El primer paso es limitar la búsqueda a las personas que han estado expuestas, sin protección, a una persona enferma durante un período prolongado y que no han dado positivo ni han presentado una respuesta inmunitaria contra el virus.
De particular interés son las personas que compartían casa y cama con una pareja infectada, parejas conocidas como "discordantes".
El gen del COVID-19 grave
El equipo de científicos de 10 centros de investigación en todo el mundo, desde Brasil hasta Grecia, ya ha reclutado a unos 500 candidatos potenciales, que podrían cumplir con estos criterios.
Desde la publicación de su artículo hace menos de dos semanas, otras 600 personas, incluidas algunas de Rusia e India, se han puesto en contacto con ellos, postulándose a sí mismos.
El objetivo es tener al menos 1.000 participantes.
Pero los investigadores podrían tener una tarea casi imposible, dadas las dificultades para demostrar que los candidatos han estado muy expuestos al SARS-coV-2.
Las parejas discordantes no son infrecuentes, pero es raro encontrar aquellas que cumplan con estos criterios y hayan sido evaluadas con regularidad. El hecho de que muchas personas hayan sido vacunadas limita aún más el grupo de personas a estudiar.
Una vez que hayan identificado posibles candidatos, los investigadores compararán los genomas de los individuos con los de las personas que han sido infectadas, en busca del gen asociado a la resistencia.
Las hipótesis de la resistencia al COVID-19
El equipo ha identificado anteriormente mutaciones raras que hacen que las personas sean más susceptibles al COVID-19 severo, pero ahora están cambiando el rumbo.
En estudios genéticos, otros científicos han rastreado el ADN de decenas de miles de personas en busca de cambios de un solo nucleótido, que generalmente solo tienen un efecto biológico débil, e identificaron algunos posibles candidatos asociados con la reducción de susceptibilidad a la infección.
Uno de estos se encuentra en el gen responsable del grupo sanguíneo tipo O, pero su efecto protector es pequeño y no está claro cómo se confiere, explicaron.
Lo más obvio podría ser que algunas personas no tienen un receptor ACE2 en funcionamiento, que el SARS-CoV-2 usa para ingresar a las células. De hecho han identificaron un posible vínculo entre una mutación rara que probablemente reduce la expresión del gen ACE2 y una disminución del riesgo de infección.
Este tipo de mecanismo se ha observado previamente con el VIH, el virus detrás del SIDA. A partir de la década de 1990, un trabajo ayudó a identificar una mutación rara que desactiva el receptor CCR5 en los glóbulos blancos, evitando que el VIH ingrese en ellos.
Otras personas con resistencia al SARS-CoV-2 pueden tener respuestas inmunitarias muy poderosas, especialmente en las células que recubren el interior de la nariz. Particularmente, pueden tener mutaciones que aumentan los genes que impiden que el virus se replique.
A pesar de ser un gran desafío el que se planteó el equipo, mantienen el optimismo acerca de descubrir a aquellas personas que son naturalmente resistentes al COVID-19.
Fuente: Nature