-¿Qué limites?
-Había una tolerancia respecto a la homosexualidad, pero eso no significa que se aceptase todo. En la cultura griega la sodomía era un comportamiento despreciable, infamante. Usaban muchos términos peyorativos y groseros para el homosexual pasivo, que conocemos por la comedia y el teatro. En cambio se toleraba al hombre que asumía la parte activa. Incluso en el mundo romano, que despreciaba estos aspectos de los griegos, la intervención activa no era considerada una carencia de virilidad. El caso más conocido era la relación entre el emperador Adriano y Antinoo, un joven de rasgos andróginos.
-En USA, las críticas a 'Alejandro' han sido fuertes y han tenido impacto en la taquilla.
-La parte que ha reaccionado en contra es la que lleva hoy la voz cantante: la América rural, profunda, donde sopla el viento fundamentalista y que ha reelegido a George Bush. 'Gladiator' fue un éxito porque Maximus era un hombre de familia, pensaba en su mujer, rendía culto a sus antepasados. En definitiva, era una persona que da seguridad. Alejandro, en cambio, es un personaje inquietante.
-¿Qué le pareció 'Troya'?
-No me gustó en absoluto, a pesar de que algunas escenas eran fascinantes, como los gritos de Aquiles, solo frente a la ciudad, cuando desafía a Héctor. Pero en esa película falta el alma. Es una mera operación de márketing, que humilla a Homero. Hollywood es capaz de coger a Homero y convertirlo en hamburguesas. Ha sido otra gran ocasión perdida.
-¿Por qué no consigue Hollywood retratar a grandes personajes?
-Porque no los conoce ni tiene sensibilidad. Y también porque no le importan. Cuando los americanos representan el mundo que ellos conocen, o el del futuro como en 'Matrix', realizan auténticas obras maestras. Las películas como 'Alejandro' tendríamos que hacerlas los europeos, que somos los depositarios de esa civilización. Estados Unidos es un gran país, que está forjando, incluso físicamente, una nueva raza de inmigrantes. Pero al precio de olvidar sus raíces europeas y perder la antigua sensibilidad.
-¿Cuáles eran los rasgos principales de Alejandro Magno?
-Era un hombre que pensaba en grande. Alejandro era un titán, un caso de humanidad titánica.