¿El motivo? Los ladrones no actúan en el momento. Trabajan antes, en silencio, instalando dispositivos que capturan tu información sin que lo notes y sin que estén presentes.
¿Qué es el skimming y por qué es tan difícil de detectar?
El skimming es el método de fraude más extendido en cajeros de todo el mundo, y Argentina no es la excepción. Consiste en colocar elementos falsos sobre los componentes originales del equipo para robar los datos de la tarjeta y registrar el PIN ingresado.
Los mecanismos más usados son:
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“La regla” o bloqueo del cajero: Los delincuentes ponen algo para trabar la salida de dinero o la tarjeta y después vuelven a buscarla.
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Cámaras ocultas: se instalan apuntando directamente al teclado para registrar cada número que el usuario escribe.
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Teclados falsos: una capa delgada colocada encima del teclado real que captura la secuencia del PIN sin que el usuario lo perciba.
Señales de alerta antes de meter la tarjeta
Ahora bien, es importante aclarar que no hace falta ser técnico para identificar algo fuera de lugar. Con prestar atención unos segundos alcanza:
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La ranura de la tarjeta: si sobresale, está floja, tiene un tono diferente al resto del cajero o se mueve al presionarla, no operes.
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El teclado: si las teclas se sienten distintas a lo habitual, si el panel parece levantado o si notás algún tipo de resistencia anormal, desconfiá.
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Los costados y la pantalla: cualquier elemento agregado, un brillo inusual o algo que no pertenezca claramente al diseño original del equipo son señales para no ignorar.
Ante la duda, la decisión más segura es no usar ese cajero y buscar otro.
La ubicación del cajero también importa
Los especialistas en seguridad financiera coinciden en que los cajeros más seguros son los que se encuentran instalados dentro de las sucursales bancarias, donde hay personal, cámaras de circuito cerrado y mayor supervisión. Los equipos instalados en la vía pública, en locales pequeños o en zonas de baja circulación presentan un riesgo considerablemente más alto.
Otras medidas que reducen la exposición:
- Cambiar el PIN cada tres o cuatro meses como mínimo.
- Evitar claves predecibles, como fechas de nacimiento, números repetidos o secuencias tipo 1234.
- No aceptar ayuda de desconocidos cerca del cajero, aunque la intención parezca genuina.
- Revisar los movimientos de la cuenta con frecuencia para detectar cualquier operación sospechosa a tiempo.
El efectivo va a seguir siendo parte de la vida cotidiana argentina por mucho tiempo. Eso no es el problema. El problema es operar en piloto automático, meter la tarjeta y tipear el PIN sin mirar nada alrededor. Los delincuentes cuentan exactamente con eso. Interrumpir ese automatismo con una revisión de treinta segundos puede marcar una diferencia enorme.
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