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Somoza, pendenciero, fiestero y tirano (2da. parte)

Al cumplirse 25 años del asesinato de Anastasio Somoza en Asunción del Paraguay, el diario ABC Color realizó una investigación especial que U24 comenzó a reproducir. Aquí otro capítulo:

POR HUGO RUIZ OLAZAR

Dinorah Sampson era la mujer con la que 'Tachito' salía desenfadadamente en Nicaragua, aun con el conocimiento de su esposa Hope Portocarrero, capaz de satisfacer sus caprichos más extravagantes.

Lo llamaba familiarmente como "Jefe", "General" o "Amorcito", recuerda una serie investigativa del diario 'La Prensa', de Managua.

"Esta mujer llegó a volver loco a Somoza, a tal punto que mandó a botar y reconstruir su casa de Managua dos veces, cuando en sus caprichos le decía que ahora el modelo de la residencia no le gustaba", resume la publicación.

El miércoles trágico

Dinorah no podía creerlo y corría entre el gentío para cerciorarse lo que había pasado. "¡General, general! ¡Qué le hicieron al general!", gritaba desconsolada. "¡Él no puede estar muerto!", decía.

"Dinorah era una especie de acomodadora de circunstancias, visitaba a amigos con mensajes importantes o simplemente llamaba a los periodistas haciéndoles regalos para que no jodan mucho al general".

En otra parte de su historia íntima, Dinorah cuenta haber pasado junto al general Somoza en un idilio eterno en su mansión en la playa. "Hoy el Jefe y yo pasamos juntos todo el día. Nos levantamos a las diez de la mañana y desayunamos, después nos volvimos a acostar mientras yo le leía la novela La Amante Eterna".

Pero también decía: "Hoy me molesté con el Jefe. Estaba malcriado. Parecía un dictador dándome gritos".

Somoza intentó conformar un gobierno de coalición cuando ya no pudo repeler a la guerrilla sandinista y el gobierno norteamericano de Jimmy Carter no podía sostenerlo.

La gota que colmó el vaso de la lucha armada fue el asesinato del periodista estadounidense Bill Stewart, obligado por un guardia somocista a tirarse al pavimento boca abajo y ultimado a sangre fría de dos tiros de fusil.

La escena fue completamente filmada por un camarógrafo, que sobrevivió escondido a media cuadra de la ejecución.

La noticia causó escalofríos e indignación en todo el mundo. Fue la sentencia de muerte de la dinastía Somoza.

El embajador de USA le comunicó al dictador que tenía una semana para dejar su país.

Somoza Debayle escapó a Miami, dos días antes de su caída oficial, el 19 de julio de 1979. Un mes más tarde, recalaba en Asunción, donde fue recibido "como un hermano" por su "camarada" Stroessner.

Solo 2 custodios

El volante y los asientos delanteros del Mercedes Benz con rastros de la violencia del impacto, impregnados de restos de sesos y carne triturada por la explosión. El bazucazo que entró por la ventanilla y deflagró en el respaldo.

El día fatídico, la guardia de Somoza estaba diezmada. Había solo 2 hombres que seguían el coche del general en un Ford Belina granate del comisario Francisco González León.

González era el que acompañaba habitualmente a Somoza en el Mercedes. Desde hacía varios días no venía el vehículo Ford Falcon oficial que llevaba la guardia de 5 custodios. Estaba en reparaciones.

Providencialmente para González, el general Somoza decidió ir solo con el norteamericano Joe Baittiner, para hablar por el camino de sus negocios, conducidos por su chofer nicaragüense César Gallardo.

Cuando los guardaespaldas intentaron reaccionar, ya era tarde.

"Todo se produjo en segundos. Bajé de mi coche y corrí para tratar de auxiliar al general, pero enseguida vi como estallaban los vidrios y se esparcían como lluvia. Vi a uno de los hombres enmascarados que saltaron la muralla. Para mí que usaron silenciadores porque solo se veía cómo se iba destruyendo el vehículo", dijo el comisario González en una entrevista.

Después vino la deflagración final, que estremeció el barrio, a la altura de la avenida España entre Venezuela y América, oída a 20 cuadras a la redonda.

Somoza tenía un coche blindado que no usaba.

Finalizada su tarea, los guerrilleros montaron presurosos los vehículos y se reunieron en el Cementerio de la Recoleta.

Inexplicablemente, Irurzún decidió regresar a la vivienda de San Vicente para retirar sus US$ 4.000 y sus armas, según relata en sus memorias Enrique Gorriarán Merlo. Fue rápidamente capturado por sus características. Era alto y pelirrojo.

La agencia noticiosa argentina 'Telam' (con Christian Torres y Tito Saucedo) fue la primera en divulgar la noticia al exterior desde un viejo télex de la dirección de 'ABC'.

La repercusión fue inmediata.

Radio Sandino de Nicaragua difundía: "¡Acaban de ajusticiar al dictador Anastasio Somoza en Paraguay! ¡Ha muerto el genocida mayor de la dinastía Somoza! ¡A los 14 meses de haber huido de la justicia revolucionaria, Somoza ha sido ajusticiado por la solidaridad internacionalista. Este es un ejemplar acto de justicia! Se decretan 3 días de alegría nacional..."

Los sandinistas no estaban seguros de su revolución porque Somoza los había desafiado. "Me voy, pero voy a volver. Van a pedirme de rodillas que vuelva", dijo en una de tantas entrevistas que concedió.

Al llegar al Paraguay, el 19 de agosto de 1979, dijo inclusive que lo hacía en forma temporal porque tenía planeado regresar.

Según el relato de los testigos, su cuerpo presentaba desgarros en el cuello. Tenía el pecho abierto y su rostro como una careta, desprendido de la cabeza, casi irreconocible.

De los 7, 4 vivos

De los 7 autores del atentado, solo 4 quedan vivos. 3 permanecen ocultos en el anonimato. Enrique Gorriarán, el cabecilla, estuvo preso un tiempo (por el caso La Tablada), pero ya salió en libertad.

Habían huido en la camioneta Chevrolet que se descompuso sobre la calle América y se vieron obligados a detener el Mitsubishi Lancer del argentino Carbone. Casi no cabían en el vehículo.

En Recoleta buscaron un vehículo escondido, y 2 de ellos -los guerrilleros Osvaldo y Santiago- bajaron en Itá Enramada.

Osvaldo cruzó en una lancha a la Argentina.

El "camarada" Ramón (Enrique Gorriarán) bajó cerca de un hotel donde se encontró con "Julia", mientras que "Susana" se encontró con Roberto Sánchez Nadal, alias "Armando", en un estacionamiento del centro de Asunción.

La policía de Stroessner ofreció por todos los medios de comunicación una recompensa de 5.000.000 de guaraníes (con el dólar a 160, US$ 31.250) al que diera información sobre ellos.

Las fronteras fueron clausuradas, pero los servicios de seguridad de Stroessner desnudaron una deficiencia desconocida antes por el público.

Los argentinos no pudieron abandonar el país por varios días. Fueron interrogados. La caza terminó en agresión y represión de paraguayos, quienes sufrieron todo tipo de abusos y confiscaciones de bienes en los meses que siguieron, durante la llamada "Operación Rastrillo".

En todos los centros urbanos y áreas rurales, los ciudadanos debieron abrir sus casas a policías y militares. Con el régimen de miedo y su inescrupulosidad característica, los efectivos se alzaron con armas, dinero, joyas, muebles y todo lo que encontraron a su paso.

Los guerrilleros no tuvieron muchas dificultades para cruzar a la Argentina, como el caso de Susana, Armando y Osvaldo, en tanto que Julia y Ramón sufrieron algunos contratiempos y recién pudieron cruzar la frontera brasileña con su apertura, un par de semanas después. La guerrillera Ana también pudo cruzar al Brasil.

Todos lograron volar y reencontrarse en Madrid.

La insurgente "Julia" relató que apenas pudo salvarse de la policía, porque fue plenamente identificada por la inteligencia argentina, que no acertó sin embargo en su nombre.

Ana, Julia y Osvaldo viven hoy con otros nombres.

Susana y Armando murieron en el ataque a La Tablada, en Buenos Aires.

Del asesinato, Gorriarán dijo después que el hecho no se hubiera producido si Somoza no amenazaba volver.

"Te juro que no fue venganza. Si Somoza, por ejemplo, no hubiese querido retomar el poder y hubiese, no sé, decidido irse a vivir en España. No hubiéramos hecho esta acción. Por eso insisto que fue en el contexto de la contrarrevolución; no es un atentado individual..."

El arribo

Somoza llegó al Paraguay el 17 de agosto de 1979 en un vuelo chárter de Líneas Aéreas Paraguayas (LAP) pilotado por el coronel Raúl Calvet, hombre de confianza del dictador Alfredo Stroessner.

La frondosa comitiva abordó la aeronave en Ciudad de Guatemala. Los sandinistas habían tomado el poder el 19 de julio de ese año. Los principales personeros del régimen huyeron en desbandada, los que pudieron, con sus maletas llenas de dinero.

En Asunción, Somoza no tardó mucho tiempo para desnudar sus escasos escrúpulos, que se exterioriozaba en el desprecio a su misma custodia paraguaya y, más tarde, al competir con algunos millonarios mujeriegos de la época en la disputa por cotizadas damas de la sociedad.

Como si fuera un discurso calcado del dictador Stroessner, el general Somoza decía un año antes de su caída: "No tengo que renunciar. Soy un presidente democráticamente electo. Existe una conspiración contra mí y yo no quiero precipitar a mi pueblo en la boca del lobo. Al vender armas a los sandinistas, son los otros quienes han creado la situación actual. No yo".

En realidad, Somoza no tenía una oposición real. La que había era clandestina, la que al principio no parecía preocuparle tanto como aquella que ejercía el diario 'La Prensa' de Managua con su combativo director al frente, Pedro Joaquín Chamorro, miembro de una de las familias más tradicionales del país, considerado como el símbolo de la resistencia.

Su asesinato en 1978 encendió la chispa de la rebelión más larga y una de la represiones más crueles que recuerda la historia americana. La indignación fue tal que la gente se lanzó espontáneamente a las calles para reclamar contra los asesinos.

Como respuesta, la Guardia Nacional asesinó a mansalva. Pueblos y ciudades fueron bombardeados. Hubo ejecuciones sumarias. Somoza mostró en todo su esplendor su faceta sanguinaria..

Antes de perder la vida, Chamorro dejó como legado una frase rebelde, tal vez la que precipitó su ejecución: "Los tiranos corren el riesgo de morir a balazos. ¿Por qué? Porque personifican la injusticia, porque asesinan y torturan a los hombres, porque rebajan la dignidad de las personas a una condición ínfima, y entonces llega el momento en que todo, aun lo mismo que ha destruido, conspira contra ellos, y ya no pueden salvarse. Así, parafraseando a Séneca, puede decirse: el tirano no se muere, se mata" (del libro de Chamorro: "Los Somoza, una estirpe sangrienta").

Al llegar a Asunción, el ex mandamás nicaragüense no se había despojado ni mucho menos de sus costumbres autoritarias.

Era petulante y despreciativo.

Stroessner designó como jefe general de su seguridad al teniente coronel Ladislao Alfonso Martínez.

El jefe de represores de Stoessner, Pastor Coronel, también dispuso un refuerzo adicional de 2 grupos de policías del Departamento de Investigaciones, a cargo de un oficial y cuatro oficiales subalternos, que disponían de un Ford Falcon con chofer y un equipo de radio walkie-talkie, para turnos de 24 horas.

Inicialmente, como jefes de grupo fueron nombrados los comisarios Camilo Almada (Sapriza), Rogelio Sosa y Francisco Rubén González, en total 15 hombres y dos choferes.

Somoza contaba paralelamente con su propia guardia nicaragüense, que portaba fusiles ametralladores de asalto muy modernos, calibre 2.23 o 5.55 de la marca Galil de procedencia israelí y metralletas calibre 9 mm de la marca Uzi.

"Algunos de ellos eran taciturnos, otros charlatanes, otros sobradores y uno que otro tenía un carácter similar al nuestro, respetuosos, comunicativos, sencillos", describió en una entrevista con 'ABC' el comisario Francisco González León, un hombre que después sufrió una larga agonía represiva por su destino ligado al general hasta el día de su muerte.

Al principio, el general Somoza ignoraba a la custodia paraguaya y depositaba su atención en su comitiva, encabezada por el general Samuel Genie, el general Addonis Porras, el general José Somoza (su hermano), el coronel Linarte, su mujer Dinorah Sampson y la secretaria de esta.

También formaba parte de su corte su hijo mayor, Anastasio Somoza Portocarrero, y un cocinero indio misquito llamado Chimbolo.

Tenía su propio chofer, un tal Lara, sustituido más adelante por un paraguayo de apellido López, designado por el teniente coronel Martínez.

Farrista y pendenciero

Con el paso de los días, el general Somoza fue descubriendo su faceta de farrista y pendenciero, al igual que su hijo Somoza Portocarrero, con desprecio hacia su propia guardia, a la que no pagaba un centavo.

Los custodios debían agenciarse para oblar y comer cualquier empanada con pan, cuando no obtenían una conmiseración de los encargados de restaurantes o de las fastuosas residencias de jerarcas locales que visitaban periódicamente.

"A veces, en algunas parrilladas o restaurantes nos pasaban algo que comer, que al parecer le cargaban disimuladamente a su cuenta. En otros lugares, se sentían molestos por nuestra presencia. Al poco tiempo de nuestra llegada, los demás comensales se iban retirando y otros, que al llegar nos veían, volvían a retirarse", relata González, quien, con el paso de los meses se fue quedando como único responsable de la guardia, junto a ocho suboficiales, reducida por traslados diversos.

Uno de sus incidentes más conocidos fue el que protagonizó con el famoso HDD (Humberto Domínguez Dibb, padre de "Goli" Stroessner Domínguez, actual candidato a integrar la Junta de Gobierno del Partido Colorado), a quien se atribuye haber destruido el auto blindado, estacionado, del general con un tractor, cuando el nicaragüense se encontraba jugando en el casino Itá Enramada en compañía de la conocida Mariángela.

'ABC' publicó, entonces, el domingo 20 de abril de 1980, un verso satírico -muy bien logrado- en la tradicional columna dominguera de Jesús Ruiz Nestosa, Línea Privada, que habría sido redactado por Pepa Kostianovsky.

El escrito, que resumía en cierta manera la promiscuidad -rayana en la impunidad- de los mandamases del régimen, despertó la ira del hombre, quien acusó recibo y, fuera de sí, atropelló 'ABC' con su guardia "pretoriana" en busca de su director.

Finalmente, uno de los asistentes de la dirección, Rufo Medina, fue agredido, y eso motivó la presentación de una querella criminal contra HDD, que no pasó a mayores, teniendo en cuenta que este se había casado con Graciela Stroessner.

El policía González recuerda que a fines de noviembre de 1979 recibió una orden de traslado para asumir como jefe de brigada de Puerto Falcón, noticia que dijo haber recibido como una liberación.

Sin embargo, José Somoza, el hermano mayor, se enteró y le informó al general de la novedad. González debió comparecer, por primera vez, ante el "jefe"...

González recuerda que el diálogo se desarrolló más o menos así:

-Comisario, mi hermano me ha informado que Ud. nos deja. ¿Es así?

-Sí, mi general. He sido trasladado para cumplir otra misión.

-Caramba, nosotros nos sentimos muy a gusto con usted y le tenemos mucha estima. Le digo de veras.

-También para mí fue un placer trabajar para Ud., mi general.

-Dígame. ¿Desearía Ud. continuar conmigo?

-Mi general, yo soy un soldado. Me limito a cumplir las órdenes de mis superiores. Es una decisión de ellos.

-¡Nooo, por favoor! Solamente quiero que me conteste sinceramente si a Ud. le agradaría continuar trabajando conmigo (no había forma de decir que no). ¿Sabes, Dino? El comisario nos deja (Dinorah aparecía en ese momento).

-¿Y por qué comisario? Nosotros ya le estábamos tomando tanta confianza y cariño. Encima que tenemos tan pocos amigos en Paraguay... ¡Nooo! Ud no nos puede dejar. Por favor. ¡Y tú, Tacho, debes hacer algo! -agregó más seria, en tono casi imperativo, dirigiéndose a su pareja.

-De eso estábamos hablando (continuó Somoza). Dígame, comisario... Solo quiero saber si está a gusto con nosotros (insistió).

-Sí, mi general. Yo estoy a gusto con ustedes.

-Ya pues. Este asunto lo arreglo yo...

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