El Instituto Nacional de Tecnología Agropecuaria (INTA) ya había advertido en mayo que la campaña 2026/27 podía desarrollarse bajo un escenario de precipitaciones superiores a las normales en buena parte del territorio nacional. El organismo recomendó seguir la evolución del fenómeno para anticipar posibles excesos hídricos y tomar decisiones productivas.
La actualización del Servicio Meteorológico Nacional (SMN) de julio confirmó que las condiciones del sistema ENSO ya eran consistentes con una fase cálida o El Niño, con anomalías positivas de temperatura del mar en todo el Pacífico ecuatorial y vientos alisios debilitados. Para julio-septiembre, el organismo estimó una probabilidad cercana al 100% de continuidad de la fase cálida.
¿El Niño puede provocar inundaciones y crecidas de los ríos?
El riesgo más importante no necesariamente está en una lluvia aislada, sino en la acumulación de precipitaciones sobre cuencas que ya se encuentran húmedas.
Un período con lluvias frecuentes puede incrementar los niveles de los ríos Paraná, Uruguay e Iguazú y generar condiciones favorables para anegamientos en zonas bajas. Sin embargo, El Niño por sí solo no permite pronosticar una inundación determinada. Para que ocurra un evento de esa magnitud deben coincidir otros factores atmosféricos, hidrológicos y locales.
Ese punto es fundamental para no transformar un pronóstico climático en una predicción meteorológica. La NOAA remarca que incluso los episodios de El Niño más intensos no producen necesariamente los impactos típicos en todas las regiones. Lo que aumenta es la probabilidad de determinados patrones climáticos.
La Organización Meteorológica Mundial también advierte que El Niño puede favorecer extremos de precipitación y temperatura, pero sus efectos dependen de la región y de la interacción con otros patrones climáticos.
¿Qué puede pasar en Argentina durante la primavera y el verano?
El período que concentra mayor atención será el que comienza con la primavera de 2026 y se extiende hacia el verano 2026/27.
El último pronóstico de la NOAA indica que El Niño continuará fortaleciéndose durante el segundo semestre y que existe una probabilidad superior al 90% de que alcance la categoría de muy fuerte en el tramo octubre-diciembre. Además, el organismo estadounidense calcula un 69% de probabilidad de que el índice utilizado para medir la intensidad alcance al menos 2,5 °C, un nivel que podría colocar al episodio entre los más extraordinarios del registro moderno.
La Organización Meteorológica Mundial ya había señalado en junio que existía alrededor de un 90% de probabilidad de que El Niño persistiera entre septiembre y diciembre, mientras que su actualización de julio proyectaba un rápido fortalecimiento del fenómeno durante julio-septiembre.
En Argentina, el escenario más relevante es la posibilidad de períodos de lluvias superiores a los valores habituales, tormentas intensas y una mayor frecuencia de eventos de precipitación abundante en las regiones donde históricamente la señal del ENSO es más marcada.
¿El Niño significa que toda Argentina tendrá un verano más lluvioso?
El fenómeno modifica las probabilidades climáticas, pero no funciona como un interruptor que convierte a todo el país en una zona de lluvias extremas.
La influencia también cambia según la estación, la ubicación y la interacción con otros sistemas atmosféricos. Por eso, afirmar que El Niño provocará inundaciones generalizadas en Argentina sería exagerado.
El propio análisis de la NOAA insiste en que un evento muy fuerte no garantiza impactos más severos en todos los lugares. La intensidad del fenómeno puede inclinar las probabilidades hacia determinados patrones, pero no determina por sí sola qué ocurrirá en una ciudad específica.
¿Qué regiones deberán prestar más atención a las lluvias?
El Litoral y el noreste argentino aparecen entre las zonas que merecen un seguimiento especial de cara a la temporada cálida, por su histórica sensibilidad a las variaciones asociadas con El Niño.
En áreas rurales, una mayor disponibilidad de agua puede resultar favorable para los cultivos si las precipitaciones se distribuyen de manera adecuada. El problema aparece cuando el volumen de agua supera la capacidad de infiltración y escurrimiento del suelo.
En ese escenario, el exceso puede transformarse rápidamente en anegamientos, pérdida de lotes, deterioro de caminos rurales y dificultades para ingresar a los campos.
Imagen: muhammad.abdullah en Magnific
El INTA destacó precisamente esta doble cara del fenómeno, El Niño puede representar una oportunidad productiva por la mayor disponibilidad hídrica, pero también un riesgo si los excesos no pueden evacuarse correctamente.
¿Por qué este El Niño genera tanta preocupación internacional?
El pronóstico de agosto marca un salto respecto de las estimaciones realizadas meses atrás. En julio, la NOAA calculaba un 81% de probabilidad de un El Niño muy fuerte durante octubre-diciembre. Ahora, las nuevas estimaciones difundidas este jueves elevan esa posibilidad por encima del 90% y ubican en 69% la chance de alcanzar un nivel históricamente extraordinario.
El calentamiento del Pacífico tampoco es un fenómeno aislado. El Niño modifica la circulación atmosférica y puede alterar la distribución de lluvias y temperaturas a miles de kilómetros del océano donde se origina.
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