Al final Falcon dijo que reconocía algunas ventajas asociadas a su equipamiento:
Lo mejor de tener un pene grande es que no tengo inseguridad. Yo soy inseguro de otras cosas pero no de esto… Soy quien soy, y no me gustaría sé diferente. Lo mejor de tener un pene grande es que no tengo inseguridad. Yo soy inseguro de otras cosas pero no de esto… Soy quien soy, y no me gustaría sé diferente.
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Órgano informado de Jonah Falcon, según Wikipedia: 9,5 pulgadas (24 cm) cuando se encuentra flácido y 13,5 pulgadas (34 cm) cuando se encuenrtra erecto. Pero de todos modos, él confiesa que tiene que apelar a la oralidad.
El debate
Ahí aparece un tema muy importante: ¿y qué hacen quienes no recibieron de la Naturaleza el regalo de 34,3 centímetros? ¿Andan inseguros por la vida?
Desde tiempos inmemoriales se ha rendido culto a los penes grandes, y sus propietarios los muestren con orgullo. Al miembro viril se le concede un particular protagonismo y se le exige más de lo necesario, dicen algunos sexólogos.
Sin embargo, la ciencia moderna afirma que, por ejemplo, tamaño y fertilidad no van asociados necesariamente.
Quizás por eso Aristófanes, en su obra 'Las nubes', decidió hacer su aporte al describir al 'hombre ideal': "Pecho sano, anchos hombros, lengua corta, glúteos fuertes y miembro pequeño".
Las esculturas griegas mostraban penes pequeños, salvo Príapo, castigado por la infidelidad de su madre, con un gran y deshonroso pene, aunque muy fértil.
En el Renacimiento permaneció esa consideración. El 'David', de Michelangelo Buonarroti, es demostración de que el tamaño no era sinónimo de masculinidad pero, de todos modos, el mensaje del arte no prevaleció. Recién en el siglo XX el zoólogo Alfred Kinsey y la pareja del ginecólogo William Masters y la sexóloga Virginia Johnson fundamentaron que el tamaño del pene no determina la fertilidad ni la obtención o capacidad de ofrecer placer.
De todos modos, la pornografía regresó al estereotipo de asociar placer y tamaño, algo que desmiente el propio Falcon su testimonio de su uso de la oralidad.
Pero el tema de fondo es la confianza en sí mismo. Difícil establecer el tamaño del instrumento de Nelson Mandela, quien pasó 27 años en la carcel, de los cuales 18 fueron en la terrible prision de Robben Island, pero su autoestima jamás estuvo en duda, ni siquiera cuando contrajo tuberculosis se dejó vencer por sus miedos.
La regla de oro de la confianza consiste en no esperar a sentirse preparado para realizar eso que provoca interés y no se hace. La inseguridad proviene de no sentirse capacitado para enfrentar un reto. Pero es imposible sentirse siempre confiado.
Existe la Ley del Esfuerzo Invertido: gente que tiene necesidad de sentirse siempre bien y esa presión termina deprimiéndola.
El orgullo por haberlo intentado debería eclipsar la decepción si no se consigue alcanzar el objetivo.
Probablemente Jonah Falcon tiene mucho órgano pero le hace falta un buen psicólogo.