Financieras del Banco Central, amplió la instalación de tragamonedas en el hipódromo hasta un máximo de 3.000, porque la concesión Palermo S.A. (de Federico de Achával) perdía mucho dinero y la actividad del turf "está cada vez más deprimida".

Más tarde, la decisión de Lotería Nacional de prorrogar por dos años las concesiones de los cinco bingos de la Ciudad Autónoma reflotó la polémica, porque lo que se está discutiendo es si se anula el 1.155, reinstalando el 494, para que los bingos puedan tener tragamonedas. El buque-casino dicen que acusa a los de Palermo de haber accedido al control de los bingos.

Luego irrumpió en escena el juez Roberto Gallardo, que cuestionó todo el negocio, aunque los medios solamente publicaron lo referido al buque-casino.

En Palermo, en un comienzo fueron apenas 70 máquinas. Hoy son 2.400 tragamonedas distribuidas en los subsuelos de la Tribuna Oficial y de la Tribuna Especial y en la coqueta Confitería París, conformando el complejo de juegos de apuestas más grande del país, del que el 70% se lo reparten Hipódromo Argentino de Palermo SA (Federico de Achával), y Casino Club, con un plazo de concesión que llega hasta el año 2017.

Lo interesante es que las tragamonedas se encuentran instaladas en un predio que es un patrimonio histórico, que ha sufrido refacciones reiteradas no solamente de parte de Casino Club sino también de la casa de comidas Kansas y del salón de fiestas Tattersall, que pretendía convertirse en galería comercial.

La Legislatura de la Ciudad de Buenos Aires no se ha referido a estas cuestiones y los candidatos más importantes en los comicios del domingo 23, nada hablaron de esta cuestión concreta.

No solamente la Tribuna Plaza del Hipódromo es patrimonio histórico, habría que recordarle a los protagonistas de esta fenicia historia.

Hay un listado de 44 construcciones levantadas entre 1870 y 1920, durante la llamada ‘belle epoque’ (¿qué sabrán de ‘belle epoque’ en Comodoro Rivadavia, no? Con todo el respeto que se merecen los habitantes de esa localidad patagónica sede de Casino Club). Curiosamente, la Secretaría de Cultura del Gobierno de la Ciudad de Buenos Aires le pidió a la UNESCO que declare Patrimonio de la Humanidad a inmuebles como el Teatro Colón, la Aduana, la Confitería Ideal, el Café Tortoni, el Palacio Ortiz Basualdo (actual sede de la embajada de Francia), el Hipódromo de Palermo,y la antigua Biblioteca Nacional, modelos de lo que fue la ciudad en su momento de mayor esplendor urbanístico, en las primeras décadas del siglo 20, pero el jefe de Gobierno de la Ciudad de Buenos Aires ha autorizado reformas permanentes que modifican al menos el inmueble de las tragamonedas. Otro ejemplo de la esquizofrenia argentina.

Hay quienes especulan que Federico de Achával llega demolidos más de 2.000 m2 que estaban catalogados como Área de Protección Histórica. Cierta vez hizo una denuncia específica Atilio Alimena, basándose en obras realizadas en el Hipódromo de Palermo que no tienen la correspondiente autorización del Gobierno porteño, porque, según Lotería Nacional, no la necesitan a raíz de que los terrenos pertenecen al Estado Nacional, una estupidez enorme de Lotería Nacional que podría apelarse ante cualquier fuero administrativo.

Las reformas edilicias en el Hipódromo de Palermo incluyeron la edificación de 3.000 m2 que no contaban con el correspondiente permiso, una violación al Código del Planeamiento Urbano que dejó pasar Obras y Catastros (del Gobierno de la Ciudad), pese a las denuncias de los vecinos.

Una de las violaciones más reiteradas que ocurren en el lugar tiene que ver con el estacionamiento sobre la Avenida del Libertador. El Hipódromo tiene un estacionamiento de varios países sobre la Avenida Dorrego, casi siempre vacío, y se acepta que la Avenida del Libertador pierda varios carriles, según las horas del día ya que los tragamonedas funcionan durante las 24 horas.

Omar Viviani, secretario general del Sindicato de Peones de Taxis de la Ciudad de Buenos Aires, sería quien obtuvo la autorización para explotar la parada de taxímetros ubicada frente a la entrada y salida a los tragamonedas; Viviani a su vez habría subconcesionado esa autorización; en cualquier caso nadie la ha exigido que cumpla con la normativa vigente en materia de libre estacionamiento.

En definitiva, el Hipódromo de Palermo y sus tragamonedas resultan otro caso donde el interés individual (en este caso un interés comercial específico) prevalece sobre el interés colectivo (el de los vecinos contribuyentes de la Ciudad de Buenos Aires). A propósito, si Rafael Bielsa pierde por mucho ¿es verdad que la Casa Rosada le soltará, finalmente, la mano a Aníbal Ibarra?

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