Chile perdió casi 40.000 hectáreas de agua en 15 años

Un estudio satelital reveló el impacto de la megasequía sobre lagos, ríos y embalses en Chile. El fenómeno expone la presión sobre las reservas de agua.

La megasequía que afecta a desde 2010 dejó una huella visible en su territorio: el país perdió casi 40.000 hectáreas de superficie de agua. El retroceso fue detectado mediante imágenes satelitales y forma parte de un relevamiento que permite observar cómo cambiaron los recursos hídricos durante los últimos años.

El dato surge de la primera colección nacional de MapBiomas Agua, una iniciativa que reconstruyó la evolución de los cuerpos de agua y los glaciares chilenos a partir de registros satelitales. El trabajo fue elaborado por especialistas de las universidades de Chile, Concepción y La Frontera.

El relevamiento indica que en 2025 Chile contaba con 1.228.652 hectáreas de superficie de agua, equivalentes al 1,62% de su territorio. Aunque la cifra representa una extensión considerable, la comparación con los registros anteriores evidencia una reducción cercana a las 40.000 hectáreas desde el comienzo de la megasequía.

El agua superficial comprende lagos, lagunas, ríos, embalses y otros cuerpos de agua. Su extensión puede variar por factores estacionales, pero también funciona como un indicador de las condiciones ambientales y de la disponibilidad hídrica de una región.

La distribución del recurso, además, es muy desigual. Según MapBiomas, cerca del 60% de la superficie de agua se concentra en la macrozona Austral y otro 35% en la zona Sur. En conjunto, ambas regiones reúnen alrededor del 95% del total nacional.

En contraste, las macrozonas Centro y Norte representan apenas el 3% y el 2%, respectivamente. Esta concentración territorial plantea un desafío para las regiones que tienen menor disponibilidad natural de agua y enfrentan una demanda elevada.

La megasequía y la presión sobre las reservas

La pérdida de superficie de agua se vincula con la megasequía que atraviesa Chile desde 2010. Sin embargo, la disminución de las precipitaciones no es el único factor que explica la crisis: también influye el aumento del consumo y la presión de distintas actividades productivas.

Un análisis del Centro de Ciencia del Clima y la Resiliencia (CR2) encontró que la mayoría de las cuencas de la zona central experimentaron niveles de estrés hídrico de alto a extremo entre 2010 y 2020. La situación respondió principalmente a la menor disponibilidad de agua durante la sequía, agravada por una demanda creciente.

El estudio también advirtió que el consumo de agua en Chile se duplicó durante las últimas seis décadas, impulsado principalmente por la expansión de los sectores agrícola y forestal.

El retroceso de los glaciares suma otra señal de alerta

El relevamiento de MapBiomas también analizó la evolución de los glaciares y encontró una pérdida de 344.278 hectáreas entre 1998 y 2025. La superficie glaciar pasó de 2.342.851 a 1.998.573 hectáreas, una reducción equivalente a 21 veces el área de Rapa Nui.

La región de Ñuble registró el mayor retroceso proporcional, con una disminución del 91%. En tanto, la Región Metropolitana perdió el 48% de su superficie glaciar durante el mismo período.

Los glaciares cumplen un papel fundamental en el abastecimiento de agua, especialmente durante el verano y los períodos de sequía, cuando el aporte de los deshielos resulta clave para las cuencas.

Los datos muestran que la crisis hídrica chilena no se limita a la falta de lluvias: también involucra la reducción de cuerpos de agua, el retroceso del hielo y una demanda que presiona sobre las reservas disponibles.

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