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Chile y el gas argentino: Un caso de realismo político

En el tema de los envíos de gas sorprende que Chile acepte tan a rajatabla los argumentos del vecino país. ¿Será que hay piezas de otro orden, quizás geopolítico, en juego?

A continuación el editorial del día del diario , el día después de la visita oficial del presidente Néstor Kirchner a Chile.

Como se preveía, la reciente visita del Presidente argentino estuvo marcada por el tema de los recortes en los envíos de gas natural a Chile. A pesar del temor a "gasificar" la agenda, lo cierto es que el Mandatario transandino no rehuyó el tema: dio explicaciones, lamentó los problemas causados y manifestó la mejor voluntad de su gobierno por aliviar la situación en el menor tiempo posible.

Esa disposición fue bienvenida, aunque lo fueran menos las conclusiones que de ella se desprenden. En suma, Argentina pasa por un mal momento en materia energética y Chile deberá aprender a convivir con un suministro inestable y quizás más caro que en el pasado. Ello no causó especial sorpresa, pero sí llamó la atención el cambio de actitud del gobierno chileno ante un problema que en el pasado ha motivado algunos roces entre La Moneda y la Casa Rosada, pero que hoy se relativiza en aras de una buena relación bilateral y por el alto costo de enfrentar lo que, en la práctica, es una política de hechos consumados.

Los problemas de abastecimiento interno de gas que sufre Argentina son reales. Los precios de los combustibles están congelados al nivel previo a la crisis económica, lo que quitó rentabilidad a las empresas del rubro y desincentivó la inversión y la exploración. Por ende, el país no puede abastecer la mayor demanda interna actual, generada por el crecimiento de la economía en los dos últimos años. Eso, al mismo tiempo que exporta gas a otros mercados. Una situación similar a la que en 2004 causó en Chile airadas reacciones y llamados a respetar los compromisos adquiridos, en referencia al protocolo de integración gasífera de 1995. "Los contratos hay que cumplirlos y respetarlos", dijo a la sazón el ministro de Economía chileno, mientras la entonces canciller sostenía que "el tema del gas ha puesto una mancha en nuestras relaciones".

Ahora, en cambio, Chile no sólo ha suavizado su discurso, sino que ha hecho suyos los argumentos del Jefe de Estado vecino en cuanto a que todo se reduce a un problema entre privados. Así, el ministro de Hacienda chileno -quien hace un año manifestaba "no se han respetado los contratos"- ahora dijo que los empresarios nacionales "se acostumbraron a una situación muy cómoda (...) Están tratando de generar (...) temor en la población". Su par de Interior, en tanto, agregó que "los productores chilenos, los que compraban el gas, tenían que entender (que la demanda iría) creciendo y que (debían) tomar medidas".

Es claro que no se ha respetado un compromiso entre Estados y que para resolver ese tipo de controversias existen instrumentos como los que contempla el hoy ignorado protocolo de 1995. Que no se haya recurrido a éste parece responder al carácter estratégico que para Chile tiene la relación con Argentina. Esos vínculos, en efecto, abarcan mucho más que el tema energético, o incluso, comercial: existen intereses compartidos a nivel geopolítico -una muestra de ello es el apoyo de Buenos Aires a la aspiración chilena de encabezar la OEA- que hacen deseable mantener una relación armónica, capaz de trascender los altibajos causados por cualquier coyuntura. Dado que en el pasado las reacciones fuertes no produjeron efectos positivos, La Moneda parece haber aceptado que, en este tema, debe moverse con escaso margen de acción.

Con todo, sorprende que Chile acepte tan a rajatabla los argumentos del vecino país, cuyo gobierno ha tenido no pocos impasses con el chileno.

¿Existen, quizás, otras piezas de orden geopolítico en juego? ¿Es una forma de asegurar el voto argentino en la OEA o un rol más activo en la relación entre Chile y Bolivia? ¿Es acaso una retribución a la expedita expulsión de un prófugo de la justicia chilena capturado en Argentina recientemente? No se trata de sugerir "motivaciones oscuras", sino de entender un cambio de tono hacia una nación que, si bien tiene para el país una importancia estratégica -algo, por cierto, que no parece tan claro en el sentido inverso- genera periódicamente episodios conflictivos y desgastadores.

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