Esa dificultad también atravesó su respuesta a quienes preguntan por qué las nuevas generaciones no tienen hijos. “¿Cómo vas a tener hijos si tienes 32 años, compartes piso con dos personas que no conoces de una mierda, cobras una mierda en tu curro y los precios de los alquileres y de las casas son una puta vergüenza?”, expresó. Su crítica vinculó así el acceso a la vivienda con decisiones que exceden el contrato de alquiler, porque la falta de espacio y estabilidad económica también condiciona cuándo y en qué circunstancias se puede formar una familia.
Al hablar de su propia situación, marcó una posición sobre cómo obtiene y utiliza sus ingresos: “Yo no invierto en vivienda, lo siento; invierto en que soy muy bueno en mi trabajo y gano dinero de otra manera”. La frase, introduce una decisión personal dentro de un debate en el que también participan creadores de contenido con capacidad para comprar inmuebles. Ibai eligió explicar que su fuente de ganancias está en su actividad profesional, mientras centraba su intervención en las dificultades de quienes destinan buena parte de lo que cobran a pagar dónde vivir.
Un alquiler se lleva casi todo el sueldo de un joven en España
Detrás del reclamo de Ibai hay una cuenta que vuelve difícil sostener una vida independiente. Según el Observatorio de Emancipación del Consejo de la Juventud de España, con datos de 2025, alquilar una vivienda cuesta 1.176 euros mensuales, equivalentes al 98,7% del salario joven de referencia. Ese cálculo deja prácticamente agotados los ingresos antes de afrontar alimentación, transporte o suministros, por lo que tener empleo tampoco garantiza poder abandonar la casa familiar.
Ante esa diferencia, compartir piso aparece como una salida, aunque también exige resignar una parte considerable del presupuesto. El precio mediano de una habitación alcanza los 400 euros mensuales, mientras que la oferta de este tipo de alojamiento creció un 20% respecto de 2024. La alternativa que describe el streamer gana así espacio en el mercado, pero permite pagar por una habitación sin resolver necesariamente el acceso a una vivienda propia.
Esa dificultad también alcanza a quienes completaron estudios universitarios, entre los que la emancipación apenas llega al 20,4%. Para el conjunto de la juventud, la tasa cae al 14,5%, un mínimo histórico que sitúa la discusión bastante lejos de una supuesta falta de voluntad para independizarse.
Ese panorama vuelve más incómodo el rechazo del Congreso a los dos decretos de vivienda, porque la urgencia que describen los datos sigue pendiente mientras el debate político se traslada a la campaña electoral. PP, Vox y Junts impidieron su convalidación, dejando al Gobierno sin respaldo para sostener las medidas que acababa de aprobar y a quienes necesitan alquilar frente al mismo problema. La intervención de Ibai conecta con esa frustración al poner el foco en la distancia entre estudiar, conseguir trabajo y poder construir una vida independiente, una secuencia que para muchos jóvenes ya no desemboca en tener un hogar propio.
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