El observatorio de neutrinos
Halzen presentó por primera vez los planes para este observatorio en 1988, concibiendo un enorme dispositivo en el hielo antártico capaz de captar partículas conocidas como neutrinos.
El observatorio aprovecha una propiedad clave de los neutrinos: la emisión de un destello de luz al colisionar con un núcleo atómico, destello que puede ser detectado por sensores integrados en el hielo glaciar transparente.
Los neutrinos, que llegan a la Tierra desde los confines del cosmos, suelen describirse como "fantasmales" debido a su naturaleza extremadamente volátil o vaporosa, y a su capacidad para atravesar cualquier tipo de materia sin sufrir alteraciones.
Apenas tienen masa. Pueden viajar a través de los entornos más extremos —como estrellas, planetas y galaxias enteras— y permanecer inalterados.
Son mensajeros valiosos, porque viajan en línea recta y señalan el lugar del que proceden, algo que no hacen los rayos cósmicos, desviados por los campos magnéticos. Halzen recuerda que, sin neutrinos, el Sol no brillaría ni las estrellas.
El científico identificó que las características del hielo antártico podían aprovecharse para detectar neutrinos, partículas subatómicas que atraviesan la materia y que resultan extremadamente difíciles de observar.
Gracias a esa capacidad para delatar su origen, el observatorio detectó en 2013 los primeros neutrinos cósmicos, un hallazgo que la revista Physics World eligió como descubrimiento del año. Cinco años después, un equipo de unos 300 investigadores de 12 países identificó la primera fuente de neutrinos de alta energía, el blazar TXS 0506+056, una galaxia con un agujero negro activo situada a 4.000 millones de años luz.
La pista definitiva llegó gracias al satélite Fermi, que registró rayos gamma procedentes de la misma zona del cielo. Y ha sido Halzen, como científico jefe de IceCube, quien coordinó a ese equipo durante el hallazgo que hoy reconoce la Real Academia Sueca de Ciencias La pista definitiva llegó gracias al satélite Fermi, que registró rayos gamma procedentes de la misma zona del cielo. Y ha sido Halzen, como científico jefe de IceCube, quien coordinó a ese equipo durante el hallazgo que hoy reconoce la Real Academia Sueca de Ciencias
Francis Halzen, el físico que buscó neutrinos en la Antártida
Halzen nació el 23 de marzo de 1944 en Tienen, en Bélgica, y se doctoró en Física en 1969 en la Universidad Católica de Lovaina. Tras trabajar en el CERN, se incorporó en 1972 a la Universidad de Wisconsin-Madison, donde sigue dando clases. Desde hace años tiene también pasaporte estadounidense.
Antes del Nobel ya había recibido el Premio de la Sociedad Europea de Física en Astrofísica y Cosmología, en 2015, y el Premio Balzan. Es además coautor, junto a Alan Martin, de Quarks and Leptons, un manual universitario de física de partículas que han estudiado varias generaciones de físicos.
El físico recogerá la medalla de manos del rey Carlos XVI Gustavo de Suecia el 10 de diciembre en Estocolmo, en la ceremonia que coincide cada año con el aniversario de la muerte de Alfred Nobel. Al ganar en solitario, se quedará con los 12 millones de coronas suecas del premio, más de un millón de euros.
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