Estas tecnologías, combinadas, permiten pasar de identificar visualmente los cambios a cuantificarlos y construir modelos que ayuden a anticipar sus posibles impactos.
“Es imprescindible destacar que los glaciares son reservorios de agua que cumplen un papel relevante en el equilibrio de los ecosistemas y en la disponibilidad hídrica, por lo que conocer su evolución resulta fundamental para proyectar escenarios futuros y diseñar estrategias de adaptación frente al cambio climático” destaca Carlos Saul, Gerente General de AyT, empresa especializada en medición de contaminantes atmosféricos.
Medir lo que ocurre en la alta montaña
En las zonas de alta montaña también existen contaminantes atmosféricos que pueden influir en los procesos de calentamiento y derretimiento de los glaciares, entre ellos destaca el Carbono Negro, un contaminante climático de vida corta que tiene una alta capacidad para absorber radiación solar y contribuir al calentamiento de la atmósfera.
Este fue uno de los temas abordados durante el reciente Black Carbon International Workshop, realizado en Chile durante el primer semestre de este año, que reunió durante dos jornadas a especialistas nacionales e internacionales para compartir conocimientos, experiencias y avances tecnológicos vinculados al monitoreo de este contaminante.
A diferencia del CO, que puede permanecer durante décadas o siglos en la atmósfera, el Carbono Negro tiene una permanencia mucho menor; sin embargo, su capacidad de absorción de radiación solar puede generar un impacto significativo en el calentamiento global. Además, forma parte del material particulado fino y se encuentra asociado a efectos adversos para la salud, incluyendo enfermedades respiratorias y cardiovasculares.
Es por eso que, contar con información precisa sobre dónde se genera, cómo se transporta y dónde se deposita el Carbono Negro resulta fundamental.
“No podemos gestionar aquello que no somos capaces de medir”, indica el especialista de AyT como una de las premisas que ha marcado el desarrollo de nuevas capacidades de monitoreo, especialmente en territorios sensibles como la alta montaña.
En Chile, el trabajo conjunto entre centros de investigación, universidades, organismos públicos y empresas tecnológicas ha permitido avanzar en esta dirección.
Respaldo a monitoreo
Un ejemplo es el trabajo desarrollado por el CETAM de la Universidad Técnica Federico Santa María (UTFSM), que cuenta con años de monitoreo continuo de Carbono Negro en ambientes de alta montaña; trabajo que ha sido apoyado por AyT con instrumentos de medición instalados en los observatorios de alta montaña NUNATAK 1 y 2, destinados al estudio de los glaciares andinos y las condiciones atmosféricas de estos ecosistemas.
La información obtenida en estos puntos permite generar registros de largo plazo sobre las condiciones ambientales de alta montaña y contribuir a una mejor comprensión de los fenómenos atmosféricos que pueden afectar estos territorios.
Así, el monitoreo se convierte en una herramienta que conecta la investigación científica con la toma de decisiones ambientales.
La combinación de observación satelital, mediciones en terreno, instrumentos especializados, análisis de datos e inteligencia artificial está configurando una nueva etapa para el estudio de los glaciares.
En un país como Chile, que concentra una de las mayores reservas de glaciares de Sudamérica, fortalecer estas capacidades de monitoreo resulta especialmente relevante para generar evidencia, anticipar escenarios y desarrollar estrategias de adaptación frente a un cambio climático que ya está transformando los ecosistemas de montaña.
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